¿Tolerar la intolerancia intolerable?
31.03.07 @ 18:00:00. Archivado en EMÉRITOAGUSTO
Por EMÉRITOAGUSTO
Tolerancia cero. Cada vez es más frecuente el uso de esta expresión suficientemente significativa. Tolerancia cero con la violencia de género, con la pedofilia, con la pederastia, con el terrorismo, con la xenofobia...
Y si enumeramos la inflexible tolerancia cero de la Iglesia, incrementaríamos innecesariamente la lista. La tolerancia cero como estrategia es la radicalización del antagonismo; el impulsivo y enérgico ¡basta ya! ¡hasta aquí hemos llegado!
Tolerancia diez, el extremo opuesto, el “hacer la vista gorda”, que consiste en el “laisser faire, laisser passer” del liberalismo francés, aplicado al comportamiento cívico. O sea, nuestra castiza expresión castellana “vive y deja vivir”.
Esto es “Lo que va del cero al infinito”, según la proverbial expresión.
Nos movemos ante disyuntivas paradójicas: ¿tolerar la intolerancia? ¿Ser intolerantes con la tolerancia? ¿tolerancia cero con la intolerancia?
He leído que, en un arrebato de optimismo, Confucio soñó con una época de tolerancia universal en la que los ancianos vivirían tranquilos sus últimos días; los niños crecerían sanos; los viudos, las viudas, los huérfanos, los desamparados, los débiles y los enfermos encontrarían amparo; los hombres tendrían trabajo, y las mujeres hogar; no harían falta cerraduras, pues no habría bandidos ni ladrones, y se dejarían abiertas las puertas exteriores. Esto se llamaría la gran comunidad.
El sueño de Confucio es y ha sido el sueño de la humanidad. Porque la tolerancia es la base de la convivencia. La tolerancia consiste en permitir y respetar las opiniones, ideas, creencias y formas de vida distintas de las nuestras. Se ha dicho que es fácil de elogiar, enrevesado de explicar y muy difícil de practicar.
Sin embargo, la convivencia gravita sobre la diversidad. Y la diversidad supone diferencias. Y las diferencias comportan discrepancias. Por eso, los dos máximos peligros, antagónicos de la convivencia, son la intolerancia y el fanatismo.
El fanatismo intransigente lo sustentan aquellas personas que se consideran poseedores de la verdad o con razón absoluta en sus planteamientos. Y la intolerancia podría ser definida, en términos escuetos, como “el cabreo de las personas que, ante la opinión de los demás, no tienen opinión”.
Bastaría con lanzar como globo sonda esta pregunta: “¿Quién tiene más razón, un creyente o un incrédulo?” Los intransigentes fanáticos dispararían su artillería pesada: “¡¡La verdad soy yo!!”. Absolutamente. Y es que hay cerebros tan pequeños que no les cabe la menor duda. Y los intolerantes: “¡¡Tú no tienes razón!!”. Así, a secas.
Porque es propio de hombres de cabezas mediocres embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza. No resulta difícil constatar que la mayoría de los postulados que defendemos las personas en nuestra vida cotidiana no son razones puras y verdaderas, sino deducciones mediatizadas por nuestros intereses materiales, creencias religiosas o ideologías sociopolíticas.
La intolerancia es un marco mental, una cubicación del pensamiento; y por tanto, la raíz de donde brotan actitudes sociales, políticas, religiosas, y conductas que perjudican y dificultan las relaciones humanas. La intransigencia indiscriminada nunca puede entenderse como sinónimo de fortaleza. Por el contrario, la tolerancia consiste en permitir la discrepancia, no en castigar al discrepante.
¿Tolerancia cero con la tolerancia diez? ¿La libertad de opinión, o de expresión o de actuación concede patente de corso para exponer libremente lo que uno piensa y perpetrar impunemente lo que sería “consecuente” con sus ideas? ¿Se pueden tolerar las guerras, las masacres, los genocidios, las manifestaciones de racismo y xenofobia, de sexismo y homofobia,...? Pues yo pienso que NO. No “todo” se debe tolerar. No vale el “todo vale”. Concedo respetar las ideas y sus manifestaciones, mientras se respete el respeto a la dignidad de las personas. Ni la tolerancia ni la intolerancia intolerables se pueden tolerar.
Existe también la intolerancia enmascarada. Debajo de muchas exhibiciones de tolerancia se esconde la paradoja del «dime lo que piensas y te diré quién eres”. Voltaire se pasó media vida escribiendo sobre la tolerancia y, al tiempo, avivando los odios contra judíos y cristianos. En una de sus perlas más conocidas asegura que si “Jesucristo necesitó doce apóstoles para propagar el Cristianismo, yo voy a demostrar que basta uno solo para destruirlo”. Entre los agnósticos o incrédulos existen muchos volterianos; pero no son menos los “volterianos antiateos enmascarados”. Así nos va.
“Muchos que quisieron traer la luz fueron colgados de una farola.” (Stanislaw Jerzy, escritor polaco de origen judío)
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Además, hoy es domingo de gloria, te brindo una frase de Jesucristo para ti, que te ama:
...desde el tiempo que visteis a Juan de pie en un desierto, a Dios se le hace violencia, y sólo los violentos lo arrebatan.
Así es el humanista en todos los campos: en el de su pensamiento, en el de la supervivencia, en el de la política, y en el de su sentimiento hacia el hombre.
Creo que a todo humanista que viene a este blog, por haber estado intuyendo cosas de cierta altura durante toda su vida antes, -si no, no es buscador- no le cuesta mucho seguir el rastro en la exposición de un asunto, aunque tenga que ser un poco extenso. A los demás, esta frase del Jesucristo erguido: porque no tienen coraje, a esos les hablo cosas superficiales, para que viendo no vean, son esclavos.
Además, como la sociedad actual, que nunca es humanista, plantea un pensamiento parcial de todo tema,... siguiendo la estrategia aprendida de divide y entontecerás, yo me he propuesto que al que quede sorprendido por el desplome de todo el edificio donde habitaba y al ...
Es el corolario más falaz y artificioso que ha parido filosofía alguna.
Claro, esas "leyes inalterables", para tí, son las "leyes que dios ha puesto en la naturaleza". Pues, o dios ha cambiado mucho o todavía nos encontramos viviendo en las cavernas.
Las leyes las va proyectando el hombre, por eso "se alteran" con la evolución de la sociedad.
Ya sabes. "Lo bueno, si breve, dos veces bueno".
Perdona mi atrevimiento. Sabes que no lo hago por mí, que me encantaría leer tus publicaciones, sino por la gente que nos visita en el blog.
Gracias anticipadas.
Un día se levantarán esos hombres libres y os dirán que esas ilusiones son propias del mundo inferior, y que como él, se desvanecerán.
Dios siempre ha mostrado tolerancia cero al dormido.
Ningún hombre libre, porque está vivo, podrá ser sometido para siempre por el Credo y doctrinas de hombres inferiores.
Quitemos las "Verdades", y centrémonos en la Vida, que todo lo demás vendrá por añadidura.
Al humanista, ese ciudadano que por sus aspiraciones de excelente se merece llamarse tal,...
Así, el Poder Adquisitivo personal se le esquilma, y también el Poder de la democracia: no puede dictar sus propias leyes.
Nos pide el cristianismo, que es el socialismo de los derechos inalienables de todos los hombres, que seamos tolerantes: dad de comer a todos, techo, coches, médicos, vestidos, igualdad, igualdad, igualdad.
Y Dios, la naturaleza, la sociedad de hombres libres, y el humanista, dicen: desigualdad, desigualdad, y desigualdad. Porque la Evolución no es otra cosa que esfuerzo INDIVIDUAL: todas las plantas, y todos los seres vivos saben esto.
Observando las leyes de la Evolución se diría que sólo un humanista pudo forjarlas, pues no respetan a nadie.
Se nos impone que admitamos el mismo número de mujeres que hombres en un puesto de responsa...
La verdad, ¿existe?, le dice su pensamiento desde muy antiguo a todos los hombres libres.
Y Nietzsche, junto con Dios, afirma: quien traiga la "verdad" busca el "Poder".
Pues, con la respuesta única que se da el hombre libre se llega a la conclusión única: si quiero vivir, tengo que esforzarme y NO CREER que Dios, ni la naturaleza, me van a ayudar a hacer verdad la creencia más mediocre que se ha extendido sobre la tierra: la de derechos inalienables de todos los hombres. Esos que nos inocula el Confucio cristiano socialista en el artículo.
En el mundo donde no existía la Sociedad, el homínido antes, y después también el homo sapiens sapiens fue recolector (mangante) y cazador (matador). Esto, por los siglos de los siglos: cinco millones de años. Y Dios no estaba durmiendo la siesta, y además, no les alumbró la agricultura.
En el mundo donde sí existe la Sociedad, el político ha inventado el dinero, y se ha he...
1) Distinguir el bien del mal no depende de la libertad, sino de la inteligencia. Es ésta la que puede estar cautiva
2) "Libre es como Dios nos ha creado".Esto es ininteligible, pero... ni Dios nos ha creado ni gaitas por el estilo.
3) La libertad es un concepto muy difícil de definir y de delimitar.
4) Animales evolucionados: en términos generales se puede decir que sí, pero precisamente esa evolución es la que trajo la libertad. El hombre opta por un bien u otro, por el presente o por el futuro...
5) ¿Leyes? También el hombre se rige por ellas, pero al menos las puede llegar a comprender.
Así, Dios, que siempre sabe más que la iglesia, muy cauto, NUNCA se va al árbol del conocimiento del bien y del mal, esa cosa que sirve al intolerante para matar en nombre de su iglesia y de su partido, sino al árbol de la Vida, cuyo fruto es el sentimiento sin bien ni mal, es decir, amor incondicional.
Así, el que toma del árbol de la ley inalterable es el que no sabe que del conocimiento del "bien y del mal", cosas INALTERABLES, no se debe comer: pues se morirá inmediatamente. Es decir, que quien caiga en ese error dejará de ser humanista inmediatamente y se convertirá su cerebro en cartón-piedra.
Igual explicación ha encontrado el jurista cuando en el estudio de su ciencia que es el derecho tiene establecido que el núcleo y esencia de la ley es su cambio, su adaptabilidad al sustrato económico donde se deba aplicar: por eso, hoy, el derecho y la democracia NO creen en las leyes inalterables del Bien inalterable que su iglesia ha predicado durante dos mil años como la "Ley de Dios", y como la Moral inalterable.
En igual sentido, el que lleva dentro de sí la VERDAD est...
Para saber qué es el bien y el mal hay que ser libre.
Libre es como Dios nos ha creado.
Porque si somos animales evolucionados no podemos escapar de las leyes de la evolucion, y por tanto no somos libres por naturaleza.
Ya que la naturaleza no es libre, se rige por leyes inalterables.
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Asoc. Humanismo sin Credos
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