Niebla, de Miguel de Unamuno.
13.03.09 @ 19:59:42. Archivado en Cuestión de fe, Artículos publicados en otros medios, Mi engolada Biblioteca
Texto del miniprograma radiofónico "La Biblioteca", de 98.3 Radio. En este programa hablo sobre libros y otras cosas inútiles y anticuadas. Si quieres escuchar cómo lo perpetro (engolando la voz, entregándome al asianismo retórico y patinando, todo ello al mismo tiempo) puedes hacerlo a través de esta web. Es el programa con fecha de 24.02.09.
Es inútil tratar de presentar aquí, en las serenas olas de la radio, a don Miguel de Unamuno. Es inútil porque ese señor no necesita presentación. Se presenta él solo, solo como quien solo se presenta ante la muerte. Pero, quién sabe, quizá haya quien conozca demasiado bien a Vanessa de Gran Hermano 82, y no sepa una palabra de Unamuno. Vayamos, pues, al caso.
Miguel de Unamuno nació en Bilbao el 29 de septiembre de 1864 y murió a disgustos en Salamanca el 31 de diciembre de 1936, fecha aciaga y afilada. Fue un grave escritor, un digno universitario y un filósofo trágico y humano, que quiso sacarle todo el jugo a la vida. Entre sus más importantes obras destacan, en el campo de la narrativa, “Amor y pedagogía”, “Niebla”, “La tía Tula” y esa bellísima tragedia en un acto titulada “San Manuel Bueno, mártir”. En el campo del ensayo, escribió una magnífica “Vida de Don Quijote y Sancho” y una incómoda reflexión sobre “el sentimiento trágico de la vida”. Cultivó todos los géneros con mucha dignidad. También el teatro y la poesía, en cuyo repertorio figura el memorable “Rosario de sonetos líricos” y sus “Andanzas y visiones españolas”.
Unamuno es en realidad un pensador: todo lo que toca lo convierte en filosofía. Es el Midas de la reflexión, el profeta de la tragedia, bisagra en un mundo que se dispone a cerrar la puerta de la esperanza cristiana para abrir la claraboya del existencialismo melancólico. Unamuno cabalga a lomos de la fina línea divisoria entre lo que fue y lo que será, de lo que supimos y de lo que ignoramos, en fin, de la certeza y de la duda. Ahí está don Miguel, tan pequeño y a la vez tan enorme, pidiéndole a Dios que exista.
Ese grito desgarrado es Niebla, novela publicada en 1914 y considerada, sin serlo, como la obra más importante de Unamuno. Perdón, ¿dije novela? Quise decir “nivola”, pues así la bautizó el propio autor, queriendo inventar un nuevo género que distinguiese su obra de la novela realista que estaba en boga por aquel entonces. Niebla es una invención, más que una novela, es un diálogo entre el autor y sus personajes, pobres almas solitarias que deambulan por el absurdo de unas vidas que alguien soñó. Así es, los personajes de ficción sólo viven en la imaginación del autor y en la actualización de cada lector que los resucita. Aunque, como dice el protagonista de Niebla, un ente de ficción, en realidad, no muere nunca.
A mi modo de ver, Niebla es una novela enternecedora. No la encuentro trágica, ni tampoco cómica. La encuentro simplemente desnuda. Claro, amigos, claro; porque es la oración de don Miguel de Unamuno a Dios.
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Niebla. Miguel de Unamuno. Un clamor perplejo que exige ser oído.
Comentarios:
Muy bueno, de nuevo. Pero en realidad no pedia a dios que existiera, sino que le preguntaba triste por qué no existe
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Gabriel de Pablo
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