La condena compulsiva.
20.01.08 @ 16:30:00. Archivado en Organización y Jerarquía
Condenas a tiempo para doctrinas a destiempo.

Mostrar conformidad de palabra y obra al jefe, el que detenta o sostiene la doctrina oficial, en el ámbito político es de vital importancia para el medro, pero dentro del estamento eclesial todavía lo es más.
Uno no sabría decir si para ascender también en el escalafón, para evitar grietas en el entramado orgánico, para esconder desconchones doctrinales, para mantener el principio de autoridad o simplemente para que no se esfume la nube que les sirve de suelo a los "encumbrados" y queden con las vergüenzas al aire.
Los por otros llamados "disidentes" afirman, de buena fe, que ellos buscan también "la verdad". Esa que, aunque sea “su” verdad, creen que es también fuente de nuevas vivencias o al menos "sentimientos".
La "oficialidad", haciendo un supremo esfuerzo de comprensión y de caridad fraterna, llegará incluso a admitir que cualquier razonamiento disidente sea discutible siempre que no se haga público. Es la hibernación de la disidencia. O la relegación de lo que incomoda "ad kalendas graecas".
El pensamiento “a destiempo” les desazona: más tarde se podrá aceptar, pero “ahora” sería condenable. No es llegado el tiempo, dirán.
La luz les ofusca. E incluso les ofusca a ellos mismos. Parecería que Satán, nombre desde luego "satánico", es más perverso cuando se llama Luzbel, que puestos a nominar, hasta suena bien. Muchos, con toda su buena voluntad razonadora, han tratado de encontrar otra luz en la palabra revelada, pero...
--”nuestro” H.Küng de toda la vida tuvo que abandonar su cátedra universitaria;
--el archiconocido moralista Ch. Curran, lo mismo en Usamérica defenestrado por el que era Ratzinger;
--el dominico holandés Shillebeeck, omnipresente en el mundillo clerical culto, reprobado;
--dado que ayer fue un día señalado para ellos, recordemos a jesuitas (1) como Jacques Dupuis, en 1998; Anthony de Mello, en 2001; y Roger Haigt en 2004; también los jesuitas españoles Estrada y Castillo, defenestrados de su Facultad de Teología de Granada junto con el claretiano Forcano, todos de una misma tacada;
-- abates como G. Nardin o G. Franzoni;
--el franciscano L. Boff al que tiempo ha le pusieron el candado definitivo en la boca...
Bueno, vale ya, dejemos de enfangarnos en sus cuitas internas: pueden ampliar el elenco conectando con ADISTA. No merece la pena extendernos más aquí.
Peccata minuta, por su menor difusión internacional, que no por su valía, son muchos otros que ahora pululan por estos prados de Religión Digital: Picaza, Massiá, Tamayo, etc.
Como no pueden callar las voces seculares –-que por otra parte apenas si ya dicen nada porque pasan de largo—, se dedican ahora a “los suyos”.
Puestos a perseguir, en la Iglesia siempre tiene que haber persecuciones. Parece que los primeros siglos, por perseguidos y persecutores, les marcaron para siempre a los Jerarcas de la Multinacional del Rezo Ritual.
El desamor.
Y es que todo ello responde a la esclerosis en que ha parado la muy santa y mística Iglesia Católica. Tiene el estómago de cuero apergaminado.
En la Iglesia impera la norma, el mandamiento, el orden establecido.
Tanto fieles bienintencionados como “pastores” comprometidos asisten impotentes al drama de un desamor: los fieles no encuentran “vida” en los ritos ni en las normas y huyen a otros pagos; los clérigos, obligados a aceptar la vida que les da vida, traicionan sus opiniones personales por cobardía, someten su inteligencia a la esclavitud, desisten de sacar las conclusiones que se deducen de su diario bregar, se sienten impotentes y sin fuerzas para oponerse a la monumental estafa del credo oficial.
Se impuso la estrechez mental, la conveniencia del estómago y el utilitarismo de la acción.
El fiel busca instalarse en la vida, pero el jerarca en sus funciones. Y el que más puede, por ahora, es este último. Éste es el monumental divorcio, el que se da dentro de la Iglesia entre fieles y jerarquía.
No debieran olvidar que se comienza por rechazar la palabra del obispo y al final se rechaza al obispo.
(1) ¿Recuerdan los escozores que produjo la "intervención" de la Cía de Jesús en 1981? No se fíen, no se fíen: so la capa "benedíctica" se esconde el inquisidor Ratzinger.
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Los autores anónimos de este blog, lo que en realidad hacen es una campaña de acoso "teledirigida" por estalinistas desde la sombra contra la Iglesia, se ve a la legua, algunos son tan bastos y sus argumentos tan estúpidamente simplones y tan "requemados" que como Cerolo, tienen el culo al aire.
Su e-mail es: tormenta_blanca, puede querer definir eso, un acoso al cristianismo.
Por eso yo empezaré siempre con PARAGUAS DOBLE, uno para oponerme a esta tormenta orquestada y otro para no comulgar con su credo estalinista no declarado, ya que las formulas que emplean son totalitarias, no respetan mi libertad de elección y quieren, acosando, imponerme la suya.
Aunque no pueden decir a quien sirven, los 100 millones de muertos de Stalin saben que no hay quien los asuma. Pero emplean sus métodos.
Para esto han creado este blog. Además de “simples” son –cínicos-.
En ambos “complejos” se generan otros “trastornos” como son el trastorno obsesivo de sentimiento de culpa, la paranoia (vulgarmente “manía persecutoria”), narcisismo, etc…
Apliquemos estas ideas a la Iglesia y nos explicaremos muchos de sus comportamientos, a nivel universal (“católico”) y a nivel individual (“epíscopos, presbíteros y otras “autoridades”.
El complejo de inferioridad supone impotencia, ineptitud, ineficacia para hacerse valer, para convencer con razones. Se trata de uno de los mayores saboteadores de la personalidad. Quien padece este complejo normalmente se aísla del mundo y se refugia en “algo” que le dé seguridad. Es lo opuesto al sentimiento de valor personal o auto-estima. En esta situación, la “agresividad” acrecienta la autoestima.
El complejo de superioridad. Esta actitud nace del “convencimiento personal” de sentirse más que los demás. En otras palabras, la “arrogancia”. Ser mejor que los demás conlleva el sometimiento de todo el mundo a la voluntad del “superior”. Sus características más comunes se manifiestan en orgullo y facilidad de ser herido, tendencia a desacreditar las opiniones de los demás, agresivid...
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