La Providencia divina en revistas de humor... [negro].
28.05.07 @ 11:00:00. Archivado en Razón, sentido común y cerebro

Tanto para crédulos pensantes como para personas razonantes la Providencia divina es uno de esos asuntos que, si no piensan, les llena de confianza; si razonan, les sume en la perplejidad y, si deducen, sueltan la carcajada.
La manifestación más elevada de la Providencia es la que hace relación a la salud y sobre todo a la vida:
Ha sido providencial que no tomara ese vuelo... Un minuto antes y hubiera muerto: esto es un acto de la Providencia...
No sé qué designios ocultos de la Providencia hicieron que yo en ese momento estuviera en la otra parte del bar y me salvara cuando explotó la bombona...
Dios quiso que yo, que me estaba durmiendo, me tumbara en el asiento trasero del coche: los dos que iban delante, por desgracia, han muerto...
¿Creen realmente lo que dicen? ¿Pueden sostener que “a ellos” sí les preservó la Providencia? ¿Y qué dicen de los que murieron?
La Providencia, es de suponer, no se regirá por “casualidades” sino por razones, aunque sean razones “divinas”: ¿qué méritos especiales tenían unos o qué designios creen que esa misma Providencia depara a otros?
Los designios de la Providencia son inescrutables... y con eso zanjan el asunto. Y tan inescrutables, como que son ininteligibles si hay que suponer algo más que “destino”, “casualidad”, “accidente” o “fatalidad”, es decir, lo que decimos quienes todavía conservamos intacto al menos el deseo de regirnos por el sentido común.
Sería injusto a la par que siniestro decir que tal persona “merecía” ese castigo y la otra no; que tal persona “ya había vivido demasiado” y la otra tiene toda la vida por delante; que tal persona “goza” de la presencia de Dios mientras esta otra “todavía” tiene que purgar en este mundo... No se dice, pero alguna mente siniestra lo ha llegado a pensar. El último pensamiento cayó de la boca de un mitrado pregonando sermones funerales.

Decir que “no entendemos los designios de Dios” es volver a lo de siempre, que no entendemos nada de Dios. Y si no entendemos nada, ¿para qué mantener tal divinidad?
Las tonterías no dejan de ser tonterías aunque las diga un mitrado. Quizá lo sean más todavía por cubrirse la testa con un cucurucho. Cuánta razón tiene el dicho castellano, esto no lo entiende ni Dios.
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1ª) Mi profundo respeto por lo que cada uno piense (quizá alguien diga que no es respeto tratar de defenestrar las creencias: una cosa es la persona, su vida, su sustento, su cultura... y otra el contenido de la creencia. Afecto y ayuda a la persona y látigo y espada contra los credos)
2ª) Mi deseo va por que la gente vea que las creencias son innecesarias, inoportunas, aprovechadas, anti humanas...
3ª) Dejar a los científicos que diluciden e iluminen sobre los contenidos de su especialidad y acatar intelectualmente y respetar sus conclusiones.
4ª) Jamás me atreveré a sacar yo ciertas conclusiones de cosas que no conozco (de Física estoy pez y por eso...). Por lo mismo, tampoco admito que me vengan con deducciones inoportunas.
5ª) La ciencia va por pasos o por puertas: cuando se abre una, el científico se encuentra con otras cuatro por abrir. Pero ése es el reto y lo maravilloso de la naturaleza. Lo no conocido, ya se conocerá. Mientras tanto, a esperar, pero no a deducir lo que no hay (p.e. Dios)
6ª) Dios es un cortocircuito mental: "como no sé de qué va la cosa, presupongo a Dios que todo lo soluciona". Pues no, que Dios quede ahí para quien quiera, pero no para una persona que piensa.
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