¿"Vivo sin vivir en mí" o "Muero porque no muero"?
07.05.07 @ 18:00:00. Archivado en EMÉRITOAGUSTO
por EMÉRITOAGUSTO
Es de dominio colectivo la inexorable paradoja “vivimos para morir”. Todos lo sabemos; pero no terminamos de creérnoslo.
Vivimos como si no fuéramos a morir. Aquel “polvo eres y en polvo te has de convertir” ya no nos asusta ni nos preocupa como a nuestros ancestros. Y hacemos cínicamente mofa, parodia y sarcasmo de la muerte, sobre todo en Carnavales.
Es más, hasta hemos resucitado el “culto a la vida”, el vivir al día, Carpe diem quam minimum credula postero(“Aprovecha el día, no confíes en el mañana”).
La muerte es una realidad presente en todo el contexto de nuestra condición humana y de las relaciones sociales; cualquiera que sea, todo acontecimiento es “portador de muerte”; la vemos ya como algo nuestro, a diario, fines de semana, puentes y vacaciones, derrumbes, terrorismo, violencia doméstica, terremotos... Desde que nacemos, estamos abocados a la muerte. Es la única verdad infalible.
Se trata de un desafío, porque la aspiración fundamental de la persona es vivir...
¿Qué ocurriría si no existiera la muerte? Envejeceríamos “eternamente”.
¿Tendría sentido nuestra vida en este hipotético supuesto? ¿Vivir para qué? ¿Un futuro sin final o un final sin futuro? Como consecuencia de este dilema, de ese rabioso deseo animal de supervivencia, en todas las religiones, principalmente las monoteístas, se abre un espacio después de la muerte, un Nirvana, un Paraíso, un Cielo ¡o un Infierno! (que últimamente se ha descubierto que existe y es eterno).
¿Hay vida después de la vida? ¿Qué nos preocupa de verdad en nuestra existencia, el “Más Allá” o el “Más Acá”?
Tras la ineludible muerte, irrevocable consecuencia de divina sentencia inapelable, se presentan dos virtuales expectativas: Que haya algo o que no haya nada.

1.- Sí, hay algo: Lo trascendente.
Es la espera-esperanza cristiana. En las misas de difuntos se reza: “Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la esperanza de nuestra feliz resurrección”.
En esta mentalidad, se cree que sí; que, “al final”, resucitaremos y, primero nuestra alma y luego nuestro cuerpo “irán al cielo” (¡o al infierno eterno!). Desde luego, nadie piensa que nos vamos a “librar de la muerte” por mucho remiendo que le echemos al paño. Y así, la vida de estos creyentes se enajena, se hipoteca.
Valgan dos botones de muestra:
“Ya no vivo yo. Es Cristo quien vive en mí.” “Mi vida es Cristo; y morir, una ganancia” (Saulo de Tarso)
“Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”. (Teresa de Cepeda)
Parece el grito desgarrado de personas que estuviesen hartas de la vida; como que apenas pudiesen esperar unos segundos más para alcanzar el cielo; como que ya no pueden soportar más el hastío de la vida.
No son “ellos” quienes “definen su propia existencia”. En ellos no manda su razón, ni su voluntad, ni su hambre de vivir. Al contrario, “El morir es ganancia”. “Muero porque no muero”.
Reconozco que éstos son paradójicos extremismos; que el común de los creyentes, viven la vida, el carpe diem, a tope. Se entregan en mayor medida a lo que les llena: sus “labores”, sus aficiones, sus tertulias, sus pasatiempos...
Sí, pero también tratan de hacer méritos para ganarse ese trocito de cielo prometido. Aceptan el más acá, pero les preocupa no poco el “porsiacaso” más allá. En lugar de dar lo mejor de sí mismos para hacer que esta efímera vida sea feliz y plena para todos, el creyente vive para la hipotética “otra vida”. Confrontan la muerte y el más allá con la vida y el más acá.
Y cumplen para satisfacer sus obligados compromisos adquiridos con Dios. Lo que son y lo que hacen se mueve en función del premio a conseguir, subir al podio, obtener “medalla”, aunque sea de bronce. La vida eterna es una pignoración por parte de Dios y hay que satisfacerle las “mensualidades”; muchas veces, como en toda hipoteca, con el sufrimiento y la renuncia.

2.- No, no hay nada. Lo inmanente (que no lo “permanente”)..
“¿Por qué hay algo y no nada?”, se preguntaba Leibnitz.
En este supuesto, la cosa está clara: “C’est fini”. Se acabó. Se acabó yo, se acabó tú, se acabó lo que se daba. FIN.
Hay quien piensa que, por el simple hecho de no creer en alternativas ultraterrenas, las personas no son felices, porque viven sin esperanza, sin principios.
Para esta mentalidad, los incrédulos, agnósticos, ateos y toda la gama de irreligiosos son desdichados, viven amargados, atormentados. Su vida no tiene sentido. La vida los conduce al nihilismo, léase fatalismo.
Pero hay algo que nos podemos plantear como humanos, como animales racionales. Vamos a ensayar un inteligente ejercicio de consideración.
La certeza de que tras la muerte ya no hay nada, ¿modificaría nuestra vida presente? ¿viviríamos de diferente manera? ¿cambiarían nuestros valores, nuestro comportamiento?... Por no existir un Más Allá, ¿malograríamos el Más Acá?
Por ejemplo, si “amamos al prójimo” porque lo exige la creencia, ¿cambiaríamos a la hostilidad; el amor lo trocaríamos por el odio; el altruismo por el egoísmo?
Si los mandamientos de Dios exigen “no matar” o “no robar”, ¿nos volveríamos, delincuentes, violentos, maltratadores, ladrones, inmorales...? Pienso que no. Seguiríamos siendo como somos aquí y ahora; no allí y “nosécuando”.
Lo que el hombre desea en la vida es sentirse bien consigo mismo y con los demás. Y según ese principio, actúa en coherencia con los propios valores. La vida es un compromiso, un empeño, una voluntad.
Y así, la muerte no sólo cobra sentido, sino que es lo que singulariza la orientación de nuestra vida.
¿Por qué, entonces, se puede afirmar tan irracionalmente “vivo sin vivir en mí” o “muero porque no muero”?
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¿Qué es el hombre?, la búsqueda.
¿Que hace Dios?, andar.
¿Qué quiere el hombre?, vivir.
¿Qué sabe Dios?, amar.
...Dios, un corazón, como los grandes, Sancho amigo, no está en contra de la Panza, sino a su favor, por eso te quiere, y, además, desea que seas GOBERNADOR de ésta, la Ínsula de los Hombres.
Estoy de acuerdo, Emérito, en que la Religión ha 'construido' un Dios cuya versión está -todavía- en la norma, un legislador, de ahí brota la acusación ...y la 'culpabilidad'.
Pero está en nosotros el construir un ensayo donde la Ley es -ya sin intermediarios- NUESTRA, ¡qué belleza, hombres erguidos y humanados¡ en un mundo donde Dios es ...sólo AMANTE.
Y tu, Blogger, eres con quien me gustaría hacer ...
Marco T. Ciceron.
Emérito, eres hombre curtido; de profesión, las almas (psique); debes honor al humanismo, y además eres conocedor de las escrituras.
Si decimos que el creyente que se siente arrastrado por "mis ideas" contra Dios sin reflexionarlas, sin asimilarlas, es un necio... Su merma de vitalidad neuronal no depende de mí. Solamente de ellos.
¿donde está Abel?,
-yo no soy el guardián de mi hermano.
El mito de Abel es la descripción del católico, no tiene la 'presencia'... por eso tiene la esperanza; no trae el Espíritu, por eso la jerarquía y el rito, no era 'viable', por eso la palabra y su agresividad inquisitorial.
Abel, por nacer en la Iglesia, no puede ser sino hijo del árbol del Bien, la norma moral inalterable de la que nunca debe el HOMBRE tomar.
Pero ¿qué quiere Dios de él, matarlo?, no, está muerto porque 'comió', A...
Abrazos, de corazón.
Yo sólo espero que si hay Dios, sea ilimitado/a/os/as, en su dolor, en su placer, en su duración, en su muerte. Incluso en su singularidad. Si a esto me aproximo en esta vida, tal vez descubra la no simetría entre lo que ven los ojos y lo que se aprehende por intuición mental “en espera”, como él creía (Epist. a Herodoto 62). Seguimos en penumbra.
Naturalmente... Toda certeza, y más de ese calado, cambia la existencia. Si uno alcanza a tener certezas sobre la muerte, es que adquiere certezas importantes sobre la vida, y en ese instante cambia o rota la dirección de ésta. En realidad es «adquirir certezas» y no simplemente el ejercicio de investigación y búsqueda lo que lleva a una existencia a arraigar en ella (¿la llamaríamos "verdad"?). Por eso cambia cuando hace suya las verdades descubiertas, o como decías los griegos, «lo que ha sido puesto en aparición, en descubrimiento» (alethein). Lo que Epicuro decía es que es importante explicar desde todos los enfoques posibles sin intervención de lo sobrenatural. La cuestión que él nunca resolvió es que los enfoques, las “certezas”, cuando chocan entre sí, pueden llegar a romper la armonía de los fenómenos, lo que él buscaba. Aristóteles aquí se hubiera reído.
Gabon.
Oye, y no dejes de intervenir aunque yo no escriba, porque entonces, ¡vas apañada! Yo no nos "vemos" hasta setiembre. Tus comentarios sabes que son bien recibidos, unas veces con fruición y otras con fricción. Pero bien.
Bihar arte.
¿Ves? Admites que "será cierto" ante la falsa idea de Dios. ¿Y cuál es la "verdadera imagen", la de Moisés, la de Mahoma, la de Jesús, la de la Iglesia, la de Wilburg, la tuya, la de Bush, la de la gente crédula...?
Mira, para tu "consuelo". El otro día "dialogando" sobre este tema con una curilla (si te dijera quién es te asombrarías), me decía: "Mira, yo sólo te digo que, si luego no existe nada, yo habré creído en algo que ha dado sentido a mi vida". Yo le dije. Sí, pero ¿para el futuro, o para ahora? -"PARA AHORA. Me importa tres pepinos el más allá..." Y seguimos hablando sobre el dar de comer, de beb...
Como ves no es epicureísmo, sino un planteamiento puramente humano. (No digo "humanista" para no herir sensibilidades)
Un admirado saludo.
La idea central de mi artículo, que como dice Sonsoles podía haber sido más corto (y eso depende muchas veces de que uno no sabe expresarse más concisamente), yo la resumiría no en el "Carpe diem" (que es donde algunos han hecho hincapié), sino en que la "perspectiva de la muerte es un desafío, porque la aspiración fundamental de la persona es VIVIR...". La cita del poeta Horacio epicureo es simplemente una alusión a la realidad actual, sobre todo en la juventud: "Vive a tope" (Mi texto: "Es más, hasta hemos resucitado el “culto a la vida”, el vivir al día..."
El hecho irremediable de la muerte se ha tratado de "paliar" de muchas maneras: filosofías y teologías que se han sentido capaces de dar "respuesta" y "esperanza" para quitar el MIE...
"La merma en la vitalidad neuronal de los que 'convences' de tu materialismo está servida, -ellos sólo tienen una fe basada en conceptos pequeños tales como la esperanza- su tristeza existencial por ti inducida, es tu obra."
La ley, estimado Wilburg, "obliga", sea justa o injusta. La reflexión "ayuda" a despejar o afianzar ideas, sentimientos, creencias o increencias. No obliga. Quien se sienta arrastrado por esas "mis ideas" sin reflexionarlas, sin asimilarlas, estate seguro que es un necio. Su merma de vitalidad neuronal no dependerá de mí. Solamente de ellos.
Aunque el espacio- el tiempo sea relativos, existen y han existido. El "no espacio-intemporal es pura invención mental, fruto del racionalismo-irracional. Fíjate que, para "situar" a Dios en "ninguna parte" llamada cielo, se ha tenido que inventar la teología. Y todavía están "discutiendo" si existe o no el "limbo". Es un eje...
Mucho hablar de la "superficialidad" del epicureísmo, aparentando rechazarlo, pero todo el mundo satisface el instinto básico: llenar la panza. Es la filosofía del AHORA.
Nos contentaremos, si leves y nimios son los argumentos que aquí se exponen, con proponer temas, cual regidores vulgares de un espacio donde otros tienen opiniones certeras, aceradas, bien construidas y, por si fuera poco, corroboradas con la erudición. Me descubro.
Y le dijo él: ¿De dónde me conoces?
Respondió Jesús y le dijo: aún antes que te llamara...cuando estabas debajo de la higuera... estudiando, y queriendo, y amando, y anhelando... yo te ví,... y deseé tu presencia.
«Non aliter stupui, quam qui Iovis ignibus ictus
vivit et est vitae nescius ipse suae.»
(«Sobrecogido quedé, lo mismo que aquel que, herido por el rayo de Dios,
sigue viviendo y ya no sabe cómo queda su vida»)
Yo con ello no me afilio a las tesis heideggerianas. Sólo las expongo como claves de un nihilismo moderno que es capaz de asumir que la amenaza, cualquier amenaza, le afecta de tal modo que arroja al hombre a la tensión de someterse o luchar contra ella en su ser. Lo otro sería negar que el tiempo le afecta, pues al morir su “tiempo”, su muerte está en él.
Me enfado, sí, aunque sólo sea con buen humor. ¿Sería posible que el postrer humanismo ateo tuviera a bien escoger mejor argumentos que los aquí aducidos? Si nos conformamos con los tópicos de manual sacados de algún eventual “devocionario” de las Marías de los Sagrados Calvarios del Escepticismo ante los bustos antiguos, mejor dedicarse a otra cosa. ¡Sacar a Epicuro y su razonamiento sobre la muerte! Ni los antiguos se lo creían, pues era lugar común tomar a chanza su argumentación, como Cicerón apunta.
No sé, recomendaría dar un repaso, aunque sea somero, al «Ser y la muerte» de Ferrater Mora, donde se da buena cuenta de esta cuestión. Epicuro era un grande, sobre todo por su filosofía de la amistad, pero nadie a estas alturas se cree que el hombre adopte ese “ojo cósmico” desde el que contemplar su propia muerte.
la cita une a los espíritus de varios siglos en uno solo como queriendo cerrar el libro dentro de la belleza sublime de 'su' presente, y ...abrirlo en un 'ahora' lleno de gracia y de alma.
Ciceron andando entre nosotros.
"Los hombres se asemejan a los dioses cuando hacen bien a la humanidad".
Tulio, S.I a.d.C.,
pero también lo podría haber dicho Jesucristo, son humanistas.
para Horatius Pristinus: mi mensaje no era para tí, sino para el autor de este blog, para que la próxima vez ponga simplemente Eclesiastés 9.4 y 9.5.
(es mucho más bonito y evocativo el Eclesiastés 12 donde "... andan las plañideras en torno de la plaza").
el tuyo lo ví, y durante un momento intenté descifrar la cita ampliada, pero no me salió.
Como alguien dijo antes que yo, yo también me siento molesto de que talentos tan ilustres escojan unas doctrinas tan superficiales, por no decir tan estúpidas («tam leves, [...] in tam ineptas sententias incidisse»). El maestro Epicuro, en realidad, ¿qué cosa ha dicho, ya no sólo digna de que sea considerada filosófica, sino propia del sentido común más corriente? («quid dicit, quod non modo philosophia dignum esset, sed mediocri prudentia?»). Es práctica corriente en los epicureístas afirmar algo inverosímil («no veri simile dicatis») y luego, cuando eluden la crítica, aducen para reforzarla algo de todo punto imposible, de modo que mejor hubiera sido dejar a un lado lo que se discute que defenderlo tan impertinentemente («[...] quod omnino ne fieri quidem possit, ut satius fuerit illud ipsum, de quo ambigebatur, concedere quam tam inpudenter resistere» (Ciceron, De Natura Deorum I, 60.61.69).
Seguiremos leyendo...
¡Que no hace falta mirarse el ojo del culo para hablar, para escribir aquí! Y de él, del o.del c. impoluto, ya habló suficientemente don Francisco Quevedo.
Así se 'construye' lo que tenemos, según dice el sociólogo un caldo cultural de la desinformación donde el político induce a la ansiedad generalizada mediante campañas de difusión y telediarios preparados, y vosotros ayudáis a que cada vez menos haya personitas tiernas que tengan su SENTIMIENTO vivo, su darse en totalidad, su gozo de vivir.
Y, desaparece de la ciudad, tanto Dios y su presencia, como el sentimiento de dos, quienes ya no se miran a los ojos, sino que se usan.
Es una sociedad envejecida.
Y, esto, en nombre de 'la verdad': esa mediocridad la sabía hasta Nietzsche. Raza inferior.
Repito, esto que hacéis no es del HOMBRE.
Pero lo que aquí estamos debatiendo es una cosa harta simple: que el humanista deja de serlo -nunca lo fue- cuando penetra en la psique de gran número de personas con la intencionalidad de destruirles el soporte de su gozo. Es perverso. Porque si el humanista ve que un sujeto 'cree' en Tutankamon, lo que hace no es destruirle 'aquello', sino sublimarlo para que, en vez de a la momia (religión), tenga a Dios y la presencia, la no-religión. Es, ENTONCES, cuando va a dejar aquel la momia. Pero tú, te limitas a entrar en su 'santuario', y le pegas fuego a la momia. Te mereces la soledad.
La merma en la vitalidad neuronal de los que 'convences' de tu mater...
de lo humano.
¿no caes en la cuenta de que, siguiendo tu razonamiento materialista, si Dios existe y se quiere relacionar contigo, tú lo ¡obligas¡ a que tenga cerebro, e hígado, y piedras en el riñón?
Deja a los que tienen su relación con él, que tú sólo embrollas, y no sales. Lo tuyo es de sotana: ni entras, ni dejas entrar.
A los que lo conocen: me amáis porque yo os he amado 'primero', es decir, que el estímulo para que los circuitos neuronales de EMPATÍA (SENTIR A OTRO) se pueden comenzar a construir, es necesario que ése 'otro' lo envíe. Sabemos que TODAS las áreas del ce...
-con el consiguiente gozo- te sigues encerrando en tu apriori de ateismo, un fundamentalismo clon de el de tus contrarios, y, aunque el mismo Dios te dijera que el Tiempo NO es necesario para la Vida, aunque él te dijera que es él quien tiene su gozo con aquel que le da todo su sentimiento, que no es necesaria la iglesia, la jerarquia o la doctrina,... tú, aún así, seguirías FIEL, -es la virtud del fundamentalista- a tu materialismo. Igual alma tiene Torquemada a sensu contrario: el mata a los ateos, y tú matas a Dios.
Concedo que la palabra 'eternidad' es otro de vocablo tributario del concepto donde vivimos, espacio-tiempo, pero si existe el Espíritu, y lo siento aquí, qué me da que éste no tenga -ni necesite- el tiempo ni el espacio?. Precisamente por eso es por lo que, sintiendolo aquí, podemos decir que existe él, y que NO es un animal racional. Y, ya que el ser PUEDE sentir fuera del espaci...
(No es propio de sabios, créeme, decir: Viviré. La vida del mañana es demasiado tarde: vive hoy.
Me quedo con los dos.
Bueno busco y copio: "La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo".
"¿No sabemos que hay bases neurofisiológicas -y gen- que ponen de manifiesto los circuitos cerebrales activados de tener a Dios dentro?"
NO, Wilburg, no estoy de acuerdo. Las hipótesis hay que tratarlas como "pura teoría", nacidas no de unas "investigaciones" científicas, sino de unas "elucubraciones" que podrían llegar a resultar "tesis" que posteriormente habría que demostrar experimentalmente para que llegaran a ser "código científico".
El meollo de mi reflexión es que vivimos un AHORA, inaplazable. Y que el hipotético Más Allá, no influye, no debe influir, en el real Más Acá.
Yo vivo vi...
"La muerte no es cosa que nos deba preocupar, y menos, cuando ya los principios de psicología van penetrando en el grueso del subconsciente colectivo." Efectivamente, ésta es la idea de fondo en mi reflexión. Pero no en tanto san Pablo nos proporciona la "causa" de la muerte; sino en cuanto el mismo san Pablo nos "sitúa" después de la muerte, la resurrección ("espacio sin tiempo").
"El tiempo no es una constante, sino una variable, y además, NO puede existir sin el espacio." De acuerdo. ¿Por qué hablamos, pues, de "eternidad". ¿La eternidad es tiempo? Dios es "eterno". "Lo juro por el que vive por los siglos de los siglos". Luego lo estamos reduciendo a un "tiempo". Y vive en mí, en ti, en Teresa de Jesús.... Luego lo estamos limitando a un "espacio", la psique, el sentimiento.
"...de aquí a decir que nada hay despues, ¿hay tal cosa como el 'tiempo' en el despues?; y, si no hay 'tiempo', ¿cómo lo llamamos 'después'?"
¿no lo podrías resumir?
si es para decir que después de la muerte no hay nada, pues eso ya lo he léido alguna vez
Como todos los clásicos, sigo vivo. Pero la próxima vez, no olvides la primera parte de mi cita, que omites en perjuicio de mis lectores:
"Dum loquimur, fugerit invida aetas; carpe..." (et caeteris verbis).
No quiso SENTIR.
No se preocupe: no hay tal cosa como el 'allí', y esto, con todas sus consecuencias... se está apagando, él sólo.
Jesucristo el humanista: quien quiera beber la Vida venga a mi, que yo le abro las puertas del Dios vivo, y el 'allí' ya no es más. Golpe mortal a la Religión y a los increyentes.
Para ti, Emérito, esta joya escondida en la Biblia; ya sabes, Dios escribe en el aire: Ap. 10:6
.. Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra levantó su mano al cielo y juró por el que vive por los siglos de los siglos:... "que el tiempo no sería más".
Se consumó el misterio del AHORA.
¿Carpe diem?, pero ¿cómo se va a poder activar el cerebro 'emocional' sin la emoción que da el SENTIMIENTO del Dios vivo dentro de uno, aquí y ahora?, ¿no sabemos por experimentos de neurociencia que aquel que NO ponga en activación su cerebro emocional va a ver cómo su hipocampo disminuye de volúmen y no podrá ya situarse ni tampoco activar la empatía? ¿no observamos que el que no busque llenarse se va a quedar cada día más mustio, y las neuronas gliales no van a emitir las hormonas de replicación de neuronas, el cerebro irá a menos, y... las enfermedades somáticas de un cuerpo que NO SIENTE lo van a llevar al trastero? ¿Es que no se ha vinculado ya el horror del Alzheimer y la demencia con el HECHO de que no estamos activando nuestro cerebro EMOCIONAL DE EMPATÍA?
...
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