El regalo de los Reyes Magos, de O. Henry
23.03.09 @ 21:44:29. Archivado en Artículos publicados en otros medios, Mi engolada Biblioteca
Texto del miniprograma radiofónico "La Biblioteca", de 98.3 Radio. En este programa hablo sobre libros y otras cosas inútiles y anticuadas. Si quieres escuchar cómo lo perpetro (engolando la voz, entregándome al asianismo retórico y patinando, todo ello al mismo tiempo) puedes hacerlo a través de esta web. Es el programa con fecha de 16.03.09.
¿Se puede escribir una obra maestra del relato corto en sólo tres horas, acuciado por un imperioso plazo de entrega? Se puede. ¿Se puede escribir uno de los cuentos más románticos de la historia de la literatura bajo los mórbidos influjos de una botella de whiskey? Sí, también se puede. Eso es lo que hizo el escritor estadounidense O. Henry cuando escribió a principios del siglo XX su relato titulado “El regalo de los Reyes Magos”.
O. Henry fue el seudónimo que utilizó el escritor, farmacéutico, ranchero, periodista, banquero, desfalcador, aventurero, presidiario y sobre todo alcohólico estadounidense William Sydney Porter, a quien se considera un maestro del relato corto y el creador de la fórmula – hoy tan manida - del final inesperado y sorprendente.
De él diría el biógrafo: no vivió, sino bebió 48 años. Nació el 11 de septiembre de 1862. Se arrojó a la bebida a la temprana edad de 22 años y la bebida le arrojó a él al fango de una vida frustrada y sombría. Las cosas le fueron mal hasta que, trabajando como cajero en el First National Bank, le fueron todavía peor. Fue acusado de desfalco y, aunque no está claro que fuera culpable, decidió darse a la fuga, por si las moscas. Anduvo durante un tiempo perdido por Honduras, pero el destino le reservaba una vida diferente. Al volver a Estados Unidos para acompañar a su esposa en el lecho de muerte, fue apresado y condenado a cinco años de prisión.
Allí, como tantos otros presos vocacionales, comenzó O. Henry a escribir relatos. La cárcel fue para él una liberación espiritual, una redención para su vida opaca y bebediza. El arte le hizo libre, sí, pero no le hizo rico. O. Henry murió el 5 de junio de 1910, de una cirrosis hepática, como no podía ser de otra manera. Sus únicas posesiones en ese momento fueron una botella de whiskey y veintitrés centavos de dólar.
“El regalo de los Reyes Magos” es un relato lleno de lirismo realista, de trágico humor, de esa dulce poesía amarga de la que está llena la vida. Más allá de la última sorpresa, del impactante final a lo O. Henry, este cuento está contado con fluida precisión, sin redondeos retóricos ni profusión de subordinadas. Quizá es el escritor más puro, más seco, más cinematográfico, que he leído nunca. No hay artificio en él, todo es un suave riachuelo de sujeto/verbo/predicado que nos conducen hacia el inimaginable fin. 100% lengua inglesa, como bien puede esperarse de un farmacéutico de Carolina del Norte. Lo interesante de O. Henry es el qué, la historia, no el cómo, el lenguaje. Es la premonición del pragmatismo literario que inundará el siglo XX. Contradiciendo a Oscar Wilde, O. Henry es perfectamente capaz de llamarle pala a una pala, e incluso a usarla si se tercia.
De “El regalo de los Reyes Magos” se han hecho adaptaciones al cine, lo que está muy puesto en razón, ya que – como he dicho – la escritura de O. Henry es casi de guión de película. No quiero contarles muchas cosas más de este relato para no destrozarlo. Sólo diré que, a mi modo de ver, es una síntesis magnífica de eso que ha dado en llamarse el “amor verdadero”. Pero contado por O. Henry, ese concepto ni es cursi, ni es pegajoso ni da repelús. Es simplemente real y apetecible, como la vida misma.
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“El regalo de los Reyes Magos”, de O. Henry. Una poesía en prosa con final sorprendente.
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Gabriel de Pablo
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