Decía J-23 que la Iglesia era la "Mater et Magistra" de la Humanidad... Juan fue un Papa que pasó ante el mundo como un vejete bonachón y bienintencionado --se le veía en la cara-- quizá con más méritos populares que JP-2 para ser encumbrado al empíreo de los semidioses.
Dado que tal título es autoasignado de manera graciosa --quod gratis afirmatur, gratis negatur-- podemos decir que no la Iglesia como pretenden, sino la Historia, es la verdadera y real mater et magistra de la vida; conociéndola e interpretándola, de ella aprenden personas y sociedades. ¿Aprenden? Digamos mejor... "pueden aprender": algunos no tienen capacidad para ello.
El hombre no puede vivir si no es en sociedad y de esta necesidad surgen las "sociedades", desde las primeras como la familia o las agrupaciones laborales hasta las últimas como el Estado o la Iglesia.
En su discurrir existencial, la Verdad y el Bien son el fin, el nutriente y el estímulo de su quehacer. Verdad para saber, Bien para poder subsistir. En otras palabras, la verdad es la ingesta de la razón que nutre y guía, el bien la consecuencia lógica de su esfuerzo.
Verdad y Bien no pueden caminar separados, pero de hecho lo hacen. Sería preciso que el hombre reivindicara con grito existencial que el Bien fuera el principio rector de la Verdad y que la Verdad fuera el nutriente del Bien.

Hoy "viene" el Espíritu Santo... aunque más correcto sería decir que hoy se celebra la gran fiesta de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y todavía más exacto decir que se celebra "el relato" que rememora un evento fantasioso, aquel en que, dicen, el Espíritusanto reventó con su vitalidad el recinto cerrado a cal y canto donde estaban encerrados los timoratos apóstoles. A partir de ahí, "loquebantur variis linguis magnalia Dei" y reparto del mundo para difundir la "Buena Nueva".
De algunos, por más que fueran Apóstoles, nunca más se supo: la religión verdadera no pudo hincar el diente en ámbitos geográficos donde habían echado raíces otras religiones también verdaderas. La fuerza del Espíritu Santo.
Pero llegó el Espíritu Santo: el mito de la torre de Babel, obviado; la presencia de trinidades deicas en otras religiones, superada: un dios (monoteísmo hebreo), tres personas (politeísmo circundante). Y todos contentos. Y a creer. Y a confiar en que el Espíritu hará renacer de las cenizas la maltrecha economía (salvadora) de la nave de Pedro.
Hay que mostrar una firmeza absoluta, un rechazo total, una dureza especial contra los credos y quienes los dosifican, porque "ellos", históricamente han sido así y lo que son en la actualidad se lo deben a un pasado tiránico.
Ellos han robado, han matado, han saqueado de mil maneras, han suprimido doctrinas, han quebrado mentalidades, han destruido a la personas –los mismos santos son ejemplo de psiquismo destrozado—, ¡y lo siguen haciendo!
No basta el análisis doctrinal ni la crítica ni el desprecio pasivo. El que rechaza credulidades, lo debe hacer con todas las consecuencias.
Lo estamos viendo en los políticos, que parecen pasar una esponja sobre su pasado reciente, según dan a entender y como podrán decir con la sana intención de construir el futuro. La hipocresía y el cinismo es hasta ciencia troncal en el currículo de cualquiera de ellos.
Pero lo que somos se lo debemos al pasado, reciente o lejano.
La historia adulta del individuo tiene su fundamento en la infancia de cada uno. La madurez muchas veces se basa en rectificar o completar la edad infantil. Los niños que jugaron de pequeños con... hoy juegan con tanques, camiones, aviones, laboratorios "de verdad". Lo mismo se podría decir de las sociedades, bien que con una perspectiva más elongada.
¿La Iglesia también? Quizá más que otras sociedades. Vive de su pasado, de su infancia, más que las demás. Ha ido añadiendo capas y capas y capas --teologales o inmobiliarias-- a su entidad primera pero siempre recurre a la infancia de sus textos fundacionales. Cualquier Encíclica es muestra sobrada de ello.
Escrito está en letras de molde y de muy diversas maneras la "muerte de Dios". Para algunos, hasta tres veces o hasta de tres modos, La tercera muerte de Dios. Para otros... ¡cómo va a morir algo que nunca ha vivido!.
Estamos tan acostumbrados a ver un hombre crucificado que parece hasta normal verlo así, cuando la imagen que debieran haber difundido con profusión sería la del Cristo glorioso. Y la costumbre produce adormecimiento, muerte de la vivencia. Es el empacho con que los difusores de la cruz han atiborrado a los creyentes.
Dios ha dejado de morir en la cruz. Entre otras cosas, además del "acostumbramiento" porque ese muerto ya no interesa. Y no interesa porque lo han explotado de tal manera, que lo han dejado exhausto, agotado y sin virtualidad.
Creíamos poder realizar la justicia en la tierra, vemos que no es posible y recurrimos a la esperanza en Dios. Lo que uno no puede, con seguridad lo podrá Dios, Dios omnipotente, claro. A falta de realidades, esperanzas "ciertas".
Un resumen de la frustración del creer, del arruinamiento de tantas ansias juveniles que quisieran "convertir" al mundo, de cómo el ideal juvenil se torna realidad senil.
¿Esperanza cierta? Demasiado bonito para ser cierto... Lo asombroso es que ¡para un crédulo es cierto!
De nuevo Dios como “manifestación de nuestras pulsiones psíquicas”, como realización de un deseo imposible de cumplir.
El párrafo primero, Vattimo lo refiere a los viejos,

"Conocer es poder... el poder de hacer sentirse a los demás necios"
Convénzanse los crédulos: el progreso sólo es fruto de la “no-creencia”. Tómese esto, para que sea eficazmente entendido, en el sentido más lato del término. El que no cree en que las soluciones del pasado son las mejores, puede avanzar en técnicas de producción. El que no cree que la solución a su angustia pasa por el confesonario o por la oración, sino por una terapia psicológica, podrá vislumbrar la salida del túnel.
Aquel que es capaz de no creer --no dar por válido, no conformarse con, no admitir porque sí-- en lo que le dicen, en lo que ve, en lo que parece, en lo que le aconsejan que crea, ése habrá dado el primer paso para investigar, pensar, reflexionar, deducir, experimentar...
Todo puede ser objeto de investigación, incluso aquello que se presente como "lo más espiritual".
Entenderán quienes aquí acceden que uno pase tiempo hurgando en las entrañas de la Historia de la Iglesia. Es un goce agridulce de la inteligencia. Hay también suculentos manjares para quien se deleite de manera masoquista con todo aquello que roza la vesania persecutora.
Lo último en lo que he hincado el diente versa sobre la Iglesia en el siglo XVII español, en concreto posesiones muebles e inmuebles, ducados contantes y sonantes, distribución --enormemente desigual, por cierto, dado que no había una CEE que controlara la redistribución de las haciendas sacras-- de los ingresos diocesanos.
Pero también se encuentran páginas suculentas y sabrosas viendo cómo se las gastaban papas, obispos, inquisidores y en general funcionarios sacros que detentaban cierto poder cuando éste quedaba en entredicho.
Hoy, teóricamente el cuadragésimo día después de Pascua, celebra la Iglesia la festividad de la Ascensión, con el añadido de "Jornada Mundial de las Comunicaciones". ¿Qué dirá la homilía del hecho de "ascender"? Poca cosa. Mucho del "después de" y algo de la susodicha jornada.
El fiel cristiano que acude a misa por devoción, por obligación o por costumbre, oirá el relato evangélico, dormitará en el sermón, comulgará, saldrá reconfortado consigo mismo del templo... y a tomar el aperitivo. ¿Qué le quedará de eso que es dogma de fe, "la ascensión"? Pregunto en mi entorno crédulo y no me saben decir otra cosa que lo que todos sabemos del Evangelio. Los distingos, ¿para qué? En nada afectan al hecho de creer.
Ascensión, tres posibles consideraciones:
Aparece con frecuencia esta imagen en la "red", pero aun siendo conscientes de la demagogia y la falacia que en ella se encierra, algo de verdad hay.
Hoy, a falta de otros sentidos periclitados, lo que empuja o preocupa al occidental ya liberado de necesidades primarias es "lo funcional e instrumental". También en el ámbito de lo que engloba el "nec-otium" y las inquietudes intelectuales. En ambos recintos, el que hace referencia al bienestar y el que hace referencia al prurito de la cultura, ejercen su poderoso empuje la tecnoeconomía y las ciencias industriales.
¿Frialdad de sentido? ¿Carencia de profundidad? ¿La indiferencia hacia las formas organizadas de creer dejará seco el corazón? Puede parecerlo, pero otros pensamos que asistimos al nacimiento de una nueva era que no ha generado todavía un pensamiento que dé cuenta cumplida de lo que le sucede y le embarga al hombre. Las ideologías pretéritas o bien han dejado de tener sentido o bien son rechazadas por quedar asociadas a las catástrofes del pasado.
Parejas de hecho, relaciones prematrimoniales, anticonceptivos... Hay cuestiones morales de las que la Iglesia ha hecho bandera de guerra en un momento determinado que, por mismo paso del tiempo, por la fuerza de los hechos y la expansión de la vida, o han quedado arrumbadas o han venido a entenderse en sentido contrario. Casi siempre cuestiones relacionadas con la sexualidad.
Hace unos lustros, la convivencia sin “sacramento” y las relaciones sexuales previas y esporádicas avivaron el ardor guerrero de los pastores. Ya más bien antes que después comenzaron los considerandos, las sutilezas, los distingos para terminar escondiendo sus invectivas y dejando que el tiempo impusiera su criterio. Donde hubo banderines de enganche y donde hubo guerra ahora hay olvido, preterición, campo desierto o paz.
En el fondo y en la forma, una lucha contra molinos de viento. O quizá el cansancio de lidiar contra lo irremediable.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas
José Manuel Bernal
Sor Gemma Morató
José Alegre
José Arregi
Jose Gallardo Alberni
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Josemari Lorenzo Amelibia
Vicente Haya