El 13 de mayo... o la imposible marcha atrás (1/6)
11.05.07 @ 12:00:00. Archivado en Delenda est credúlitas

Vaya "lo fuerte" al principio para que el resto sea menos mortificante: el submundo de Fátima no encierra otra cosa que negocio.(2ª edición de lo escrito hace un año. Menos mal que me largo por unos días de Madrid dejando programado este"riego fatimita"... así no tendré que sufrir los tomatazos de quienes no admiten que se ponga en solfa la milagrería "casqueira" de Fátima, agarena ismaelita de sus amores)
Item más, en el aprovechamiento de la materia venal, cualquier persona medianamente sensible percibe y descubre un exceso de miseria psicológica y superchería.
Hemos de preavisar, en descargo de cualquier fiel creyente reacio como yo a admitir estas visiones como celestiales, que la misma Iglesia no prescribe el creer que tales apariciones sean reales. No lo digo yo. El mismo cardenal Ratzinger lo dijo al comentar el III secreto de Fátima siendo presidente de la Congregación para la Fe. Y son muchos, dentro del clero, los que afirman lo mismo. Y que verían con buenos ojos que se desmontase todo este tinglado...
Creo que la Iglesia no necesitaría de estas manifestaciones folklórico/mágicas que más que bien lo que aportan es daño, desprestigio, vulgaridad y confundir religión con magia. Pero allá ella con los productos de su huerta, que para nuestro fin bien sirven de carnaza.
En otras palabras: si para unos estas apariciones son un "motivo" para afianzar su fe, ¿qué son para los otros? No vale quedarse indiferente porque si admiten que no son reales, habrá que decir que son ficciones.
Es entonces cuando se puede hablar de engaño criminal consentido por las autoridades, pregonado por todo el vocerío mediático y reafirmado por presencias vaticanas, años 1967, 1984, 1991. Criminal es consentir y favorecer artimañas embaucadoras que se lucran de quienes acuden “de buena fe” y “confiados” --quizá como último recurso-- en las virtudes milagreras de esa madriguera de credulidades.
Las Memorias de Lucía, sustentadoras de tal estafa, no son sino un “delirio” de la mente además de una traición a la inteligencia.
Pero no hay remedio. Los jerarcas no se atreven a dar marcha atrás. Y como no hay marcha atrás, sólo les resta seguir cebando el camelo.
Sólo (les) queda esperar un Lutero redivivo o el paso del tiempo o un nuevo terremoto de Lisboa que vayan haciendo desaparecer suave o súbitamente el embrollo en que se metieron.
Puede que incluso digan, como con la Sábana Santa, los "lignum crucis", el Santo Grial o ¡la espada de Nabucodonosor! que todo este tinglado no es sino una inmensa alegoría de la fe, que lo importante no son las "cosas" que son/se ven/se venden, sino lo que todo ello encierra. ¡Qué ternura!
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