El engaño de los impulsos vitales como respuesta a Dios.
03.05.07 @ 11:00:00. Archivado en Dios, esencia y existencia, Lecturas para 1 minuto

Buscan a Dios como posesos por todas partes.
El dios de los filósofos ha sucumbido, el dios del mito es ya un cuento, el dios del sentimiento rechina en la razón, el dios de la iglesia organizada ha quedado esclerótico, el dios de los milagros se ha convertido en negocio...
En su ansia de encontrar “algo”, donde sea, confunden todo:
la evolución precisa un fundamento, que es el impulso creador, el “élan vital”... Ahí es donde podemos encontrar a Dios, en ese impulso creador que llevamos dentro...
¿Es Dios o encontramos a Dios? ¿Divagamos llamando a Dios "impulso creador"? ¿Se trata de encontrar frases ocurrentes sin consistencia?
Y siguiendo con el mismo “gran descubrimiento” descubren a Dios en
"ese dinamismo que sostiene sus esfuerzos humanos... el de Gandhi, M.L.King, A.Schweitzer, H.Cámara, P.Casáldiga... Entraron dentro de sí mismos y encontraron a Dios en la fuerza de su fuerza.
Hipótesis por hipótesis, admítasenos también a nosotros otra explicación más clara, por ser más humana, al hablar del impulso que lleva a tantos “consagradaos” a apartarse de la vida muelle y largarse a misiones: el dar sentido a su propia vida, un sentido no religado a un Dios acomodaticio, por más que esgriman como pretexto el Dios al que quieren servir. Un sentido que concuerda bien con la Psicología, con el mismo budismo zen... ¡con el sentido común!
¿Por qué el “impulso” que puede proceder de un “alma” con sensibilidad, pletórica de sentimientos humanitarios, tiene que venir de Dios? La explicación está más cerca y es más convincente.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/90832
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Yo dudo de estos entusiasmos para-místicos. Más bien me centraría en que el hombre dejado a su simple sentido inmediato, es decir, al pragmatismo de lo circunstancial, queda como alma “insensibilizada” hacia los otros. Por introspección razonable en una mismidad pletórica de humanitarismo, el hombre, como Comte en el fondo sabía, se queda en su casa teniendo sólo sentimientos positivos hacia su animal de compañía, y nada más.
Detrás de todo ello surgía la percepción de la insuficiencia del orden convencional, lo que el sentido común humanitarista jamás puede percibir, ya que se experimenta como una inadecuación entre la voluntad de deseo y la voluntad deseada.
Igualmente en Jesús, cuando ve en el Reino la fuerza de implicación existencial, dista mucho de una aplicación de apólogos morales. Para eso ya estaban las escuelas rabínicas tradicionales, o el «Jesús» del joven Hegel, reducido a simple maestro moral, efectivamente alma sensible y pletórica de sentimientos humanitarios, impulsado por el “élan moral”, según dijera Renan tiempo después. Pero eso no es Jesús, salvo que nos pongamos idílicos y cantemos con Leconte de Lisle, ateo confeso, que las almas «van a beber el rocío en tus labios de Dios», lo cual, no lo dude, suena algo empalagoso y muy burgués.
¡Qué fácil resulta hablar del sentido común! El impulso que trata y que tamiza de sentimientos humanitarios, es un valor universal y puede extenderse a todo el género humano, pero en el caso de los grandes creadores religiosos dista bastante de ese común de los sentidos. No parece que fuera una simple capacidad de juzgar acertadamente según parámetros convencionales, lo que movió sus personalidades. Ahí está el caso de Mahoma, según refiere Corán 53,3ss.: «No habla por propio impulso. No es sino por una revelación inspirada. Le enseña alguien de gran poder [...] sobre el horizonte más alto». Por eso se dice que la revelación que le fue dada está «junto al Loto del límite», el “nazla”, que es el límite extremo (no común) que puede alcanzar el hombre de Dios.
La Iglesia promueve un código exterior de humanitarismo,... y el resultado es un creyente timorato, y separado de la presencia de Dios. El código del Partido político predica un humanitarismo de solidaridad... y el resultado es un ciudadano poco eficaz en la consecución de un mundo más complejo.
El pragmatismo sólo puede provenir de un grupo de ensayo cuyo impulso provenga de su interior, no en Dios, ni en el código humanitario solidario, pues todo lo demás conformará una sociedad gris.
La Iglesia promueve un código exterior de humanitarismo,... y el resultado es un creyente timorato, y separado de la presencia de Dios. El código del Partido político predica un humanitarismo de solidaridad... y el resultado es un ciudadano poco eficaz en la consecución de un mundo más complejo.
El pragmatismo sólo puede provenir de un grupo de ensayo cuyo impulso provenga de su interior, no en Dios, ni en el código humanitario solidario, pues todo lo demás conformará una sociedad gris.
Lo que ocurre es que sentimientos
'humanitarios' no son necesariamente sentimientos 'humanistas'; al igual que sentimientos religiosos no equivalen necesariamente a tener a Dios.
Hay increyentes que igualan o superan a los creyentes en su código de servicio a los demás.
Pero, tanto los sentimientos humanitarios del increyente como los sentimientos religiosos del creyente, tienen en común que se promueven desde el al-truismo, el darse al 'otro', mientras que el humanista se ama a sí mismo, y ésta es la diferencia:.. sin que esté sujeto a aprobación exterior, ni tampoco buscando su aprobación interior.
El humanista se mueve por amor del yo.
Y su motor es alcanzar un estado mayor de bienestar, o de felicidad.
Dios, desde este ángulo de valoración...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Asoc. Humanismo sin Credos
autor
Contacto








