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El imperio del pesimismo

Permalink 19.10.09 @ 14:59:05. Archivado en Pensamientos, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

Artículo publicado en el número 123 (junio de 2009) de Nueva Revista de política cultura y arte.

Hay muchas cosas de nuestra época que, aun siendo habituales, son difíciles de comprender. Una de ellas es el significado del siguiente argumento: “Las mujeres desde siempre han abortado. Con ley o sin ley, seguirán abortando. Como en todo caso lo van a seguir haciendo, legalicemos el aborto para que al menos lo hagan con garantías sanitarias”. En otras cuestiones, como por ejemplo la prostitución, se argumenta de manera semejante, a saber: “Es imposible acabar con la prostitución, así pues hagámosla legal para que las mujeres la ejerzan al menos con garantías laborales”. Según esta peculiar manera de argumentar, parece que hay que legalizar cualquier cosa por el mero hecho de que existe, de que es una “realidad”, en cierta medida inevitable.

Pero que algo exista, que sea una “realidad”, no significa que deba ser legal. ¿Acaso no han existido desde siempre los delitos? ¿No ha habido también desde siempre latrocinio, asesinato, pederastia, estupro, explotación laboral o injusticias sociales? Los ha habido y los seguirá habiendo mientras haya humanidad sobre la faz de la tierra. ¿Significa eso que debemos legalizar esos y otros delitos parecidos? No lo creo. Si persistimos en nuestra actual tendencia y continuamos legislando “realidades”, corremos el riesgo de dejar lisiado el mismo concepto de delito, y aun de eliminarlo. Pero obviamente no tiene sentido una ley que no distingue lo bueno de lo malo, que lo permite todo porque no prohíbe nada. ¿Alguien se puede imaginar una indefensión jurídica más grande que ésta? Suena a salmo bíblico: nadie, ni siquiera la ley, será capaz de distinguir entre el delincuente y el justo, entre el honrado y el tramposo. Ciertamente, es difícil sostener todo esto.

Está claro que la solución a un problema político o social nunca puede ser la legalización. Si Eta es un problema, ¿lo solucionaríamos acaso legalizando el terrorismo? ¿Legalizaríamos los malos tratos porque “desde siempre” los hombres han pegado a las mujeres? Sin embargo, eso es exactamente lo que hacemos (o queremos hacer) con otras cuestiones como el aborto, la eutanasia, la prostitución, las descargas ilegales, las drogas, etc. Se pretende acabar con el corazón del problema sencillamente negando su existencia como problema, verbigracia: la prostitución no es un delito, sino una profesión como otra cualquiera; el aborto no es un delito, sino un derecho de la mujer; la pederastia no es un delito, sino una opción sexual saludable; el robo no es un delito, sino un ejercicio de libertad económica. Desde un punto de vista estrictamente retórico, cualquier problema deja de serlo si ya no lo consideramos como tal. Aunque, ciertamente, un problema no desaparece porque ya no lo llamemos por su verdadero nombre, del mismo modo que el avestruz no se salva del peligro por más que esconda la cabeza en un agujero.

En este punto, alguien podría objetar, llevándose las manos a la cabeza, que “no es lo mismo” el aborto que la pederastia, que “no es lo mismo” el robo que la prostitución. En efecto, estamos todos de acuerdo en que hoy nuestra sociedad muestra cierta tolerancia por algunas cuestiones (aborto, consumo de drogas, eutanasia, prostitución, etc.), pero no por otras (malos tratos, robo, terrorismo, etc.). Sin embargo, todo esto es contingente, porque lo que ahora toleramos podemos dejar de tolerarlo y lo que hoy nos parece horrible, nos puede parecer maravilloso en el futuro. Es una mera cuestión de opinión pública. Si, por medio de una acción propagandística prolongada en el tiempo, alguien consigue hacernos plásticos a la idea de que el incesto o la poligamia son una opción, ¿por qué no legalizaríamos también esas “realidades”?

En el fondo de esta desconcertante legislación de “realidades” está naturalmente el relativismo, ese joven, nuevo y desenfadado amigo nuestro. La consideración posmoderna de que no hay una verdad, sino tantas como personas, el pensamiento que subraya que la ética es una cosa de curas, ha restado autoridad moral a la ley. Si no hay una verdad, si no hay una ética común, ¿con qué legitimidad puede la ley (emanada de la sociedad) juzgar al que ha decidido “libremente” prostituirse, drogarse, suicidarse, robar o acabar con la vida de su propio hijo?

El filósofo Fernando Savater ha manifestado muchas veces su preocupación porque en la legislación se confundan delitos y pecados. Su preocupación procede de un principio ilustrado que comparto: en democracia, atendiendo al principio de la libertad religiosa e ideológica del ciudadano, no es bueno que la ley se entremeta en la conciencia individual de cada uno. Resumiendo, la legislación debe reflejar que es el ciudadano particular el que tiene conciencia, y no el Estado. Pero eso no significa que la ley y la moral no estén relacionadas. El error surge de creer, a impulsos de una laicidad desenfocada, que la ley no debe ser moral en absoluto.

Algún ingenuo puede pensar que la función de la ley es regular la realidad o, por mejor decir, “las realidades” que forman parte de una sociedad, sin tomar partido por ninguna. Pero esto es imposible, porque en todo caso la ley no puede ser aséptica. Si algo es legal, automáticamente se convierte en moral, es decir, en aceptable desde el punto de vista de la conducta social. Algunos juristas llaman a esto la pedagogía de la ley. En efecto, si rebajamos la edad de las relaciones sexuales consentidas hasta los 5 años, por ejemplo, ¿no estaría la ley tomando partido por la pederastia? O si, compadecidos por quienes no tienen dinero para comer, permitiéramos hurtar impunemente alimentos de un supermercado, ¿no estaría la ley diciendo a los ciudadanos: “robad, estúpidos”? Dice un conocido principio jurídico que “la costumbre hace la ley”. Pero con la actual legislación de “realidades”, toma cuerpo la consideración de la política como un acto de adoctrinamiento: ahora es la ley la que hace la costumbre.

La relación entre moral y ley es compleja, y ha dado lugar recientemente a una intensa discusión pública entre los partidarios de la laicidad y los del laicismo. A mi modo de ver, sí existe una relación necesaria entre lo ético y lo legal, que se resume así: todo lo legal debe ser moral, aunque no todo lo moral debe ser ley. Quiere esto decir que una ley no puede ser inmoral de suyo porque será una ley injusta. Pero al mismo no se puede caer en la tentación de elevar toda la moral a la categoría de ley, porque sería una intromisión directa e inaceptable del Estado en la conciencia de cada ciudadano.

En cierto modo, la actual legalización de “realidades” procede de una interpretación extremada del principio del “mal menor”, doctrina enunciada primitivamente por San Agustín en De ordine. Ante la existencia de un mal social persistente e irresoluble (como la prostitución), se debe o se puede aplicar una cierta tolerancia, ya que acabar totalmente con ese mal es imposible. Por otra parte, la doctrina del mal menor se debe aplicar sólo en los casos en los que el “culpable” es al mismo tiempo una víctima, como sucede con la prostitución y el aborto. Pero una cosa es que las autoridades se “hagan las tontas” ante un delito de raíz compleja, y otra muy distinta es que lo legalicen y lo incorporen al tejido social, normalizándolo. Realmente, hacer legal la excepción es convertirla en regla.

En rigor, la doctrina del mal menor es una doctrina pesimista. San Agustín, en el siglo V, no tenía lógicamente una concepción moderna de la acción social y política, por eso podía permitirse el lujo de considerar que la prostitución era un mal que incluso cumplía una cierta función social. Sin embargo, nosotros, desde la ilustración, hemos tomado conciencia de que la sociedad es algo que podemos moldear, al menos en cierta medida. Sabemos que somos y seremos lo que queramos ser. La forma de ser específica de una sociedad no es algo que venga impuesto por la naturaleza, sino que es fruto de una interacción entre las personas que la componen, es decir, siguiendo a Rousseau, es un contrato social. En otra época, ante un problema, se hubieran encogido de hombros y lo hubieran atribuido a un castigo divino o algo parecido. En la modernidad, sin embargo, aplicamos nuestra inteligencia para intentar modificar el estado de las cosas que no nos gustan. Así pues, el pesimismo no es precisamente un valor ilustrado ni moderno, por más que hoy, quienes se dicen a sí mismos herederos de la ilustración, habiten en un mundo interior sin esperanza. Lo propio del pensamiento moderno es tener fe, a veces incluso demasiada, en la fuerza de la acción social de los hombres.

Dijo Felipe González a propósito de José Luis Rodríguez Zapatero que nuestro presidente es un “optimista profesional”. El mismo PSOE en su propaganda atribuye constantemente a Zapatero el valor del optimismo. Nada más lejos de la realidad. La visión social de la actual “izquierda” es tan profundamente pesimista, que sorprende que alguien pueda confundirla con el optimismo. En todo caso, yo la calificaría de “pesimismo sonriente”. Según el PSOE, la solución a los problemas está en negar su existencia, porque de hecho son imposibles de resolver. Es aliarse con el mal en vez de intentar derrotarlo. Es una solución simple para ganar la batalla a la existencia de un problema: lo mejor es dejar de llamarlo problema y llamarlo opción; lo mejor es dejar de llamarlo delito y empezar a llamarlo derecho. Es brillante.

Hace ya mucho tiempo que la actual “izquierda” abandera la blandura posmoderna en su acción política, y es la primera en legalizar aquellas “realidades” que ya están maduras para su aprobación en las Cortes. Baila así al son que mejor suena, mecido por la brisa de la opinión pública, con la seguridad de que siempre va a acertar, como “acierta” siempre el César cuando reparte pan al populacho. Y lo peor de todo es que la derecha también ha iniciado esa misma carrera, algunas veces disimulando y otras liderando este alucinante pesimismo. ¿No hay ahora ningún político que se atreva a defender los sólidos principios ilustrados de la modernidad, frente a los volátiles contravalores de la posmodernidad? ¿Tanto vale un cargo?

Personalmente, comparto la posición de Séneca sobre estas famosas “realidades”. Escribe el filósofo hispano romano en De Ira: “Contra los males continuos y prolijos se ha de trabajar tenazmente, no para que deje de haberlos, sino para que no venzan”. El pobre Séneca no sabía que en el siglo XXI íbamos a transformar su aforismo en este otro: “Contra los males continuos y prolijos no se ha de perder el tiempo; para que deje de haberlos basta con dejar que venzan”. El problema de la posmodernidad no es que no seamos capaces de resistir al lodazal del mal, sino que directamente nos arrojamos en él.

El aborto es de derechas

Permalink 27.06.09 @ 17:08:10. Archivado en Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

Hace unos meses, en un debate en Popular Televisión Navarra, defendí que el aborto, en los términos en que se plantea en nuestra sociedad, es en realidad una política de derechas, aunque se la encubra con un velo izquierdista. Esta opinión suscitó algún desconcierto entre los políticos que participaban en la tertulia, así que parece preciso explicar más esta idea. No voy a abundar en las nociones de izquierda y derecha, pues excede las posibilidades de este artículo. Me centraré en un par de tópicos usualmente aceptados sobre la idea de izquierda, aun a costa de perder precisión conceptual.

Esos tópicos son: 1) La izquierda defiende al débil frente al fuerte (v.gr. defiende al trabajador frente al empresario); 2) La izquierda prefiere la iniciativa pública a la privada (v.gr. prefiere impulsar la enseñanza pública en vez de la concertada). La derecha, según esto, sería lo contrario.

1) Si la izquierda defiende al débil frente al fuerte, debería defender al no nacido frente a los ya nacidos que hacemos las leyes. A esto se suele replicar que el no nacido no es humano aún. No voy a discutirlo, aunque es aquí donde se cuece el asunto. Me limitaré a subrayar que no hay acuerdo social sobre cuándo un ser humano empieza a serlo. Esto es suficiente para que el legislador no tome decisiones arriesgadas.

Si la izquierda defiende al débil frente al fuerte, debería defender a la mujer frente al abuso de quienes la pueden presionar para abortar, a saber, su jefe, su marido, su novio, sus padres, la sociedad y hasta la misma clase política que parece empeñada en considerar el aborto como una opción liberadora. Cualquiera puede darse cuenta de que, en el debate público, hoy se ha sustituido el “ninguna mujer quiere abortar” por el “la mujer tiene derecho a decidir”. La primera frase asume la doctrina del mal menor: el aborto es la última salida ante una situación de injusticia irresoluble. La ley actual (que no se cumple) materializa esta doctrina en los famosos supuestos para abortar. La segunda frase, en cambio, es un dogma liberal, pues mi derecho simplemente y sin discusión vale más que el del otro. Esta doctrina es asquerosamente de derechas, y es la misma que justifica el derecho de EE.UU. a invadir Iraq si le viene en gana o el de un aristócrata a mantener oprimida a la clase trabajadora, sencillamente porque puede hacerlo. Es el triunfo de la ley del más fuerte, disfrazada de “derechos de la mujer”.

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Yo creo en Europa

Permalink 07.06.09 @ 16:58:42. Archivado en Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

(Artículo publicado en el Diario de Navarra el pasado viernes 5 de junio de 2009, con el título "Nuestra mejor invención política").

Cada vez que hay elecciones europeas, se habla en los medios de la abstención, de la falta de debate sobre asuntos europeos, de que se vota sólo en clave nacional, etc. Todo esto, aunque cierto, no hace sino contribuir aún más a desviar la atención del auténtico asunto: Europa.

La Unión Europea es una de las mejores ideas que ha tenido la humanidad en toda su historia. Surgida del dolor de la II Guerra Mundial, representa un sueño recurrente de Occidente. Desde el imperio romano, siempre ha existido la tendencia histórica a una Europa unida. Ése era el sueño megalómano de Napoleón y – triste es decirlo – hasta de Hitler. La idea de la unión no es original, pues. Lo novedoso es que, a diferencia de los antiguos mitos políticos, la UE no es una unión basada en la fuerza de uno, sino en la solidaridad de todos. La idea fue de Jean Monnet: ¿Por qué no cooperamos entre nosotros, en vez de matarnos una y otra vez, como hemos venido haciendo desde hace siglos? Cuando en 1951 se puso en marcha la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, a propuesta de Robert Schuman, lo que se pretendía era imposibilitar de hecho que una nueva guerra tiñera de sangre el viejo continente.

La utopía de Europa es muy interesante, un experimento preliminar para lo que podría ser un nuevo orden mundial, basado en la cooperación y no en el enfrentamiento. Pero está paralizada por culpa de la falta de miras, el populismo y la desidia de los políticos de los últimos años. Para ellos, Europa es un cementerio de elefantes, una barra libre para la corrupción y la tediosa burocracia. Los eurócratas han fabricado una costosa maquinaria de comisiones inútiles, de sueldos, de subvenciones, de prebendas. Su pobreza intelectual y moral ha acabado por agotar a los ciudadanos, llevando a vía muerta nuestra mejor invención política. La UE tiene hoy un grave déficit democrático. Muchas de las normativas que se aprueban en el Parlamento tienen un origen interesado y opaco. Sólo los que tienen dinero para organizarse están presentes en esta Europa de los lobbies, porque los parlamentarios, única representación que tienen los ciudadanos europeos, están demasiado “ocupados” como para asistir a los plenos. Uno de los padres de la unión, el entusiasta democristiano Konrad Adenauer, dijo: “Cuando los políticos no tienen la capacidad de gobernar, crean las comisiones”. Es toda una profecía.

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El invierno intelectual

Permalink 13.05.09 @ 22:13:23. Archivado en Pensamientos, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

Artículo publicado en el número 121 (febrero de 2009) de Nueva Revista de política cultura y arte

Es difícil legislar acertadamente en materia de educación, porque cuando se pone en marcha un nuevo sistema educativo, se hace pensando en los problemas de hoy, no en los problemas de mañana. Si ahora necesitamos un mayor nivel en matemáticas, por ejemplo, y cambiamos el sistema educativo para reforzar esa materia, no veremos los efectos de nuestra acción política hasta pasados veinte años, como mínimo. Supongo que es por esto por lo que nadie quiere ser Ministro de Educación. En efecto, aunque es una cartera de gran responsabilidad, es muy poco vistosa. Hay pocas cosas que “inaugurar”, pocas cintas que cortar y pocos aplausos que recibir, al menos en el lapso de una legislatura.

Por este mismo motivo, también es complicado hacer previsiones acertadas en el terreno de la enseñanza. Al ser una política de tan largo plazo, cuyos efectos tardan mucho tiempo en manifestarse, no hay casi capacidad de maniobra ni de rectificación. Cuando se empiezan a ver los primeros resultados de una decisión errónea, ya se han intoxicado como mínimo treinta generaciones de ciudadanos (es a esa edad más o menos cuando puede hacerse una valoración del nivel educativo global de un alumno). Y lo peor es que el responsable de la situación probablemente ya no está en la vida política y quizá está incluso durmiendo para siempre debajo de la tierra. La ausencia de un responsable inmediato hace que las decisiones en materia educativa se tomen ligeramente. Por eso es tan importante que la educación sea una cuestión de Estado, fruto de una decisión reflexiva, consensuada y prudente. Y no que sea, como pasa en España, una cuestión de partido. Hay que velar para que ninguna facción política intente arrimar el ascua a su sardina. Los representantes públicos deben ser conscientes de que, en el tema de la educación, no se trata de generar votantes, sino ciudadanos libres, virtuosos y capaces de afrontar la realidad responsablemente cuando su tiempo llegue. Ello exige de nuestros políticos generosidad y altura de miras. Quizá por eso se haga esperar tanto una reforma seria del modo en que nos planteamos la educación en España.

Hoy existe la convicción general, compartida por la mayor parte de los ciudadanos españoles y aún más por aquellos que se dedican profesionalmente a la tarea de formar a nuestros hijos, de que la preparación de los españoles es deficiente, y cada vez más. Esto es bien visible desde hace tiempo en la universidad, que es en última instancia en donde desembocan –supuestamente- los mejores y más selectos frutos de la escuela y del instituto. Los académicos con más experiencia no dejan de lamentarse de la actual situación: “Si se mantuviera el mismo nivel que hace treinta años, no aprobaría ni un solo alumno”. “Estoy harto de corregir exámenes plagados de faltas de ortografía”. “Mis alumnos son incapaces de elaborar un pensamiento por escrito, ¿pero qué les enseñan en el colegio?”. “A los jóvenes no les interesa nada de lo que les contamos, sólo quieren aprobar y sacarse un título”. “Los alumnos sólo se implican con las prácticas, la teoría les parece superflua”. Estas son algunas de las quejas que se repiten con frecuencia entre los profesores universitarios. Pero este análisis pesimista de la situación no se sustenta sólo en una sensación subjetiva y opinable de los maestros, sino que viene avalada por datos como los del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos de la OCDE (el famoso informe PISA), que sitúa a España en la parte baja en el ranking de países, a una significativa distancia de las naciones industrializadas de la Unión Europea y del mundo occidental.

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El aborto contra la razón

Permalink 26.03.09 @ 11:57:57. Archivado en Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

La postura que un ciudadano tenga sobre el tema del aborto depende básicamente de la respuesta que dé a esta pregunta: ¿Es el no nacido un ser humano? Si lo es, lo es, y debe gozar de la misma protección de la que gozamos todos. Si no lo es, no lo es, y no debe tener ninguna protección. Esto último sería algo tan moralmente aséptico como sacarse un moco, extirparse un cáncer o alguna otra cosa semejante.

De esto se deduce que defender una ley de plazos es la cosa más incoherente e hipócrita del mundo. ¿Es que el ser humano empieza a serlo en el momento de la concepción si la mujer “lo desea”, en la semana 12 si el feto está sano pero la mujer no “lo desea” y en la semana 22 si el bebé está enfermo o tiene malformaciones?

No me gusta la hipocresía. Y aún menos la hipocresía intelectual. Creo en la Razón como herramienta básica del entendimiento humano y, por ende, de la legislación; y la Razón no soporta la incoherencia, naturalmente.

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Resultados de las elecciones vascas si hubiera una única circunscripción

Permalink 03.03.09 @ 11:49:31. Archivado en Análisis de actualidad

Estos hubieran sido los resultados de las elecciones vascas si hubiera una única circunscripción:

- PNV (38.6%): 31
- PSE (30.7%): 24
- PP (14.1%): 11
- ARALAR (6.1%): 4
- EA (3.7%): 2
- IU-EBB (3.5%): 2
- UPD (2.1%): 1

Las novedades hubieran sido:

- El PNV tendría 1 escaño más (31 en vez de 30).
- El PP tendría 2 escaños menos (11 en vez de 13).
- IU tendría 1 escaño más (2 en vez de 1).

Lo demás sigue todo igual.

Por lo tanto, el gran perjudicado habría sido el PP y el gran beneficiado el PNV, que de esta manera hubiera podido sumar una mayoría nacionalista (con el apoyo de EBB-IU): 39 escaños de cuatripartito: PNV+Aralar+EA+EBB-IU) frente a 37 de los opositores "autonomistas" PSE+PP+UPD, que serían los grandes perjudicados de este sistema, en estas elecciones autonómicas de 2009.

Esto sucede porque las provincias vascas tienen cada una 25 escaños para asignar, lo que no se corresponde con su porcentaje de población. Así, el voto de Álava es mucho más "barato" que el de Vizcaya, lo cual en este caso beneficia a los "autonomistas".

En mi opinión, y aunque en este caso no me haga especial gracia, como ya defendí para las elecciones generales al parlamento español, creo que el sistema de una sola circunscripción es más representativo y facilita la aparición de partidos nuevos de ámbito estatal (en este caso autonómico).

La fe del ateo

Permalink 29.01.09 @ 11:15:00. Archivado en Cuestión de fe, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

(Artículo publicado en el Diario de Navarra el pasado lunes 26 de enero de 2008)

Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida". Éste es el lema de la campaña publicitaria que desde el pasado 12 de enero se está llevando a cabo en los autobuses de Barcelona y que amenaza con extenderse a otras ciudades españolas. Según parece, hoy empezará también en Madrid y Valencia, y posteriormente en Bilbao, Zaragoza y Sevilla. La iniciativa original surgió en Reino Unido, en donde ya circulan desde principios de mes 200 autobuses en Londres y otros 600 en el resto del país.

En general, tanto los creyentes como los representantes autorizados de las diversas confesiones han reaccionado sin acritud a esta campaña, muy a pesar de sus promotores, que han venido caldeando el ambiente para intentar forzar una respuesta amarga o visceral de los diferentes grupos religiosos. Salvo excepciones deshonrosas y muy puntuales, o no ha habido ninguna reacción o ésta ha sido más bien favorable. No podía ser de otra manera, ya que en última instancia no hay nadie más religioso que un ateo militante. El debate sobre la existencia de Dios está en el mismo corazón de la fe, de cualquier fe, y por lo tanto nunca puede ser negativo para una religión.

En este contexto hay que situar la iniciativa de una iglesia evangélica de Fuenlabrada, que ha replicado a los ateos con un anuncio en otro autobús de Madrid, esta vez con el lema "Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo". Los evangélicos tratan de aprovechar inteligentemente la inercia informativa de la campaña atea para contraatacar, poniendo el lema conceptualmente del revés. Una maniobra hábil, que intenta sacar partido del punto débil de una campaña en la que no se ofrece un producto (Dios), sino un contraproducto (No Dios). Los ateístas no ofrecen una alternativa, sólo intentan provocar el descrédito de la competencia. A eso se le llama publicidad desleal y está prohibida en España, salvo que el anuncio se apoye "en alegaciones que sean exactas, verdaderas y pertinentes".

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La Constitución acatarrada

Permalink 06.12.08 @ 14:56:57. Archivado en Análisis de actualidad

Desde hace algunos años, coincidiendo con la primera legislatura del Presidente José Luis Rodríguez, ha ido creciendo de modo significativo el número de gente empeñada en abrir el debate sobre la reforma constitucional. Según una reciente encuesta del CIS, el 52,7% de los españoles piensan que habría que modificar nuestra Constitución. Al parecer de estos ciudadanos, tiene defectos lo suficientemente graves como para que merezca la pena abrir los siete sellos que protegen a nuestra norma común de las veleidades del turnismo y del ajedrez partidista o electoralista.

En líneas generales, la situación es la siguiente: a los diversos nacionalismos españoles el Estado de las Autonomías se les ha quedado corto y piensan que la nueva constitución debería empezar por reconocer aún más competencias a las Comunidades Autónomas. Definir España como un Estado Federal sería un buen principio para ellos. Pero no sería suficiente. Desde la óptica nacionalista, lo óptimo sería el reconocimiento explícito del derecho de independencia. Gracias a los diversos estatutos de autonomía que se han desarrollado en la anterior legislatura, cunde entre los nacionalistas la sensación de que se ha agotado nuestro peculiar modelo de autogobierno, tan alabado siempre por los observadores internacionales. Ya no hay mucho más que rascar por ahí. Las pocas competencias que aún permanecen sin transferir (tras los nuevos desarrollos estatutarios) son prácticamente las que distinguen a un Estado federal de una federación de Estados independientes.

Por otra parte, desde el ala izquierda, se oyen cada vez más voces que reclaman una constitución “adaptada a los tiempos modernos”. Según un análisis muy extendido, la Constitución del 78 habría sido para la izquierda la aceptación de un mal menor, fruto de un momento histórico en el que “el ruido de sables” y el desmesurado poder de ciertas instituciones obligó a aceptar una Carta Magna tibia y con amplias concesiones a la Iglesia, a la monarquía y a la derecha, de quienes se temía que rompieran la baraja de la negociación. Así, la Constitución no era un punto de llegada, sino de partida. Como suele escucharse, fue “todo lo que entonces se pudo conseguir”. Pero no era ni mucho menos satisfactoria para el ala más extremada de la izquierda ni tampoco para el nacionalismo.

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UPN, irresponsabilidad o cambio de estrategia

Permalink 23.10.08 @ 10:45:09. Archivado en Crónica provinciana, Análisis de actualidad

Entre UPN y PP la cosa está que arde. Y la sensación más extendida es el estupor, ya que el asunto nos ha pillado a todos con el pie cambiado. Al fin y al cabo, ¿quién se esperaba esto? Y, sobre todo, ¿cuál de los dos partidos gana algo con la ruptura?

No nos dejemos llevar por el juicio ligero y analicemos el asunto cuidadosamente. Sólo existen, de hecho, dos posibilidades: La primera posibilidad es que la ruptura del pacto UPN-PP no estuviera en los planes de Miguel Sanz cuando mencionó, hace algún tiempo, la posibilidad de abstenerse en los presupuestos del Gobierno. Si no era la intención del presidente de UPN romper con el PP, debemos suponer que todo este tumulto ha sido provocado por la incontinencia verbal de los líderes de uno y otro partido. Estaríamos, pues, asistiendo a una batalla interna para ver quién manda aquí, una lucha para dilucidar si UPN debe supeditarse a la voluntad de los barones del PP en Madrid o, por el contrario, debe mantener su independencia “para salvaguardar los intereses de Navarra”.

A estas alturas ya está claro que los presupuestos no son tampoco para tirar cohetes. Pero entonces, ¿cuáles son en realidad esos famosos “intereses de Navarra” que está defendiendo Miguel Sanz? Como bien ha apuntado algún comentarista, UPN se ha visto obligado a “abstenerse en Madrid para gobernar en Navarra”. En efecto, parece que la etérea amenaza de una moción de censura al actual gobierno UPN-CDN o algo tan concreto como la abstención de PSN en los presupuestos del Gobierno Foral sería la explicación menos irracional de la conducta del Sr. Sanz.

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Órdago a la Historia

Permalink 02.10.08 @ 14:59:07. Archivado en Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

(Artículo publicado en el Diario de Navarra el pasado domingo 28 de septiembre de 2008)

Con cierta periodicidad, saltan al debate público una serie de temas que guardan relación con nuestra Historia. Es el caso de la ley de memoria histórica, de las polémicas sobre los nombres franquistas de las calles o, más recientemente, de la mística providencia del juez Garzón para censar a las víctimas del franquismo. Esta misma semana, el ilustre magistrado ha recibido, de la mano de siete asociaciones, un listado con 130.137 nombres de desaparecidos en la Guerra Civil española.

Siempre que renace el fantasma de la Historia (y lo suele hacer como Fénix, una y otra vez), oímos en política un estruendoso redoble de tambores. Todo aquello que da en llamarse izquierda se sube con prestancia al carro, abanderando unas reivindicaciones que suenan a revancha. Se pasea con aires de legitimidad, solvente y altiva, como quien siente que la Historia le ha dado la razón. Abusa de vocablos como “restituir”, “recordar” o “pasado”. Por su parte, eso a lo que llamamos derecha (porque ella misma se nomina vagamente centro) deambula cabizbaja de un lugar a otro, pidiendo perdón o protestando con la boca pequeña, nadando a dos aguas, ni contigo ni sin ti, murmurando palabras como “olvidar”, “mirar al futuro” y otras semejantes.

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Dura lex, sed lex

Permalink 02.07.08 @ 14:49:42. Archivado en Crónica provinciana, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

(Artículo publicado en Diario de Navarra el 12 de junio de 2008)

Leo con atención una nota de prensa de la plataforma Navarra Educa en Libertad, en la que se denuncia el “hostigamiento a los objetores de Educación para la Ciudadanía”. En ella, se informa de que un centro público de Navarra ha enviado una amonestación a un alumno objetor por sus reiteradas e injustificadas faltas de asistencia a clase. La amonestación advierte de que, caso de persistir esa conducta, se iniciará el consecuente expediente sancionador. Navarra Educa en Libertad ofrece su “más rotundo apoyo” al alumno y argumenta que las faltas sí están justificadas, ya que el estudiante ha presentado su objeción de conciencia en el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra.

Paralelamente a este hecho concreto, se vienen efectuando ciertas presiones mediáticas al Gobierno de Navarra para que tome partido por los objetores y dé la espalda, en este asunto, a la legislación vigente y, por ende, al gobierno de España. El argumento es que UPN, para ser fiel a su electorado, debería actuar conforme a su propio programa y desmarcarse de una ley que se considera a todas luces injusta.

Antes de seguir adelante, es preciso dejar claro que estoy en contra de la asignatura Educación para la Ciudadanía, tal como viene planteada por la LOE. Obviamente, estoy a favor de una asignatura que enseñe a los chavales los principios básicos de nuestro ordenamiento constitucional, sus derechos y obligaciones como ciudadanos, el respeto a las reglas de juego, etc. Pero estoy en contra de que, so capa de la formación de ciudadanos libres e iguales, se estén metiendo con calzador conceptos y valores que son discutibles y muy discutidos en nuestra sociedad. En resumen: sí a una asignatura de consenso, de mínimos. No a una asignatura obligatoria que tome partido por una visión específica del hombre o del mundo. La formación de la conciencia no es ni puede ser competencia del Estado, que debe ser neutral para respetar el propio principio de laicidad del que tanto se habla cuando interesa, pero que se obvia cuando se vuelve en nuestra contra.

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Resultados de las elecciones si hubiera una única circunscripción

Permalink 10.03.08 @ 11:41:01. Archivado en Análisis de actualidad

Estos hubieran sido los resultados de las elecciones si hubiera una única circunscripción (lo he hecho con este simulador):

PSOE (45.1%): 161
PP (41.5%): 147
IU (3.9%): 14
CIU (3.2%): 11
UPyD (1.2%): 4
EAJ-PNV (1.2%): 4
ESQUERRA (1.2%): 4
BNG (0.9%): 3
CC-PNC (0.7%): 2
CA (0.3%): Ninguno
NA-BAI (0.3%): Ninguno
EA (0.2%): Ninguno
Ciudadanos (0.2%): Ninguno
PACMA (0.2%): Ninguno

*

Las novedades hubieran sido:

- El Psoe y el PP tendrían menos escaños (8 menos PSOE, 6 menos PP)
- IU tendría 14 escaños en vez de 2.
- PNV tendría 4 escaños en vez de 6.
- Esquerra tendría 4 escaños en vez de 3.
- BNG tendría 3 escaños en vez de 2.
- UPyD tendría 4 escaños en vez de 1.
- NaBai no obtendría ningún escaño.

El sistema de la circunscripción única para toda España, como se ve, tiene una ventaja y un inconveniente:

Inconveniente: Los partidos mayoritarios tienen menos escaños en general, lo que puede dificultar en ocasiones la gobernabilidad.

Ventaja: La representación es más proporcional al número de votantes y se pierden muchos menos votos "en el sistema". Esta pérdida de votos perjudica a partidos nacionales minoritarios como IU y UPyD.

No es cierto que la circunscripción única perjudique notablemente a los nacionalistas. Ciu y CC sacarían los mismos escaños, BNG y ERC subirían 1. Perderían 2 PNV y 1 NaBai.

Creo que este sistema de circunscripción única para toda España es mucho más justo y propicia la creación de nuevos partidos. El sistema actual es muy conservador, bipartidista, poco representativo de la realidad y dificulta en exceso el acceso a la política de nuevos partidos, lo cual es malo para nuestra salud democrática.

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