Érase una vez... la teoría del ja, ja, ja.
22.01.08 @ 17:00:00. Archivado en Credulidad, EMÉRITOAGUSTO
por EMÉRITOAGUSTO
Durante centenas de siglos, la Tierra, que llegó a ser considerada como una diosa, no era redonda. Se la concebía como una plancha, no tan plana como las planchas de asar, pero sí que gozaba de cierta “planitud”.
Era “planeta”, aunque entonces no se le llamara así. Y no existían los “antípodas”, sino los que vivían allá en los lejanos límites de la tierra, o sea, los extremistas.
Y unos dogmatizaban infaliblemente, y otros lo creían a pie juntillas, cómo era la constitución del universo.
Arriba, allá muy arriba, por encima de las nubes, estaban los cielos, hasta siete según el intérprete Saulo.
Y sobre todos los cielos, en los confines de las alturas, si es que las alturas tienen fines y confines, se asentaba el trono de Dios (el Altísimo).

Este ser, que nadie sabía cómo era, aunque también todo el mundo se lo imaginaba, de vez en cuando echaba un vistazo a la Tierra a través de su camuflado “radar” en forma de triángulo, con ese ojo sagaz siempre vigilante en su interior, invisible al más suspicaz “gepeese” y otros detectores humanos.
Y para comunicarse con él, sólo había que subirse a las montañas. Porque él bajaba un poco de sus excelsas altitudes. O sea, que el hombre y Dios se encontraban a medio camino.
Abajo, abajo del todo, en las tenebrosos abismos “inferiores”, estaba situado el infierno. Todo en ascuas, llameante. Sus lenguas de fuego lamían la plancha terrestre. No sé bien si para calentar el planeta (la planicie de la Tierra) o para chamuscar a los que caían en sus profundidades.
Y entremedias de los cielos y la tierra, el astro rey, el Sol, se paseaba por entre las nubes. Se levantaba de madrugada y salía por el Oriente emprendiendo su camino a lo largo de la bóveda celeste hasta el atardecer, en que se retiraba a sus aposentos por el Ocaso. Siempre hacía el mismo recorrido. Calentaba y avivaba la planitud terrestre por arriba, lo mismo que los fuegos del infierno la enrojecían y sulfuraban por debajo.
Y todo el mundo aceptaba candorosamente esta descripción cosmogónica. Además era palabra de Dios.
Tras muchos siglos, unos pocos empezaron a incordiar y a decir que no, que la tierra era redonda, aunque seguía siendo un “planeta"... Y que el Sol no se paseaba ni recorría la vía láctea o el camino de Santiago.

Pero la Iglesia los condenó al fuego del infierno, que ése sí seguía estando en las profundidades. Y como resultaba difícil echarlos fuera de la plancha “planeta”, los arrojaba a una hoguera, como un símbolo: Ya que sus almas arderían para siempre en el fuego eterno, pues que sus cuerpos cataran el tormento, para ir haciendo boca.
¡Eso que por entonces estaba prohibida la incineración, porque de lo contrario, cuando resucitaran los cuerpos, no se iban a encontrar ni los huesos!. Aunque, total, los chamuscados en la hoguera no importaba que resucitaran mutilados... ¡como volverían a chamuscarse en los infiernos…!
Hasta que, por fin, o por principio, se produjo un giro “copernicano”; todo el mundo empezó a decir que sí que la tierra era redonda. Y que qué ingenuidad era el pensar en la “planitud”. Y que sí había “antípodas”. Y que qué ignorantes eran nuestros ancestros. Y los pusieron a parir. Y se rieron de ellos.
Pero nadie se acordó de los condenados a la parrilla. Seguían en el infierno.
Sin embargo, el que la tierra fuera redonda les abocaba a una pregunta muy trascendente. ¿Los antípodas no se caen al vacío? Porque, claro, antes nadie se caía del planeta; había que empujarlo. Pero ahora...
Entonces, un tal Newton, que recibió un manzanazo mientras sesteaba bajo un árbol, se inventó una teoría. “La ley de la gravedad”. (¡¡Tanto daño le produjo la manzana!!).
Los antípodas no se caen al vacío porque son atraídos potentemente por la fuerza de esta ley... Y de alegría, los australianos, saltando como canguros, se afianzaron más a su tierra.
Durante decenas de siglos, también se creyó en deidades, espíritus, semidioses, titanes y concretamente en Dios, así, con mayúscula, aunque luego se le bautizara con diversos nombres… (Confieso que el que más me gusta de todos es Manitú)
Y se inventaron historias, leyendas, fantasías... sobre ellos. Y cuando empezaron a decir que sólo existía un “único Dios”, se carcajearon del politeísmo. Sin embargo, también sobre El comenzaron a elucubrarse historias e historietas.
Y unos dogmatizaban infaliblemente, y otros lo creían a pie juntillas, cómo era Dios.
Con el tiempo, unos pocos empezaron a incordiar y pusieron en duda la existencia de tal ser. Y así nació lo que la “Institución” ha dado en llamar (y sigue en sus trecemil) ateos. Que son algo así como los antípodas de la creencia. Luego, han ido bautizándolos con otros nombres: incrédulos, agnósticos, impíos, escépticos, librepensadores, laicos...
¡Con lo fácil que hubiera sido “cristianarlos” simplemente como “antípodas”! Claro, que como todavía algunos siguen teniendo las ideas “planas”, los siguen denominando “ateos”.
En la época de la planitud terrestre, éstos hubieran ido a parar a la pira, aprovechando la plancha parrilla. Pero ahora no. Ahora sólo se les desea, dentro de la caridad cristiana, que se desplomen de la “redondez” de la creencia y se precipiten en las profundidades infernales.
Y los antípodas se carcajean. Porque los inquisidores no se dan cuenta de que la “Ley de la Gravedad” les obliga a fijar firmemente los pies a la tierra. No elevarse a las alturas celestiales.
Gracias a Galileo y a Newton. O sea, “Deo gratias”.
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La comisión nombrada por la reina Isabel I de Castilla para estudiar el plan de Colón de llegar a China a través del Atlántico desecha éste porque los cálculos del marinero eran erróneos sobre el tamaño. En esa comisión había varios teólogos y sacerdotes profesores de la Universidad de Salamanca.
La redondez de la Tierra era aceptada por los estudiosos católicos en la Edad Media.
Le vuelvo a preguntar: ¿en qué textos se considera dogma católico la creencia de que la Tierra es plana?
Por lo demás, chica, estoy de acuerdo en que Galileo y Newton eran creyentes. Yo no he dicho lo contrario. Pero ¿no ves cómo se pusieron a "nuestro" favor?
Los "calificativos sustantivados" (incluido el de "crédulos del ateísmo sincredista") son "motes" que (tú o)la Iglesia ha colgado, como sambenitos, a los "antípodas".
Gabon. Bihar arte.
Sobre la insinuación del Bloguero respecto a tu "doble A". El tartamudeo es síntoma de inseguridad. La terapia consiste en "pensar lo que vas a pronunciar antes de hablar" y en "no decir las cosas precipitadamente".
Inquiere sobre la Inquisición.
Pero quizá haya que explicártelo: ¡la Iglesia condenaba a la hoguera!, no el poder civil, jovencito.
La inquisicion quemaba herejes yo pensaba que era el poder civil
¿Recuerdas eso de "a buen entendedor"...?
No era dogma; pero era "verdad de fe". Si no, pregúntaselo a Galileo Galilei. Y ahora el "ad hominem" ¿Habéis demostrado vosotros algún dogma, y en concreto la existencia de Dios?
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