La anábasis de Jenofonte
12.06.09 @ 16:59:58. Archivado en Artículos publicados en otros medios, Mi engolada Biblioteca
Texto del miniprograma radiofónico "La Biblioteca", de 98.3 Radio. En este programa hablo sobre libros y otras cosas inútiles y anticuadas. Si quieres escuchar cómo lo perpetro (engolando la voz, entregándome al asianismo retórico y patinando, todo ello al mismo tiempo) puedes hacerlo a través de esta web. Es el programa con fecha de 20.04.09.
De entre todos los historiadores de la antigüedad, uno de los más admirados fue siempre Jenofonte. Nació en Atenas en el año 431 antes de Cristo. Durante su juventud fue discípulo de Sócrates y participó en la Guerra del Peloponeso. Posteriormente, se unió a la famosa Expedición de los Diez Mil, con motivo de la cual escribió su Anábasis. Al regresar a Grecia, Jenofonte, que siempre había sido un admirador del sistema político espartano, combatió en la batalla de Coronea junto con los lacedemonios contra una liga de ciudades griegas, entre las que estaba su ciudad natal, motivo por el que fue declarado persona non grata en Atenas. Los espartanos para recompensarle por sus servicios le dieron una finca en su territorio, en Escilunte, cerca de Olimpia. Ahí fue donde Jenofonte empezó a escribir sus obras. Tiempo después, Esparta y Atenas volvieron a aliarse para contrarrestar el poder de la emergente Tebas, y a Jenofonte le fue permitido volver a su patria, aunque no se sabe si lo hizo. Jenofonte cruzó la laguna estigia, en compañía del alado Hermes, en el año 354 antes de Cristo.
Entre sus obras destacan una Apología de Sócrates, las Helénicas, que son una continuación de la inacabada historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, la Ciropedia, una semblanza del rey persa Ciro II, y por supuesto la Anábasis, también conocida como La expedición de los 10.000. Es de esta obra de la que voy a hablar ahora.
En el año 401 antes de Cristo, el príncipe Ciro el joven se rebeló contra su hermano mayor Artajerjes. Contrató un ejército de mercenarios griegos, comandados por el espartano Clearco, y se adentró en el reino persa hasta llegar a las proximidades de Babilonia. Allí tuvo lugar la batalla de Cunaxa, que terminó con la derrota y muerte de Ciro. En esa difícil situación, los mercenarios griegos iniciaron una prudente retirada, amenazados constantemente por el ejército victorioso de Artajerjes. Asesinados Clearco y los demás generales griegos, los soldados se vieron en la obligación de nombrar nuevos jefes, entre ellos al propio Jenofonte. De este modo, manteniéndose unido y bajo el yugo de una férrea disciplina, el ejército recorrió 4.000 kilómetros hasta la colonia griega de Trapezunte, a orillas del mar negro, donde consiguieron ponerse a salvo. La Anábasis relata todos estos sucesos.
El libro está escrito en tercera persona, a pesar de que el tipo que lo escribe es a la vez juez y parte, ya que Jenofonte se atribuye un papel muy importante en la expedición a partir del asesinato de Clearco. Esta fórmula objetivista es relativamente habitual en los escritos históricos de la antigüedad, como sucede también en el caso de Julio César. Es una forma interesante de abanicarse el ego, pues se trata de relatar con la asepsia de un historiador imparcial los gloriosos hechos de armas de los que uno mismo es protagonista. De alguna manera, es crearse un mito propio, automitificarse, como hace ahora el calculado marketing político con un candidato. Es crearse un personaje que vivirá para siempre en la inmortalidad, por los siglos de los siglos.
La historia de la Anábasis es una demostración de que se puede perder una guerra sin perder la dignidad, y esto es aplicable a la vida. El ejército de mercenarios, gracias en gran medida a las prudentes decisiones de sus jefes, a su superioridad militar y a la inteligencia de su tácticas, permanece invicto durante toda la expedición. Si se quiere, la Anábasis es la historia de una huida victoriosa, que hizo ganar gloria a los soldados que se paseaban por una Persia plagada de enemigos que les rehuían el combate.
Pero además, la Anábasis es una historia divertida, entretenida, didáctica, trepidante, que hará las delicias de aquellos a los que les guste saber que hace 2500 años éramos tan humanos como ahora.
Anábasis, de Jenofonte. Una lección de estrategia, de honor y de dignidad.
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Gabriel de Pablo
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