Humanismo de Jesús

LOS PARAMETROS PRINCIPALES DE LA DOCTRINA POLITIA Y SOCIAL DE LA IGLESIA

28.05.18 | 15:42. Archivado en Acerca del autor

El Patriarca Bartolomé, en su visita recién al papa Francisco, impulso en el Vaticanouna agenda cristiana por el bien común”. Se trata de una iniciativa muy positiva que pone a prueba la fe frente a los desafíos sociales y políticos que reclaman soluciones concretas mas que oraciones sin compromisos. En este contexto, les propongo una reflexión que destaca cuales pudieran ser los parámetros políticos y sociales para que la Iglesia actué siempre conforme a su misión evangélicas y a las exigencias del bien común de los pueblos.

IGLESIA Y VATICANO

La Iglesia católica se convierte, a través del Estado Vaticano, en un poder político que la coloca, como Estado, al nivel de todos los Estados del mundo. Este estatuto la convierte en uno de los 194 miembros de la Asamblea general de las Naciones Unidas. A ello, se añade el establecimiento de las representaciones diplomáticas en la mayoría de los países del mundo. Su influencia no le viene del la dimensión de su territorio sino de sus principales actores (el papa, los obispos y cardenales, los nuncios apostólicos etc.) que influyen sobre millones de personas y miles de instituciones.

Por otro lado, la Iglesia se define, ante todo, por su poder apostólico que la dedica al desarrollo y a la valorización de las grandes valores evangélicas. Mas allá del cumplimiento del culto de los sacramentos, tiene, ella, la preocupación para que se hagan realidades el cumplimiento de los valores de justicia, de verdad, de solidaridad y de compasión, En las ultimas décadas, esa Iglesia pastoral produjo documentos, dando, así, consistencia a una doctrina social siempre renovada, aclarando, según los tiempos, los caminos por donde caminar. Por supuesto que el “BIEN COMUN” y el respeto de los DERECHOS HUMANOS son referencias importantes en esta doctrina.

CONFUSION EN LOS DOS PODERES

Su doble estatuto, en cuanto a su poder político, como Estado, y a su poder apostólico, en cuanto a su pastoral, no son sin crear mucha confusión en sus compromisos sea como pastores o sea como actores políticos. Importa recordar que la Iglesia no nació con ese poder político y que ese ultimo no es una parte esencial a su existencia como Iglesia y aun menos a su vida como pueblo de Dios.

El panorama actual de la Iglesia nos da, tristemente, la imagen de una Iglesia dividida entre los miembros de su pueblo a base de los compromisos políticos de sus episcopados que dan con los grandes et potentes de este mundo, cuyos objetivos no son de venir ayudar al la viuda, al emigrante, al pobre sin defensa, sino a tomar el control de las instituciones políticas, económicas y sociales de los pueblos para aprovecharse de sus riquezas y de su posicionamiento geopolítico al contraer a otros teniendo propósitos similares.

Vemos pueblos que luchan para recuperar o para proteger sus derechos a la soberanía y a su independencia. Pueblos que quieren decidir por ellos mismos de los regímenes políticos, económicos y sociales sin que otros, no solicitados, se meten en sus asuntos. En América latina vemos bien la dinámica de esos enfrentamientos. Estados Unidos, potencia dominante del Continente, se reconoce el derecho a dominar, de una forma o otra, los países de América latina y de las Caribes.

Lo que sucede es que la estructura misma de la Iglesia conduce a las jerarquías, obispos, cardenales, nuncios apostólicos, a tener un contacto privilegiado con los principales representantes de ese poder dominante. Si son pastores por el pueblo, quedan vecinos de los potentes. Así, nos encontramos, como es el caso en Venezuela y otros países emergentes, con episcopados que se juntan al poder dominante de Washington y que se confrontan con sus propios pueblos. Por supuesto que todo eso no se revela crudamente como lo estoy diciendo, sino con sutilidad, proclamando que protegen los pobres y humildes que son victimas de sus gobernantes calificados de comunistas, socialistas, marxistas, totalitarios, dictatoriales. Todos los términos sugeridos en el Plan de Washington.

No se habla mas de doctrina social de la Iglesia, sino muy poco, tampoco de la Carta magna de las Naciones unidas sobre los derechos de los pueblos a disponer de su propio destino y a no permitir la intervención de los otros países en los asuntos de otros, sin que sea bajo el mando de las Naciones Unidas. Lamentablemente, de esos derechos de los pueblos no se dice nada en las declaraciones del Vaticano como de los episcopados nacionales. Consideran las injerencias del Imperio como un derecho que le pertenece.

LOS PRINCIPALES PARAMETROS DE LA IGLESIA: PODER POLITICO

El primero de todo me parece ser la defensa de los derechos incluidos en la Carta magna de las Naciones Unidas. Entre ellos, los derechos de las personas a ser respetadas y los derechos de lo pueblos a disponer libremente de su destino. La Iglesia no puede seguir callando esas injerencias, no solicitadas ni autorizadas por la N.U. Importa que la Iglesia vuelva a recuperar su plena libertad para hablar en nombre de los pueblos del mundo para que sus derechos sean respetados. No puede mas seguir pendiente de los poderes dominantes.

El secundo punto se refiere a su forma de hacerse presente. Los valores de los grandes de este mundo no son necesariamente las mismas que corresponden a una Iglesia que se quiere sencilla, humilde, sin lustro ni riquezas. No hay necesidad para que las nunciaturas que tiene el Vaticano en el mundo se identifiquen con las mismas apariencias de las embajadas de otros países. Su estatuto de diplomático no exige lujo, sino gentileza, respeto, diplomacia en la manera de abordar los diferentes. Su forma de ser y de vivir tiene que diferenciarse del lujo y del prestigio de esa clase de representantes diplomáticos y descartarse por la sencillez y su proximidad con los pueblos humildes. Me viene a la mente el ejemplo del ex Presidente d’Uruguay, José Mujica. Vivió sencillamente en su ranchito, siendo senadores y presidente de su país. El poder no se combina siempre con lujo y riquezas.

LOS PRINCIPALES PARAMETROS POR LA IGLESIA: PODER PASTORAL

Las dos medidas importantes por la Iglesia como poder pastoral y político son relacionadas, en primer lugar por la promoción del bien común del pueblo y en secundo lugar por el respeto del derecho internacional confirmado en las Naciones unidas. No se trata de dejarse llevar por el punto de vista de uno o del otro sino de mirar con seriedad si se respeta las exigencias del bien común y el derecho internacional tal como lo expresa la Carta magna de las Naciones Unidas.

Una Iglesia que se declara católica, es decir universal en sus valores y tomas de posiciones, no puede pasar al lado de la objetividad de sus pronocimientos y, aun menos, de sus actuaciones. No hay espacio, en el lenguaje de los compromisos de buena fe, a dos lenguajes. En el concepto cristiano de la fe, uno no puede servir dos maestros.

Los puntos mas esenciales son los siguientes:

- Que se respete el derecho internacional y que los pastores intervengan cada vez que sea necesario para que sea respetado.
-
- Que el BIEN COMUN de los pueblos sea la primera preocupación de los gobernantes.

-
- Entre otras cosas, forman parte de este bien común, el acceso para todos a la salud, a la educación, a la vivienda digna, al trabajo par que todos y todas tengan la autonomía para asumirse en la vida.

Las Encíclicas mas relevantes de las ultimas décadas son las del papa Juan XXIII: Mater et Magistra y Pacem in terris, como la del papa Pablo VI : Popularum progressio. A ellas hay que añadir las Exhortaciones apostólicas del papa Francisco que complementan bien, por los tiempos que vivimos, la doctrina social de la Iglesia.

Queda importante que los episcopados y cristianos con compromisos políticos y sociales conozcan y profundizan esta doctrina social de la Iglesia. En ella encontraran las referencias principales, permitiendo analizar y actuar conforme a las exigencias del bien común.

CONCLUSION

Si el conjunto de las Iglesias que se reclaman de Jesús y de los Evangelios pondrian su fe a prueba del bien común de todos los pueblos y del bien estar de todas las personas seria la respuesta a la pregunta del apóstol Diego :

"Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?"

"Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras."

Es el desafío que interpela a todas las Iglesias que se reclaman de la fe en Jesús. Cumplir con las obras de justicia, de verdad y de solidaridad, de compasión, es lo que dará credibilidad a la fe que confesamos.

Oscar Fortin

El 28 de mayo


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