En la mente de un terrorista (1/5)
09.03.08 @ 12:00:00. Archivado en Actualidad

BIBLIOGRAFÍA consultada:
La lógica del Terrorismo. Luis de la Corte Ibáñez Alianza Editorial.
Fanáticos terroristas. Claves psicológicas y sociales del terrorismo. Francisco Alonso-Fernández. Salvat; Madrid, 2002.
El Psicópata. Vicente Garrido. Algar Editorial
El Laberinto de la violencia. Causas, tipos y efectos. José Sanmartín. Ariel.
Manual de Psiquiatría. Henry Ey ss. Ed. Toray.
Los diarios de Turner (que aunque no tenga mucho que ver con el análisis, sí da una leve idea de cómo funciona un terrorista en la percepción del problema)
Siempre me lo he preguntado: ¿Qué pasa por la mente de un joven que destroza la cabeza de un vecino a sangre fría? ¿Cómo se prepara para tal barbaridad? ¿Cómo es su personalidad? ¿Qué quiebra hay en su psiquismo para llegar a eso? ¿Qué pìensa que hay por encima de la vida? ¿Cómo ve el mundo de las personas normales?
Desde el punto de vista de la psicología y psiquiatría.
Los terroristas no son psicópatas pero actúan como si lo fueran y cuando cometen un atentado no sufren impacto emocional alguno cuando ven las imágenes de la barbarie; todo lo contrario, se muestran satisfechos de su “hazaña”. Es más, necesitan hacer alarde de tal "fecho"(ría) para no sucumbir ellos con el asesinado. Ahí están, para eso, sus compinches. Lo hemos visto en los juicios, sonríen, saludan, se sienten importantes y valorados... algo que saca de sus casillas a la gente normal.
La realidad hay que aceptarla como es: ellos son así. Ni la agresividad ni la violencia con sus diferentes componentes emocionales y biológicos producen un terrorista, pero ambos elementos son caldo de cultivo donde crece con más facilidad el terrorista.
Un terrorista, al contrario de lo que mucha gente cree o al menos dice, no es un psicópata (psicópata paranoide). Los terroristas no son psicópatas ni locos.
Las diferencias son notables, pero la primera estriba en un hecho bien simple, porque el psicópata es inacapaz de conectar con el grupo. En cambio el terrorista sin el grupo no es nadie. El terrorista se coordina con otros, obedece órdenes, tiene relaciones prolongada y positivas con otros miembros de la banda... algo impensable en un psicópata.
Veamos esquemáticamente lo que les diferencia.
La relación con el grupo, quizá el elemento más diferenciador entre ambos, aspecto ya dicho.
La búsqueda de satisfacción egocéntrica en el psicópata
El psicópata no buscará jamás una finalidad de sus actos fuera de su ego.
El psicópata es incapaz de sentir el más mínimo compañerismo.
Tampoco le afectan sentimientos de cariño o aprecio.
La capacidad empática del psicópata es nula –no sienten compasión ni caen en la cuenta del efecto de sus actos ni pueden ponerse en el lugar de la víctima—algo que le acercaría al terrorista en cierto sentido. El terrorista, sin embargo, sí tiene empatía con aquellos que conforman su entorno.
Los psicópatas son individuos difíciles o imposibles de manejar.
Sólo buscan su propios beneficio y jamás se sentirán motivados por fines religiosos o sentimientos de opresión social.
Los terroristas odian a la víctima como personificación de algo, en cambio el psicópata no odia, actúa con la mayor frialdad emocional.
El terrorista vive como propias las acciones o penalidades de sus compañeros, ama, se apiada de los suyos, algo imposible en un psicópata.
Y si no puede encuadrárseles dentro de los psicópatas, menos dentro del gran campo de la psicopatía “esquizofrénica”, lo que el vulgo suele calificar como “locura”.
Un terrorista no es “un loco” ni “están locos”. La esquizofrenia, como es bien sabido, se manifiesta generalmente en brotes que si son numerosos y seguidos llevan a la desestructuración total de la personalidad. La persona pierde su yo y encarna otros que proceden o manifiestas sus miedos y vivencias anteriores. Podrá derivar en conductas pacíficas o agresivas.
La gente se extraña y se admira... "Pero si era un vecino agradable", “¡Pero si era una persona normal, si saludaban a los vecinos, si...!”. Un esquizofrénico nunca podrá llevar una vida normal. Se le ve venir. Además, por abreviar, a un esquizofrénico la actividad cerebral –estrés— que toda preparación de un atentado requiere, paradójicamente “lo volvería loco”. Sufriría “brotes” continuados. No, un terrorista no está loco.
Las expresiones de la gente normal tachándoles de pervertidos, degenerados, depravados, psicópatas, monstruos... no se corresponde con la realidad psicológica. Quizá ninguno de los terroristas haya tenido anteriormente patologías mentales severas. Psicológicamente, pues, los terroristas son gente normal y corriente.
Una conclusión importante respecto a los terroristas es ésa, que NO son “constitucionalmente” terroristas. Aunque en algunos el sustrato psicológico pueda conducir a conductas terroristas, lo que facilita y desencadena tal proceso es un componente “cultural”, en otras palabras, sólo dentro de un entramado grupal o social puede surgir un terrorista. Es más, sin él no habría terrorismo.
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disculpa si te has sentido ofendido, pero si relees mi comentario creo que dice justamente lo contrario de lo que has entendido. Precisamnete quería decir que esas familias tan cristianas tan católicas, que van a manifestarse CONTRA los homosexuales acompañados de sus propios niños(dicen que a favor de la familia, pero no es cierto, van CONTRA los homosexuales), y llevan a sus niños pequeñitos a esas mafestacione y están creando potenciales terroristas en sus popios hijos. Quizá me expliqué mal, pero era eso lo que quería decir. Ah, por cierto,somos compañeros de profesión.
Nunca ante lo había hecho, pero quisiera deciros una cosa: soy homosexual y cristiano. No soy un reprimido, sino alguien que encontró en Jesús la fuerza suficiente para aceptarme como gay, vivir con dignidad esta mi orientación sexual y sentirme uno más entre el conjunto de los seres humanos. Mis amigos jesuitas me ayudaron mucho en este proceso. No es fácil compartir estas cosas con la generalidad de las personas. Pero, gracias a Dios, me siento muy libre como para saber quien soy, lo que soy y ser feliz sin tapujos ni esconderme. Trabajo de profe de Matemáticas en Secundaria; mis compañeros/as saben de mí y me siento muy aceptado; mi comunidad cristiana de referencia me quiere como soy y me impulsa a vivir en esta libertad. Creo que lo demás sobra.
Sinceramente, creo que fallan los cimientos de la sociedad, levantada sobre el valor supremo de “el que más tiene más puede”.
Según esto la tarea es inmensa, y desde luego no se resuelve con una asignatura obligatoria sobre “Educación para la Ciudadanía”.
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Asoc. Humanismo sin Credos
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