La iglesia de mi pueblo, paradigma del desastre rural.
15.05.07 @ 11:30:00. Archivado en Actualidad

Hoy tocaría hablar de San Isidro, "patrono del labrador", cuya minúscula estatua pasean, hoy, por mi pueblo de adopción. Rito obligado de, supongo, todos los pueblos de España nacidos por y para la agricultura. Y esta referencia me trae el pensamiento de su decadencia --perdónese la rima cacofónica producida-- simbolizada de forma fehaciente en el único edificio digno de tal nombre asentado en el pequeño cabezo que domina el villorrio.
Edificio inacabado con pretensiones renacentistas. Según dicen algunos entendidos, parte de su fábrica se vino abajo por efecto del terremoto de Lisboa que tantos estragos produjo en la Península. Otros dicen que se remató como se pudo por falta de dinero. Esta es la hipótesis más plausible. Si sucedió con las catedrales de Valladolid o de Málaga cómo no pensar lo mismo de este minúsculo pueblo que nunca superó los 600 habitantes.
Lo cierto es que el deterioro en los últimos cinco años ha crecido a pasos agigantados. Tejas desprendidas de su asiento; goteras que se deslizan por columnas y pilastras; cristaleras rotas; en otras los cristales parecen una sinfonía de ruidos a la batuta del viento. Tuvo campanas pero, algunos lustros atrás, el párroco las vendió para sufragar los gastos de una calefacción que hoy no se emplea por deficiencias técnicas y por el ruido ensordecedor que produce. Además, dicen algunos, para seis personas que van a misa en invierno... bien pueden celebrarla en el salón de cualquier casa. El nuevo campanil se estropeó el verano pasado y no se ha podido arreglar.
Y no por razón económica sino de principios. El ayuntamiento ha dicho que no es competencia suya; los feligreses dicen que antes de pedirles dinero se busquen las subvenciones necesarias; el párroco, que atiende a otras cinco iglesias y además es profesor en Burgos, cuando pone pies en polvorosa tras la misa de doce, parece olvidarse de unos problemas que apenas si cata. De hecho, ya van dos anualidades consecutivas que se le ha pasado el plazo establecido para pedir las ayudas oportunas... No sé si habrá algún motivo más...
El ayuntamiento ha dicho que a cambio de sufragar los gastos de reparación, el Arzobispado podría ceder la propiedad de la “casa del cura” a favor del municipio... para alquilarlo en pro de la repoblación rural como ya ha hecho con otra casa municipal.
Es éste un caso paradigmático de gran cantidad de edificios religiosos que por falta de atención terminan en ruina.
Hoy día hasta sería posible desmontar todo un templo, transportarlo y volverlo a levantar, por ejemplo en la periferia de cualquier gran ciudad carente de templo: se matarían dos pájaros de un tiro, conservar tal edificio artístico y dotar a una comunidad de lugar de culto. Sí, es más costoso, pero también es más rentable bajo el punto de vista de la fe que crece con edificios seculares.
Por otra parte el Estado no puede consentir que bienes construidos con dinero del pueblo pero que son de propiedad eclesiástica terminen en ruina por incapacidad de ésta para mentenerlos.
La solución es bien simple: si tal edificio ha sido declarado de interés cultural, o la propiedad lo arregla con las subvenciones a que tenga derecho o se produce su enajenación pasando a manos del Estado. Para la misma Iglesia la expropiación sería un bien.
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Está claro que el Espíritu Santo se cuela por cualquier rendija...
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