
Llegar a Dios no le fue difícil al hombre: llamaba “dios” a una causa desconocida que propiciaba efectos que, a su vez, tampoco entendía. O al menos así deducía él.
Dios, en esencia, es fruto de la ignorancia. Y sigue siendo fruto de la ignorancia.
Primero la ignorancia del zángano mental. Luego y también la de aquellos que, buscando saber, se quedaban a medio camino eligiendo placebos y sucedáneos. Subyace siempre el hecho de que cuanto más asciende el hombre en el saber, más cosas ocultas encuentra. Y se cansa.
En los estadios intermedios del saber, siempre hay, y habrá, quienes pierdan las ganas o el norte. Dios siempre detrás de lo desconocido.
Asunto bien distinto es cómo, en esa ascensión por la rama del saber, algunos desviaron su interés por lo desconocido para caminar tras el desconocido, eso que llamaban “dios” y que siempre aparecía detrás de cada conquista cultural.
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Cosa sorprendente en extremo es ésta, que aquellos que lo conocen, incluído Jesucristo, dicen que Dios no es fe, ni esperanza, sino PRESENCIA, SENTIRLO, su delicia; mientras que aquellos otros que no quieren que persona alguna lo conozca dicen que es pecado conocerlo y que es mejor la soledad.
Una cosa sabemos, que el cerebro humano está diseñado para la supervivencia, y los antepasados de aquellos que ahora dicen que NO existe Dios fueron capaces sin embargo de echar mano de él en las escalofriantes escenas de tesón que tuvieron frente al hecho antropológico de una vida violenta, sucia, sola, y corta.
La vida hoy es violenta, sucia, y con muchas escenas escalofriantes por razón del Capitalismo y Socialismo que aquellos defienden en una actitud de dejación harto sospechosa, pero en cuanto a lo de 'SÓLA', hay otros que han sabido acogerse brillantemente al Dios amante. Son los espirituales; los otros no han evolucionado en ningún aspecto, ni siquiera en la ley.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal
Sor Gemma Morató
José Alegre
José Arregi
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya