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Demasiado Dylan para nosotros

Permalink 04.07.08 @ 14:59:35. Archivado en Crónica provinciana, Artículos publicados en otros medios, Música en el silencio

(Artículo publicado en Diario de Navarra el 2 de julio de 2008)

Hay veces que uno tiene la sensación de habitar una galaxia paralela, viendo la agigantada distancia entre lo que lo que pasó y lo que se ha publicado. Me refiero al concierto que Bob Dylan dio en Pamplona el pasado martes en el pabellón Anaitasuna. Me resulta fastidioso que se haya creado la sensación de que vimos a una vieja gloria, pero escuchamos una patata. Muy al contrario, el concierto fue impresionante. Los que hemos tenido ocasión de oír a Dylan en conciertos anteriores sabemos que el Dylan de Pamplona fue un Dylan excepcional.

Se ha escrito que Dylan estuvo frío, que no se dirigió ni una sola vez al público, que ni siquiera miraba a la gente, que le ofrecía su perfil casi de modo despectivo. Supongo que esto sería noticia si las costumbres de Dylan fueran otras, pero desde hace años Dylan utiliza siempre la misma escenografía, la misma vestimenta, se pone en el mismo sitio en el escenario, en la misma posición, no dirige una sola palabra al público y mira al infinito, hacia alguna parte situada a la izquierda de la sala de conciertos. Es rarísima la ocasión en que ofrece algún bis más de los previstos. Por lo tanto, intentar colegir de la actitud de Dylan en Pamplona una especial frialdad (algunos parecen hablar casi de animadversión) es sólo una muestra de ignorancia.

Bob Dylan no es Bruce Springsteen ni Mick Jagger ni David Bisbal. A un concierto de Bob no se va a bailar ni a corear canciones, incluso si me apuran, tampoco se va a fumar porros ni a pasearse por ahí blandiendo un cachi de cerveza. A un concierto de Dylan se va a escuchar música. Dicho de otra manera, para oír a Dylan es más apropiado el Baluarte que un estadio de fútbol. Quizá alguien debería haber informado a los asistentes incautos que Dylan no sigue viviendo del “Blowing’ in the wind”, que Dylan es un auténtico músico que arregla y versiona continuamente todas sus canciones hasta hacerlas casi irreconocibles y, por lo tanto, imposibles de corear. Incluso en la misma gira va cambiando la instrumentación del repertorio según le va pareciendo. Me consta que gran parte del público fue incapaz de reconocer un solo tema. No se lo reprocho. A veces, es difícil incluso para algunos de sus incondicionales. Quienes fueron al concierto con su maleta de prejuicios, a ver y no a escuchar, es obvio que salieron decepcionados.

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Dylan contra Dylan: Contradicción y genio de un músico en busca de Certeza

Permalink 17.04.08 @ 14:59:58. Archivado en Artículos publicados en otros medios, Música en el silencio

(Artículo publicado por el autor en la revista cultural Nuestro Tiempo, en el número de noviembre de 2007)

Corría el año 1963 cuando Bob Dylan publicó su segundo álbum, “The Freewheelin' Bob Dylan”, que contenía la famosa “Blowin' in the Wind”, canción que le lanzó al estrellato y le postuló rápidamente como el gran profeta del movimiento pacifista. Sus preguntas retóricas encadenadas se convirtieron en el himno de la revolución juvenil de los sesenta: “¿Cuánto tiempo tienen que volar las balas de cañón antes de que sean prohibidas para siempre? ¿Cuántas muertes se aceptarán, hasta que se sepa que ya ha muerto demasiada gente? La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento”, decía la voz desgarrada de Dylan. Su tercer disco, “The Times They Are A-Changin'” (1964), que seguía abundando en la canción protesta, le consolidó como un músico de prestigio y fama internacional. Bob Dylan se acababa de convertir en un icono.

Pero ser un profeta o un símbolo no estaba en los planes de Dylan. Asqueado, se revolvió contra aquellos que pretendían utilizarlo como una marioneta de la política. Así lo manifestó en “My Back Pages” una canción de su siguiente disco, “Another Side of Bob Dylan” (1964): “Mis guardias permanecieron fuertes cuando las amenazas abstractas, demasiado nobles para descuidarlas, me engañaron para que pensara que tenía algo que proteger, el bien y el mal, yo definí estos términos”. A partir de ese momento, Dylan pensó en escapar del destino prefijado por quienes decían admirarle.

Ya entonces Dylan se mostraba receloso ante la prensa, consciente de su desmedida capacidad para inventar, estigmatizar, simplificar y, en definitiva, limitar su libertad creativa. Ejemplo de la actitud hostil de Dylan ante los medios de comunicación es la entrevista concedida a Laurie Henshaw para el semanario Disc Weekly, durante la gira inglesa de la primavera de 1965, reflejada en el documental “Dont Look Back”: “Usted me está usando. Soy un objeto para usted. Ya he pasado por esto antes en los Estados Unidos, ¿sabe? No es nada personal. ¿Por qué voy a tener que seguir la corriente a cualquier cosa sólo para que otra persona pueda comer? ¿Por qué no se limita a decir que mi nombre es Kissenovitch y que soy de Acapulco, México? Puede decir lo que quiera”. Y más adelante, añade Dylan: “No quiero que me entreviste su periódico. No lo necesito. Ustedes tampoco lo necesitan. Pueden ustedes montarse su propia estrella. ¿Por qué no se hacen con un montón de dinero y se traen aquí a algún chico del norte de Inglaterra y le dicen: '¡Vamos a convertirte en estrella!? Tú sólo haz todo, todo lo que se te diga. Cada vez que quieras una entrevista, sólo tendrás que firmar un papel que significa que podemos hacer una entrevista y escribir lo que queramos escribir. ¡Y tú serás una estrella y ganarás mucho dinero!' ¿Por qué no hacen eso? Yo no lo voy a hacer por ustedes”.

Por eso, dos meses después de la publicación del álbum “Blonde on blonde” (1966), aprovechando un sospechoso y oportuno accidente de moto, el músico se retiró a su casa de Woodstock para huir de sus acosadores, quitarse de encima el peso de ser considerado el mesías de los 60 y fundar una familia. Años después, el propio Dylan declaró: “Cuando vivía en Woodstock, me di cuenta con claridad de que toda la contracultura no era más que un espantapájaros cubierto de hojas secas”.

En realidad, de muy poco le ha servido a Bob Dylan renegar en repetidas ocasiones de su condición de profeta. La mayor parte del público y de la crítica le ha seguido considerando hasta hoy como el icono de los sesenta, de la contracultura, el pacifismo, la revolución de 1968, el movimiento hippy, e incluso del comunismo. Para mucha gente, Dylan no es ya nada más que una vieja gloria del rock and roll. Pero esta visión, simplista, desinformada y cargada de prejuicios no hace justicia a la obra de Dylan. Bob Dylan es probablemente el mejor y más influyente trovador de las últimas décadas.

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Bob Dylan y Benedicto XVI: un rumor en forma de noticia

Permalink 13.03.07 @ 20:44:49. Archivado en Comunicación, Cuestión de fe, Análisis de actualidad, Música en el silencio

Se ha publicado en distintos medios de comunicación que Benedicto XVI (entonces Cardenal Ratzinger) estuvo en desacuerdo en 1997 con Juan Pablo II en que Bob Dylan y otros músicos actuaran en el congreso eucarístico italiano celebrado en Boloña.

El asunto ha surgido de la publicación de un libro titulado “Juan Pablo II, mi amado predecesor”, escrito por el propio Benedicto XVI, en el que, según parece, dice: “Había razones para ser escéptico, yo lo era y en cierta forma lo soy todavía; dudaba de que fuera apropiado hacer intervenir a ese tipo de profetas”, refiriéndose al parecer explícitamente a Bob Dylan.

La noticia, poco y mal difundida (de los diarios generalistas importantes sólo se hizo eco El País), confusa en su redacción y titubeante en la referencia a las fuentes tiene toda la pinta de haber venido servida por la editorial que publica el librito, en una maniobra de marketing comercial ya muy conocida y usada en todo el mundo. Días antes de la publicación de un libro o de la emisión de un documental (como en el caso de James Cameron) se filtra la parte más “polémica” del contenido para crear una expectación social que se traduce en un mayor número de ventas o de espectadores.

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