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El invierno intelectual

Permalink 13.05.09 @ 22:13:23. Archivado en Pensamientos, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios

Artículo publicado en el número 121 (febrero de 2009) de Nueva Revista de política cultura y arte

Es difícil legislar acertadamente en materia de educación, porque cuando se pone en marcha un nuevo sistema educativo, se hace pensando en los problemas de hoy, no en los problemas de mañana. Si ahora necesitamos un mayor nivel en matemáticas, por ejemplo, y cambiamos el sistema educativo para reforzar esa materia, no veremos los efectos de nuestra acción política hasta pasados veinte años, como mínimo. Supongo que es por esto por lo que nadie quiere ser Ministro de Educación. En efecto, aunque es una cartera de gran responsabilidad, es muy poco vistosa. Hay pocas cosas que “inaugurar”, pocas cintas que cortar y pocos aplausos que recibir, al menos en el lapso de una legislatura.

Por este mismo motivo, también es complicado hacer previsiones acertadas en el terreno de la enseñanza. Al ser una política de tan largo plazo, cuyos efectos tardan mucho tiempo en manifestarse, no hay casi capacidad de maniobra ni de rectificación. Cuando se empiezan a ver los primeros resultados de una decisión errónea, ya se han intoxicado como mínimo treinta generaciones de ciudadanos (es a esa edad más o menos cuando puede hacerse una valoración del nivel educativo global de un alumno). Y lo peor es que el responsable de la situación probablemente ya no está en la vida política y quizá está incluso durmiendo para siempre debajo de la tierra. La ausencia de un responsable inmediato hace que las decisiones en materia educativa se tomen ligeramente. Por eso es tan importante que la educación sea una cuestión de Estado, fruto de una decisión reflexiva, consensuada y prudente. Y no que sea, como pasa en España, una cuestión de partido. Hay que velar para que ninguna facción política intente arrimar el ascua a su sardina. Los representantes públicos deben ser conscientes de que, en el tema de la educación, no se trata de generar votantes, sino ciudadanos libres, virtuosos y capaces de afrontar la realidad responsablemente cuando su tiempo llegue. Ello exige de nuestros políticos generosidad y altura de miras. Quizá por eso se haga esperar tanto una reforma seria del modo en que nos planteamos la educación en España.

Hoy existe la convicción general, compartida por la mayor parte de los ciudadanos españoles y aún más por aquellos que se dedican profesionalmente a la tarea de formar a nuestros hijos, de que la preparación de los españoles es deficiente, y cada vez más. Esto es bien visible desde hace tiempo en la universidad, que es en última instancia en donde desembocan –supuestamente- los mejores y más selectos frutos de la escuela y del instituto. Los académicos con más experiencia no dejan de lamentarse de la actual situación: “Si se mantuviera el mismo nivel que hace treinta años, no aprobaría ni un solo alumno”. “Estoy harto de corregir exámenes plagados de faltas de ortografía”. “Mis alumnos son incapaces de elaborar un pensamiento por escrito, ¿pero qué les enseñan en el colegio?”. “A los jóvenes no les interesa nada de lo que les contamos, sólo quieren aprobar y sacarse un título”. “Los alumnos sólo se implican con las prácticas, la teoría les parece superflua”. Estas son algunas de las quejas que se repiten con frecuencia entre los profesores universitarios. Pero este análisis pesimista de la situación no se sustenta sólo en una sensación subjetiva y opinable de los maestros, sino que viene avalada por datos como los del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos de la OCDE (el famoso informe PISA), que sitúa a España en la parte baja en el ranking de países, a una significativa distancia de las naciones industrializadas de la Unión Europea y del mundo occidental.

También en la empresa se está empezando a percibir con cierta preocupación el bajo nivel educativo de los jóvenes españoles. En el mundo del periodismo, por ejemplo, es cada vez más difícil encontrar un licenciado que no cometa una retahíla de faltas de ortografía o de errores sintácticos o gramaticales. Pero no es sólo que padezcamos un grave déficit en Ciencias Humanas, sino que tampoco aguantamos la comparación en formación científica e incluso técnica con los países más avanzados y competitivos.

Muchas y diversas voces reclaman, pues, un cambio en el sistema educativo. Y eso está muy bien, pero no podemos ser ingenuos. El problema no consiste en el sistema educativo en sí, que al fin y al cabo es un mero contenedor, un camino o, como se dice ahora, un itinerario. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Por sí solo, un buen sistema educativo no crea un buen alumno, aunque un mal sistema educativo sí puede destruirlo. La clave está, con el permiso de Rodríguez Zapatero, en cambiar el “talante” de nuestra enseñanza. Necesitamos recuperar el amor por el conocimiento.

Sin embargo, parece que los aires no soplan por ahí. En el fárrago del debate político sobre educación que desde hace varios años sacude España, se han escuchado algunas perlas de los dos principales líderes políticos. Zapatero dijo aquello de “Más gimnasia y menos religión” durante la campaña electoral de 2004. Rajoy, por su parte, pidió cuatro años después “Más inglés y nuevas tecnologías y menos Educación para la ciudadanía”. Lo preocupante de ambas propuestas no es su divergencia (que no entraré a valorar), sino sus puntos en común. Curiosamente, ambas propuestas se dirigen hacia lo pragmático y rechazan implícitamente preguntarse por el porqué y el para qué de las cosas. El actual Presidente del Gobierno cree que hay que cuidar más el cuerpo que el alma, mientras que el líder de la oposición apuesta decididamente por los saberes técnicos. Obviamente (y no lo escribo con ironía), la Educación Física es importante, y cada vez más en una sociedad sedentaria como la nuestra. Y sí, también es cierto que hemos dejado “para septiembre” los idiomas y la informática, aunque no es menos cierto que esta tara la sufre más la generación de Rajoy o Zapatero que las nuevas generaciones. Pero entonces, ¿se resume realmente así nuestro problema educativo: “más técnica y menos sabiduría, más cómo y menos para qué”? ¿Es ésa la receta para solucionarlo?

En realidad, nuestros líderes políticos no hacen más que recoger un pensamiento y una tendencia social que se ha generalizado. Eso no les disculpa, ya que su función no es la complacer a las masas para ser elegidos una y otra vez, sino guiar a la sociedad hacia nuestro viejo y desconocido amigo el bien común. Hoy nos hemos vuelto adoradores de un ídolo que se llama utilidad, y a él lo sacrificamos todo. Naturalmente, el conocimiento y el uso de la técnica es necesario e importante. Pero la técnica, como herramienta de un saber, no puede ser nunca un fin en sí mismo, sino un medio. La técnica y la tecnología nos informan sobre cómo hacer mejor las cosas, de un modo más eficiente, más ordenado, más rápido. Pero no nos dicen qué debemos hacer, ni cuándo, ni por qué ni para qué. Poner el acento en que hay que aprender inglés e informática (o incluso gimnasia, no se rían) viene a significar que los españoles sabemos muy bien quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, pero necesitamos mejorar la aplicación de nuestros conocimientos. Es como decir que estamos trufados de brillantes ideas, pero no sabemos bien cómo ejecutarlas.

Ciertamente, no me da esa sensación. Más bien pienso que estamos en el pelotón del desconcierto posmoderno, fascinados por el fabuloso despegue tecnológico de los últimos tiempos, al que nos hemos sumado a veces con exagerado entusiasmo, como si la técnica fuera la panacea de todos los males o la solución a todos nuestros problemas. En cierto modo, hemos consagrado el sofisma (en sentido estricto) como configurador de nuestra vida. La nueva vara de medir, el nuevo postulado de la ética personal y social, se resume al parecer en esta frase: “Si puede hacerse, debe hacerse”. Pero si dejamos nuestro juicio en manos de lo útil, y no de lo verdadero o de lo justo, cualquier cosa es válida, mientras sea posible. Es de aquí, de nuestra admiración patológica por lo técnico, por lo útil, de donde procede el actual imperio del relativismo.

La técnica por sí sola no nos hace más felices ni más capaces de resolver las grandes cuestiones que salpican nuestro siglo. Además, abandonados en los brazos sensuales de la utilidad y el interés propio, acomodados como estamos en nuestro chaise-longue contemporáneo, pensamos que las cosas van a seguir siempre igual y dejamos de luchar para que cambien. No hay ideales sin verdad y las acciones a largo plazo son sistemáticamente desechadas, como enemigas de lo útil, que es por naturaleza cortoplacista. Estamos como aletargados, viendo morir a manos de la pereza todos aquellos valores que han hecho grande nuestra civilización occidental.

La fascinación por la técnica que tan bien nos hace vivir tiene la culpa de que el mundo actual (y España también) sufra una desazonadora falta de ideas, un auténtico invierno intelectual. Aún mantenemos la inercia de lo que fuimos, pero no tenemos ni la más remota idea de lo que queremos ser. Estamos traicionando la herencia de esa gran corriente de pensamiento que nos ha hecho disfrutar hoy de derechos, libertades, bienestar y conocimientos impensables hace apenas unas décadas. Esa traición es un signo de la arrogancia con la que vivimos. Creemos que nuestro mundo es el mejor posible y que no tenemos nada que aprender de los pensadores de otras épocas. Por pura soberbia rechazamos las tradiciones de todo tipo, también por supuesto las intelectuales y científicas.

Es un error. Precisamente ahora que dominamos las herramientas para hacer muchas cosas, necesitamos pararnos a pensar. Hoy más que nunca necesitamos intelectuales, eruditos que nos conecten con la tradición y con la historia; creadores de pensamiento que nos orienten hacia el futuro, hacia lo que deberíamos ser. Porque tenemos una crisis de verdad. Porque es la verdad misma la que está en crisis. Nos jugamos el futuro de nuestra civilización occidental.

El diagnóstico es pesismista, en efecto, pero la situación se puede revertir, porque el remedio está en nuestras manos. Ya hay una masa crítica que hoy en día vagabundea en el descontento. Se oye decir que vamos demasiado rápido, que estamos huyendo hacia adelante, que nuestro estilo de vida egoísta y consumista no es sostenible, que deberíamos hacer algo. Necesitamos líderes que movilicen a esa mayoría descontenta y apática. Necesitamos intelectuales que inspiren a nuestra sociedad, nos hagan despertar del cinismo en el que dormitamos y nos ayuden a recuperar el entusiasmo.

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Sociología-ficción

1960 (aproximativo) Nace la primera generación de españoles que se ha educado bajo el nuevo paradigma social de la utilidad y la fascinación por la técnica. Diversas y sucesivas reformas educativas consagran el nuevo modelo. El nivel educativo de la población general baja de manera constante.
2025 Se jubilan y se retiran de la vida pública los últimos ciudadanos (nacidos antes de 1960) que habían sido educados en los viejos paradigmas intelectuales. Los efectos de la falta general de ideas son en este momento visibles y devastadores.
2030 (especulativo) Atendiendo por fin al descontento social generalizado, se promulga una nueva ley educativa de consenso que rescata el valor de la verdad y el compromiso frente a la utilidad y la apatía.
2055 (especulativo) Momento en que la primera generación de nuevos intelectuales se incorporan al mercado laboral y a la vida social activa.
2080 (especulativo) Momento en que las nuevas generaciones de intelectuales alcanzan cargos directivos. La humanidad occidental y la sociedad española están por fin de nuevo en disposición de buscar nuevas líneas de acción para la resolución de problemas.


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Comentarios:
Igualmente, Pedro, encantado de conocerte y mucho ánimo en tu vida.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 27.05.09 @ 21:56
...ísimo historiador. Bueno, no sé si esto da para mucho más, así que lo dejo. Encantado de conocerte.
Enlace permanente Comentario por pedro 27.05.09 @ 21:55
El espíritu crítico no se enseña: se vive. Y se transmite por el ejemplo, no por la palabra. ¿Cómo va a enseñar espíru crítico quien está tan a gusto en el medio en que vive? La gente crítica molesta y es muy incómoda. Y según en qué sitios y circunstancias, se les mata (3300 en Navarra hace poco, pero hay muchos más ejemplos). O se les expulsa o se les hace la vida imposible. Y los alumnos nos calan a la primera, que en eso tienen mucha experiencia. Y ellos son los que tendrían que decir qué grado de rebeldía tienes. Igual eres el primer profesor rebelde de la Universidad de Navarra, vete a saber...
Ah, y expulsados los hay, pero es mejor dejar el tema: el que yo conocí murió hace mucho tiempo. Otro sistema era no dejar entrar y aquí hay ejemplos sangrantes de gente muy capaz a la que se le vetó porque no caía bien. En Historia, que es lo mío, no se le dejó estudiar a Jimeno Jurío padre. Es el típico al que los años agrandan su tabajo y cada vez se evidencia más que era un grand...
Enlace permanente Comentario por pedro 27.05.09 @ 16:08
Por otra parte, como profesor de instituto, aunque estés cargado de realismo (por tu edad y experiencia), creo que es bueno que inculques a tus alumnos una buena dosis de espíritu crítico, precisamente porque crees (como creo yo) que tener espíritu crítico es bueno para no estar domesticado por el poder. Estoy seguro, aun sin conocerte, de que sí se lo inculcas en tus clases. Un saludo.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 27.05.09 @ 15:16
Tienes razón, el conformismo no es algo nuevo y (también tienes razón) al poder le interesa que la gente no se menee. Pero supongo que me concederás que yo sí pueda ser un inconformista, que lo soy, para bien o para mal.

Respecto de mi universidad: tengo desde siempre mucho contacto con ella (personal y de amigos) y no sé de ningún caso en que se hubiera expulsado a algún alumno por su ideología. Al contrario, por mi experiencia personal, te diré que he tenido como alumnos a bastantes chavales hijos de dirigentes o militantes de todos los partidos del espectro político (de izda. y dcha.) y no hay problema, al contrario, para mi es una de las salsas de la universidad, que hay un montón de gente distinta y en clase te preguntan y te obligan a argumentar muy fino. Es genial.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 27.05.09 @ 15:11
¿Conformismo, dices? Yo he conocido la dictadura. ¿Qué te crees que hacía la gente? Conformarse con lo que había. Y los de la generación anterior lo mismo con las penurias y el hambre de la posguerra. Y los anteriores con otra cosa. Siempre ha habido conformismo. Es muy útil para el poder. Y lo que no se consiente es el espíritu crítico (en tu universidad tampoco: se ha llegado a expulsar alumnos por su ideología, lo que no encaja mucho en un centro universitario; por si acaso, no preguntes mucho sobre el tema porque te dirán que nunca se ha expulsado a nadie y eso es mentira, pero te señalarás y eso no es bueno, que lo mejor es ser conformista)
Enlace permanente Comentario por PEDRO 27.05.09 @ 00:55
Por cierto, como ves, tengo una gran capacidad de colocar "chapas".
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 26.05.09 @ 23:27
Sin embargo, los jóvenes no son los culpables de su conformismo o su desorientación; en realidad, son víctimas precisamente del aburguesamiento de los mayores. Ahora bien, esto es una cuestión de percepción: el conformismo de nuestra sociedad yo lo veo como una regla y tú como una excepción. En todo caso, supongo que coincidiremos en que, excepción o regla, el conformismo es en todo caso una cosa negativa.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 26.05.09 @ 23:24
...derechos sociales, ni democracia, ni bienestar, ni ciencia, ni nada de todo aquello que creo que merece la pena conservar del legado de nuestros antepasados. Por otra parte, que yo esté más o menos pegado a la realidad, no me corresponde a mi juzgarlo, pues es difícil concederse a uno mismo el título de "experto en realidad". Lo cierto es que allí donde miro (y no me refiero sólo a los jóvenes) sólo veo muuuucho conformismo (en el mejor de los casos) y muuuuucho cinismo en el peor (claro que siempre hay excepciones). Un ejemplo: lo único por lo que la gente joven se ha movilizado recientemente de modo masivo ha sido por el "derecho al botellón". No por el tercer mundo o por el paro, qué se yo. Otro ejemplo: ¿sabes la cantidad de chavales depresivos o con problemas vitales serios que nos llegan a las universidades? Es demoledor, y cada vez va a más.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 26.05.09 @ 22:51
¡Hombre, así que tú también eres de Pamplona! (con esto del internet no sabes si estás hablando con tu vecino o con alguien que está en Fuengirola o en Puerto Rico) Dices que "parezco el abuelo cebolleta". Lo concedo. Siempre he sido escribiendo un "joven grave", ya desde que era un chaval. Sin embargo, aun siendo grave, mantengo una cosa que, a mi modo de ver, sí es propia de un joven: el idealismo, el querer mejorar las cosas. Que siempre se haya dicho que "todo va de mal en peor" no significa que ahora haya que dejar de decirlo, no crees? Ese grupo de gente "plasta" que está todo el rato tocando la moral a los demás es la que nos hace progresar, movernos (hacia mejor o, es verdad, también hacia peor). Precisamente lo propio de nuestra época, a diferencia de otras, es el decir: "total, pá qué, si nada va a cambiar". Es de eso precisamente de lo que va mi artículo. De que seamos así de conformistas. Si hace dos siglos hubieran dicho eso, ahora no habría...
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 26.05.09 @ 22:50
ahora lo único que hay es un terrible desencanto. Que los jóvenes estén desencantados, que pasen de todo y se limiten a vegetar en un océano de consumo, no me parece precisamente "normal" en la historia de la Humanidad. Creo que es un grave déficit de nuestra sociedad: falta el impulso moral de la juventud, precisamente porque hoy educamos a los jóvenes en el "bienestar", porque nosotros mismos nos hemos sumergido en él.

Ya puedes tener los años que quieras, estas frases son propias del abuelo cebolleta. No sé si pisas la calle, la parte vieja de la ciudad, los barrios, los pueblos alrededor de Pamplona... Si lo haces, verás una buena juventud, con su porcentaje de impresentables, si, pero no mayor que el de mi época (tengo más años que tú). ¿No has pensado que igual has perdido contacto con la realidad, con la Pamplona real? ¿Cuánto hace que no has paseado por la Txantrea o por Burlada, sin prisas?
Enlace permanente Comentario por pedro 26.05.09 @ 16:16
Pedro: quizá pienses que soy el típico abuelete que piensa que "cualquiera tiempo pasado fue mejor". Si te fijas en mi foto de arriba a la izquierda, verás que soy un "chaval" de 32 años. Quiere esto decir que en mi artículo no estoy criticando a otros, sino precisamente a mí mismo, a mi misma generación. Hoy los jóvenes "pasamos" de todo. No siempre ha sido así. Hace no mucho aún había ideales (ideologías, si quieres), ahora lo único que hay es un terrible desencanto. Que los jóvenes estén desencantados, que pasen de todo y se limiten a vegetar en un océano de consumo, no me parece precisamente "normal" en la historia de la Humanidad. Creo que es un grave déficit de nuestra sociedad: falta el impulso moral de la juventud, precisamente porque hoy educamos a los jóvenes en el "bienestar", porque nosotros mismos nos hemos sumergido en él.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 26.05.09 @ 09:30
¿Crisis? ¿De inquietudes, de ideales, de preguntas? Bien y tú, como dicen en mi pueblo. Que lo de creer que las generaciones que vienen no son tan buenas como nosotros es más viejo que el mear. El mundo va hacia adelante, sin duda alguna, en lo técnico y en el pensamiento. ¿Tienes sensación de haberte quedado atrás, de no comprender a los jóvenes de ahora? Los que conoces de la Universidad es una parte pequeñita -muy pequeñita- de la juventud; y muy particular. En la calle hay muchos más, en las fábricas, en el paro... No los minusvalores ni los menosprecies. No existe mayor crisis de la que ya existía y de la que estamos dejando los que nos creemos poseedores de las esencias. Y además nos van a pagar la pensión con su trabajo, así que no se merecen que nos quejemos de ellos.
Enlace permanente Comentario por pedro 25.05.09 @ 21:52
...y sin intelectualidad dejamos el futuro en manos del "azar social" porque no sabemos a dónde queremos ir.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 25.05.09 @ 21:34
Naturalmente el artículo es una generalización, puede haber honrosas excepciones. Yo, además de ser periodista, doy clases en una universidad. Me limito por una parte a consignar lo que veo de primera mano y por otra a reflejar la opinión de la mayoría de mis colegas. La cuestión que yo critico en mi artículo no es que ahora los chavales "no sepan nada", sino que toda la sociedad y todo el sistema educativo (del que los estudiantes son víctimas, y más aún con Bolonia) se orienta hacia los saberes técnicos, es decir esos "que sirven para algo". Mi pensamiento sobre esta cuestión se resume en la famosa frase de TS Eliot: "¿dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento? ¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?" Sabemos muchas cosas, pero de una manera dispersa. Ya no somos capacez de fabricar "un relato" que mueva la humanidad hacia algún sitio concreto. Es una crisis de inquietudes, de ideales, en definitiva de preguntas. Y sin preguntas no hay intelectualidad...
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 25.05.09 @ 21:33
Te digo lo del instituto porque yo trabajo en uno, es mi profesión, y me parece que estoy más en la realidad que tú, que pareces manejar datos ajenos, no de primera mano. Nunca ha estado preparada la juventud como lo está ahora, ni en lo técnico ni en lo de "letras". Me parece que ya en la Biblia se recoge aquello de que los tiempos pasados fueron mejores y esas cosas. No hagas caso: los alumnos de ahora saben más cosas y de mejor manera que nosotros, por mucho que nos creamos chachi pirulis.
Enlace permanente Comentario por pedro 25.05.09 @ 19:11
Pedro: No entiendo muy bien por qué dices lo del instituto, pero me parece heroico que te lo hayas leído "casi todo". Un saludo.
Enlace permanente Comentario por Gabriel de Pablo 24.05.09 @ 20:53
Me lo he leído casi todo. Igual me equivoco, pero me parece que hace mucho que no pisas un instituto (igual no has estado nunca en uno, vete a saber)
Enlace permanente Comentario por pedro 24.05.09 @ 11:31

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