El agnosticismo es racional
12.03.09 @ 11:12:59. Archivado en Pensamientos, Cuestión de fe
Hubo ríos de tinta durante el pasado mes de enero sobre el tema de Dios, motivado por la campaña atea en los autobuses de varias ciudades españolas. En el blog "Del oscurantismo a la salvación" (que defiende el ateísmo desde postulados vagamente nietzschianos), alguien escribió como comentario el artículo que yo publiqué en Diario de Navarra titulado "La fe del ateo". El autor del blog, que firma como Zaratustra, contestó a mi artículo poniendo en duda las siguientes dos frases de mi artículo: 1) "No hay nadie más religioso que un ateo militante"; y 2) "La existencia de Dios es la chispa que enciende el pensamiento humano". Para general solaz de mis fieles lectores (y para aplacar sus airadas recriminaciones), adjunto a continuación la aclaración que hice a sus observaciones:
Soy el periodista que publicó en Diario de Navarra el artículo "La fe del ateo". Sólo voy a comentar dos cosas:
1) Lo racional en todo caso no es ser ateo, sino agnóstico, lo cual es impecable desde el punto de vista de la lógica. El agnóstico es el que dice que no sabe, porque su sola razón o la experiencia no le habilitan para responder a la pregunta de si Dios existe o no.
De hecho, está demostrado que la existencia (o no) de Dios no se puede demostrar. Si se pudiera demostrar la existencia de Dios, no habría ateos. Si se pudiera demostrar la no existencia de Dios, no habría creyentes. La gente es tonta, pero hasta cierto punto.
Por eso, los que sólo piensan se declaran agnósticos. Los que, además de pensar, sienten, se declaran ateos o creyentes, según sus formas de "sentir el mundo" (aquí entra la ideología o la fe, según casos).
Es decir, ante una pregunta que no puede ser contestada con el solo concurso de la razón o de la experiencia, el agnóstico reconoce su limitación humana y suspende su juicio, mientras que el creyente (en Dios o en no Dios) OPTA por una respuesta "a ciegas".
Es por eso que digo que el lema de la campaña empieza siendo agnóstico (es decir, racional) y acaba siendo ateo (es decir, irracional), puesto que atribuye a un ser que probablemente no existe una cualidad, que es la de hacernos infelices. Deja de preguntarse sobre si Dios existe o no para preguntarse por cómo es Dios.
Gabriel de Pablo
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