Humanismo sin credos

Mecanismos de defensa (Psicología - Psiquiatría) (1/2)

03.05.08 | 11:00. Archivado en Psicología
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Cfr: "Tratado de Psiquiatría". Henry Ey y colab. Ed. Toray. "El yo y los mecanismos de defensa".Anna Freud.Paidós (libro publicado en 1980, dos años antes de morir).

El asunto del pecado tiene una inmensa trascendencia en el devenir vital del individuo creyente. La necesidad que tiene el hombre de descargarse de sentimientos negativos tiene su vía evacuatoria en algo certeramente elaborado por la Iglesia católica: la Penitencia, actividad terapéutica elevada con toda razón --humana-- y con poco fundamento --bíblico-- a la categoría de "sacramento". Por lo mismo, arrastra un considerable caudal de connotaciones, no siendo la más importante de ellas --como vivencia individual del creyente-- la que hace referencia a la participación en la pasión de Cristo, por más que ellos lo digan.

En psiquiatría, especialmente psicoanalítica, y en psicología se estudian de muy diversas maneras y en parcelas muy distintas los así llamados "Mecanismos de Defensa", muy cercanos y ligados a los mecanismos que emplea la Iglesia para descargar de culpa y de culpabilidad al fiel creyente.

A guisa de ilustración para quien no conozca dichos mecanismos psíquicos, traemos aquí una de las aportaciones más trascendentales del psicoanálisis.

El propósito que nos anima es meramente divulgativo, aclarar conceptos y ayudar a desmontar la confusión entre “deber” y "moralidad", vivencias traumáticas y culpabilidad, sentimientos de culpa y conciencia de pecado...

Podríamos añadir aquí que la misma “vivencia religiosa”, lo quieran admitir o no, es una infección más del psiquismo del hombre, grave o leve, según la dependencia que de ella se tenga, pero no es momento ni siquiera de ofender.

Pero sí es momento --en todo momento-- de poner en su sitio cada parcela del saber.

Los mecanismo de defensa son, como su nombre indica, los medios que tiene el psiquismo (personalidad, subconsciente, yo consciente, inteligencia, memoria...) para defenderse de las agresiones descontroladas que, junto con la angustia añadida, perturban el control de la esfera consciente y la esfera relacional.

Hay que señalar que son mecanismos “normales” de reacción subconsciente que el sujeto rara vez controla de manera consciente y que llegan a hacerse “organizados”, fijos y enfermizos en la personalidad neurótica.

Reflexione el creyente, de paso, cuánto de lo que sigue encierran las prédicas con que le machacan los oídos todas las semanas los aprendices de psicólogos que ante el pueblo fiel sermonean.

1. Represión:

La conciencia rechaza el hecho, no existe, lo olvida; la mente se queda “en blanco” o elabora falsos recuerdos; el psiquismo “deniega” o recusa la situación vivida, que sin embargo está latente en toda su fuerza opresora. Es típico en situaciones traumáticas altamente perturbadoras e inaceptables (accidentes, muerte de familiares...). Puede encauzarse por actos repetitivos que mantengan el recuerdo del “objeto” perdido. Y desde luego por medio de la palabra y la verbalización repetitiva del conflicto.

2. Regresión

Es la vuelta a comportamientos antiguos satisfactorios. Típico en las situaciones en que el individuo "no ve salida" alguna. La persona tiende a hacer permanentes los estadios gratificantes, algo que perturba el crecimiento; el adulto quisiera ser niño, vivir al amparo de su madre. De ahí que desarrolle conductas aniñadas. La regresión puede hacerse hacia “objetos” satisfactorios o hacia “situaciones”, que se tornan obsesivas.

3. Proyección o Desplazamiento:

Es la transferencia de una emoción –deseo, pena, miedo— a un objeto exterior cargado de significación imaginaria. Es típico y tópico de las religiones: se transfiere la angustia, la pena, el pecado... al santo tal o cual, a esa virgen concreta, a ese Cristo yacente... El desplazamiento puede darse en el espacio (traslado de miedos indetermindados a miedos a la calle, a las alturas, a los animales) o en el tiempo (no se siente angustia por el hecho nocivo actual, pero sí se siente angustia por hechos u objetos pasados, incluso históricos).


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