En 30". Para superar la férula religiosa, no valen estas luchas.
08.03.08 @ 19:00:00. Archivado en Lecturas para 1 minuto

Por varios caminos se ha alzado la sociedad contra la imposición crédula.
Ríos de sangre y dispendio de energía intelectual costó la pírrica victoria sobre la creencia en el los inicios del XIX de Francia y su revolución.
La crítica de la Ilustración se atrevió con los cimientos de la creencia.
Las hordas crédulas, oprimidas y engañadas, arremetieron contra sotanas y alzacuellos.
¿Qué consiguieron? Poco y mucho. Es verdad que la religión regresó donde estaba y proliferó con engañosa pujanza en cientos de sectas congregacionales, sobre todo a mediados del XIX.
Algo se consiguió: al menos oficialmente la religión quedó relegada al mundo de lo privado. La calle ya no era escenario de la religión.
Y, de soslayo, dejó de ser la intocable celestina de la historia: violada en su vejez, aún vive con el miedo en el cuerpo y sigue lamiéndose las heridas.
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Lo correcto es:
¡Qué obsesión paranoica tienen estos 'liberados' adoradores de la materia por quienes no comparten su cosmovisión!
en efecto, te quejas de mí con razón. El comentario que he hecho sobre la persecución enfermiza a los homosexuales debería dirigirse sólo a al abominable Ciriaco, al Bruno, a la Bellver, al Cigoña, el Expósito y a todos sus comentaristas habituales. He metido la pata hasta el fondo, lo admito. Mis disculpas, leí con más prisas que pausas. Bórrese tu nombre del comentario y, de nuevo, siento mi error.
... nunca conseguí del Poder, en los tiempos cuando conducía a las masas a través de la Iglesia y por el Clero, mis servidores del Árbol del Bien, que destruyeran la producción para alterar el precio de las cosas, pero hoy son las elecciones, hoy todos me adoraréis
, los de la iglesia y los del partido, porque yo, el Poderoso de la luz, me llamo Racionalismo, soy IDEOLOGIA, os he despojado. No hay ni uno que hable como hombre LIBRE.
Con ella en la mano, quijada de asno de Cain, maté a Abel en la presencia del Dios vivo, y con ella en la mano os matais mis hijos unos a otros. Oh, què triunfo, cuando veo que os aborreceis. En mi seno, en la IDEOLOGIA encontrarêis la sangre de TODOS los matados de la tierra, incluso la sangre del Cristo a quien matè con la Religiön del BIEN, quijada de asno.
El HOMBRE ha sido destituido de su dignidad, ahora los conduzco bajo mi mano y los anulo con el Partido, para que pierda su intuiciõn el ser y sea reba...
Y comulgo perfectamente con el ideario de Olimpia de Gouges, enemiga de otro detestable bárbaro, Robespierre. ¡¿Está claro?! Pues no me vengan a sermonear quienes no tienen fundamento para ello.
¿Quién fue Olimpia de Gouges? Voy a mirarlo a la misma fuente que Ud.
JUAMBI, podrás estar hasta los huevos, hasta los cojones, hasta los ganglios linfáticos si quieres... pero Uds dicen que uno que no cree es "INCRÉDULO". Ergo, uno que cree... ¡¡es crédulo!! Utilicemos las mismas palabras todos, ¿no?
Y precisamente por esta razón, no sólo, como tú insinúas, hay que diferenciar entre “creyente y crédulo”, sino entre “privado, individual, público y social”. Si la cofradía del cristo de los faroles apagados (organización de ámbito privado) realiza una procesión, no está practicando un acto “social” sino una “expresión pública” de su ideología. Si una serie de pintores (personas individuales) realizan una exposición conjunta, no llevan a cabo un acto “social” sino “colectivo”. De modo que la religión, asociación de ámbito privado (la fe es algo personal), al reunirse en misas, manifestarse en procesiones, publicitarse en medios…, no significa que tenga una “dimensión social” sino “colectiva y pública”.
En los campos de concentración de la Alemania nazi murieron en torno a unos 300.000 homosexuales. Los supervivientes de este colectivo ni siquiera pudieron demandar públicamente reparación ante tal holocausto. Fueron condenados al silencio y al olvido.
Pero no por ello su causa, su dignidad, su derecho a vivir su orientación sexual en libertad, han dejado de escucharse y reconocerse.
Manifestar que estoy hasta las narices (por no decir hasta los "huevos") de la identificación que se hace entre crédulos y creyentes, entre creencia y fe.
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Asoc. Humanismo sin Credos
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