Mataba la Iglesia con palabras, pero la palabra quedó vacía de realidad: ateo.
03.04.08 @ 14:00:00. Archivado en ¿Verbo o palabra?

Acudo presuroso estimulado por el comentario de no sé ahora quién referido a determinadas palabras, palabras que no son tan inofensivas como pudiera indicar aquel "verba volant" cual flechas de parabólica trayectoria.
Ahí está el nefando término de "ateo" con que califican a quienes se ponen enfrente de sus posturas pseudo seguras, que cualquier viento crítico hace temblar.
En el invento de las cosas también está el invento de las palabras.¡El misterio de las cosas! Tenemos las palabras para romper el misterio encerrado en la naturaleza. Sin palabra no hay concepto y sin concepto no hay realidad. ¡Cuánta filosofía encerrada en tal enunciado! La palabra es la realidad. Y si no, que se lo digan al Dios trinitario.
Pero las palabras tienen otro componente añadido, el de provocación, defensa o sugestión. Es el poder connotativo de la palabra. Y como aquí estamos en ambiente super-lativo, hemos de referirnos a un detalle semántico muy usado por el mundillo crédulo: la descalificación por la palabra.
El detalle: al que cree en Dios se le llama “creyente” y al que no, “in-crédulo”. Jesús le dice a Tomás: "No seas incrédulo..." No dice "increyente", dice "incrédulo"(es la traducción que la biblia que yo uso).
Un leve cambio en los términos ya deja ver una no tan leve diferencia : si llamamos al que cree, “crédulo” y al que no cree, “no creyente” o increyente, ¿no se percibe un ligero matiz descalificatorio para el primero?
Ésa es una batalla, la de las denominaciones, que hasta ahora había ganado el estamento ligado a la credulidad. Hora es de que perciban el vaho de su propia solfatara.
Ellos, los crédulos, definen a quien no comulga con sus iluminaciones con palabras pretendidamente ofensivas: ateos, antirreligiosos, incrédulos, etc. Si todavía les consideran “de los suyos” les denominan con la nefanda palabra de herejes.
Pues también va siendo hora de redefinir al que no cree con términos positivos, por ejemplo, “razonador o pensador”. Es preciso inventar e inventariar términos adecuados tanto para unos como para otros porque la realidad es bien distinta a la que "ellos" pretenden imponer.
Realidad expresada en términos en modo alguno injuriosos, pero sí acordes con la misma, dado que hay un sinfín de "pensantes" que han percibido la nadería de los credos y ésa es la verdadera realidad. Dichos términos nunca serán lo suficientemente descalificadores, porque la mayor descalificación es la dejación mental de que los creyentes hacen gala. Al instalarse en la mente y en el uso y ser de dominio social, desvirtuarán todo el poder de ensoñación que tienen las palabras.
Veamos por dónde van las intenciones: no es lo mismo ser creyente que crédulo; devoto que santurrón; místico que iluminado; anacoreta que misántropo; espiritual que espiritista.
Podemos añadir e inventar las de timorato, teísta, teófilo, deísta, credoide, teocredista, etc.
Y pasando de la terminología a la fraseología, encontraríamos variantes definitorias más que curiosas, porque la definición de Iglesia como comunidad de todos los creyentes y santos trocaría en Iglesia como comunidad de todos los crédulos y santurrones entregados de forma fanática a prácticas espiritistas.
¡Ah, el poder de la palabra!
Y no se ofendan. Eso es lo que secularmente ha hecho la Santa Madre Iglesia con todos aquellos amadísimos hijos suyos díscolos, rebeldes y torcidos. Porque a fin de cuentas, y por el efecto del bautismo, hijos suyos siguen siendo. Ovejas que se han perdido (el término "descarriadas" también se ha embadurnado de matices torticeros).
De todas formas, sobraría este excursus si cayeran en la cuenta de algo más enjundioso: el dardo definitorio "ateo" ha perdido toda su carga semántica porque la realidad "Dios" cada vez se ve más como "ente parido por imaginaciones menesterosas de valimiento" sin entidad real alguna. Si la realidad no existe, tampoco la palabra. Que digan lo que quieran. Ya el término es insustancial, no ofende.
Sólo hay ateos entre los que deambulan por sus lares... y cada vez son menos y con menos prestancia social.
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Tu mensaje me reafirma en que no se deben enviar sobres acolchados con libritos dentro a ningún otro sitio que no sea el Cielo, y en esta ocasión, el otro sitio, no el Cielo, puede esperar sentado. Así se las ponían a Fernando VII, el que usaba paletó. ¿ Y esto es serio ? Para tratar esta afección aún no ha nacido el investigador biomédico que ponga las bases para empezar a entenderla. De todas formas, es homérica.
Lo bueno de la distancia digital es que uno puede ser provecto sin serlo y viceversa: de nuevo los prejuicios.
Mi respuesta va dirigida a quien lea su y mi comentario.
Mire Vd., una vez comete una incorrección gramatical lo contrario de creyente sería no-creyente, lo contrario del incrédulo es el crédulo.
Y puesto que estamos en la linea de los antónimos, yo señalaria esta columna como el antónimo de la inteligencia, de la verdad, del respeto hacia las creencias de los demás.
¿De verdad no cree, que habida cuenta de su provecta edad, no le ha llegado el momento de dedicarse a ver los partidos de fútbol de televisión?. Tal vez con eso su inteligencia alcance su plenitud, y no, como suele hacer intentando insultar la inteligencia de los que piensan y sienten de distinta forma.
No se moleste en darme alguna de sus "inteligentes" respuestas, en las próximas semanas...
Dios no ama porque tenga menester, sino como Alejandro Magno conquistaba:porque tiene dentro el sentir de uno grande, uno que se desprecia a sí mismo si no es... ACCIÓN.
Así también es el HOMBRE de Dios, ama porque desea que el tono de su altura espiritual sea mayor que la de un mero animal racional que es única la
'categoría' que se nos otorga cuando uno nace.
Que sabemos en psicología que la mayoría de los problemas del ser humano es llanamente que su interior está vacío, que no 'se encuentra', por mucho dinero, hijos, o empresas que tenga.
'Algo' podría llenar sus circuitos de gozo en el cerebro emocional. Por esa razón uno se enamora y 'está' mejor. ¿Se muere el humano si no está enamorado?: no. Lo único que ocurre es que se siente a tope.
De cualquier manera, desde el prisma de la sociedad civil, podría dedicar mucho más tiempo y energía al asunto de reflexión y eleboración del contenido de las leyes de economía y política, que buena falta hace, ya que en cuanto a Dios, éste parece -y se le nota- estar muy contento con aquellos que sí lo sienten y además no parece tener urgencia o necesidad alguna psicológica por demostrar que no existe.
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