¡Pero qué perversos! ¡No se puede ni pensar!
29.01.08 @ 17:43:12. Archivado en Razón, sentido común y cerebro

Lo queramos o no, nos encontramos impelidos por múltiples dependencias, inmersos en ellas y muchas veces cautivos de ellas. Es así la vida. Unas son necesarias, otras creadas por nosotros mismos, otras impuestas. Algunas de esas instancias opresoras se presentan incluso como "liberadoras" del hombre.
A pesar de que los hechos sean así, no por ello deben ofuscar los criterios: ni la política, ni la tecnología, ni la psicología ni la religión ni las ciencias en general han nacido para esclavizar al hombre y someterlo; están a su servicio, deben buscar y procurar su bienestar.
Desde el momento en que alguien siente dentro de sí un imperativo, un mandamiento, la necesidad compulsiva de pensar lo que otros dicen, de cumplir determinados dictados o realizar actos concretos, ya no es libre. Y la carencia de libertad produce en la inteligencia una obnubilación que le conduce incluso a negar que esté cautivo de tales instancias opresoras.
El criterio a que nos referimos es bien claro y puede concretarse en planteamiento bien simples:
--que “todo eso”ayude en el proceso de perfeccionamiento personal o no.
--O bien, apurando mucho las cosas, si entre el debe y el haber de lo que uno se siente obligado a pensar, decir o hacer domina más éste último.
--Y más simple todavía: si la persona, al realizar tales o cuales actos o al adscribirse a determinado grupo, se encuentra feliz o no.
--O si al aceptar o dejar tales pensamientos o prácticas ha ganado o perdido en calidad de vida.
Pero no todos son capaces de realizar la instrospección necesaria para llegar a conclusiones que redunden en beneficio de su personalidad y en acrecentamiento de su calidad de vida.
En la vida hay decisiones, en el inicio banales o en un principio intrascendentes, que se prolongan en el tiempo, que condicionan la vida y que empujan a otras aunque no se quieran. La superioridad del individuo estriba en que se dé cuenta de ello y decida en consecuencia.
Pero no es así para la gran masa humana: suceden las cosas y ni siquiera se da cuenta el individuo de por qué suceden y de las consecuencias que arrastran.
Y aquí surge la pregunta de siempre respecto a las creencias: ¿es capaz el creyente --el crédulo por descontado que no-- de realizar tal acto de inteligencia? ¿Se da cuenta siquiera de si todo “eso” le esclaviza o le libera? ¿Es libre para rechazar lo que “parece” que le estrangula? No.
Los pensamientos que le embargan son pensamientos "a posteriori": "Me han enseñado esto, trataré de asimilarlo; me predican esto otro, voy a meditarlo; me dicen que haga esto, así lo haré... porque todo ello redunda en mi perfección, bienestar y satisfacción interior".
¡Qué sibilino es el Estamento regulador de credos y ritos! La Iglesia ya tiene previsto el hecho "natural" de que alguien pueda pensar. La Organización del Credo incluso tiene previstas esas “opciones de libertad” y ¡las encuadra dentro del concepto “pecado”! Son “dudas de fe”, que si son admitidas a trámite dentro del proceso intelectual, constituyen pecado por peligro grave de pérdida de la fe.
Un católico nunca puede lícitamente dudar de su fe. Y si alguno dudase positivamente... sería como un hereje... Todas esas dudas, las más de las veces contra su voluntad... son simplemente tentaciones.
Son palabras de uno del "staff".
Digámoslo de otra manera y a lo bruto: la actividad ¡normal! del intelecto, a la que debe responder la razón sopesando verdad o falsedad, se tiñe de moralidad y se la hace objeto de pecado o de virtud según la razón acepte o no su consideración.
En un orden de cosas similar es como decirle al estómago: "Ahí te va un buen trozo de cordero, suculento él, sabroso... Pero ya va bien masticado, no te preocupes de digerirlo... Además, lo voy a vomitar porque tengo que comer otras cosas".
Ni más ni menos pasa con la inteligencia: "No pensar, no admitir, no discutir, no relacionar, no inferir, no sacar consecuencias".
Bien, admitamos que las verdades de fe fueran aceptables, intrínsecamente buenas, que no repugnaran a la inteligencia, aptas para dar impulso a la conducta... pero ¿no se puede ni siquiera dudar de ellas o inferir consecuencias no deseadas?
¿Se imagina alguien a un profesor de física amenazando con penas y castigos a sus alumnos por atreverse a "repensar" las "evidencias" que el profesor ha explicado en clase? ¿Por qué con las "verdades de fe" sí sucede que el hecho de dudar de ellas de manera consciente constituye pecado?
¡Qué suprema perversión!
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rebajas. Dignifica la condición humana, la revitaliza, pero no nos sutrae de nuestro derecho a ser llamados Hijos de Dios. Y eso como es lógico, tiene un precio, ( el sufrimiento ante la enfermedad, la vejez, ante la muerte . Ya lo dice la pelicula ( permíteme un detalle de frivolidad ), la muerte tiene un precio, y la vida, lo mismo. Dos por el precio de uno, ¿ ves ? al final siempre hay un regalo: la Vida Eterna. Su contemplación
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Seguro que no nos aburriremos.
y con los que se identifican con el sufrimienrto ajeno.
Yo me situé en Covadonga todo el día anterior a la muerte de Miguel Ángel Blanco, ( a veces creo que sigo allí pidiéndole el favor ), y creo que el destino es una herramienta en manos de la Providencia, a favor nuestro sí, pero con nuestro sufrimiento colectivo como prenda a pagar, como pago; nada es gratuito, la Salvación hay que ganársela ( ahí, lo sé diferimos tú y yo ), la hay gracias a que se revistió de Gracia y Significado el día de la Santísima Muerte de su Hijo, momento sublime en que un Dios se identifica con el ser humano en su fragilidad, "viviendo" ( medita la profunda carga de este vocablo aquí puesto )la Muerte que quiso compartir con nosotros, pobres seres humanos de carne y hueso, animados por un espíritu divino que nos sostiene en la tribulaciones, pero que no nos releva de ese precio a pagar por tener el privilegio de vivir en Dios. Jesús, blogger, no es el Corte Inglés, no hac...
Referente al análisis que haces de los fieles católicos tipo standar, tienes razón, como siempre, pero reconocerás que se queda para la élite teologal y mistica la profundización de lo que es realmente y significa esta religión "mágica" que nos viene siendo enseñada desde inhilo témpore a todos los de a pie, así que ya me dirás por donde se empieza a desmontar el tema. Y sobre todo, que queda debajo del cascarón, de aprovechable. Al final Juan Pablo II era como el carbonero, creía y quería creer, éste de ahora hila más fino y solapa sus dudas metafísicas identificándose con los que sufrieron y con los que se h...
Isabel, tú di lo que quieras y no hagas mucho caso de las críticas. Todo lo que no venga en el ripalda y el astete, le resulta chocante al bloguero. A mí también me gusta mucho el pan.
Yo soy más bien de discernimiento evangélico y ética autónoma.
Total que nunca me he prohibido pensar.
Lamento no ser lo suficientemente perversa para encajar en tus definiciones.
Pecan contra el I Mandamiento de la Ley de Dios el que adora o cree en Ídolos o Dioses falsos; el que cree alguna cosa contra la Fe o duda de alguno de sus Misterios o ignora los necesarios; el que no hace, cuando está obligado, Actos de Fe, Esperanza y Caridad, o desconfía de la misericordia de Dios o recibe indignamente algún Sacramento.
¿Más claro?
¿no es ya tiempo de que NOSOTROS nos pongamos a debatir sobre la conveniencia o no de ser rectos en cosas de la cultura?, en buscar la sensatez y la higiene de pensamiento y de actos por estudios independientes de Psicología social? ¿en ser honestos en la interrelación humana? ¿en hacer que nuestros hijos sean EX-CE-LEN-TES? (quiere decir que no se conformen con ser iguales a los mediocres). Si no queremos que nuestros hijos sean excelentes serán hechos a imagen y semejanza de la religión de la partitocracia, ora especuladores profesionales, ora parasitarios profesionales, en cualquier caso, un ensayo en decadencia.
Qué perversos son los del artículo¡ ¡no quieren que penséis¡
¡será dictador¡
Así, los incrédulos respondieron a Dios: que no, que no, que nosotros preferimos ganar las elecciones y repartirnos todo lo que podamos, que de trabajo bastante tenemos con haber puesto a nuestro partido partido obrero'. Nosotros NO somos comunistas, somos de antemano capitalistas¡.
En fin, a lo nuestro: que TODO lo que es Ley no es del Partido socialista, ni tampoco de su contrario, sino de NOSOTROS, pues desde el Pleistoceno esto es lo que debemos hacer, ser nosotros los legisladores, ya que desde
entonces se sabe que... la soberanía
-cracia- emana del pueblo -demos-.
Así que manos a la obra y dejemos que los muertos entierren a sus muertos: basta ya de tonterías de Religiones dictando Normas y Leyes inalterables, y basta ya de usurpadores de Partidos
'atribuyendose'el derecho de dictarlas.
del neolítico hacia nuevos ensayos donde los hombres comprendieran que
son ELLOS quienes tienen que darse las Leyes?
Pues antes del derecho positivo está el derecho consuetudinario, de consuetudine, costumbre, moeurs, moral.
Aquellos buscaban algo muy simple: que el que tenía ayuntamiento con un animal
fuera apedreado para que no transmitiera más enfermedades; que no se sacaran los ojos los unos a los otros; que no se comieran al niño de la vecina cuando venía la hambruna; que
la mujer no estrujara los testiculos de un varón que se peleara con su marido; y cosas tales como ¡seis días trabajarás, coño¡ que ya está bien de vivir con los subsidios que robas a los demás -esto lo dijo Dios en el Decálogo del Parlamento de Andalucía-, pero como son socialistas....
No conozco a ningún creyente que tenga estos problemas tan raros -quizás de otra época o de gente con la estructura caracteriológica de búsqueda de seguridad y obediencia, tipo del opus o los legionarios, o alguna organización similar.
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Asoc. Humanismo sin Credos
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