El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry
27.02.09 @ 20:52:28. Archivado en Artículos publicados en otros medios, Mi engolada Biblioteca
Texto del miniprograma radiofónico "La Biblioteca", de 98.3 Radio. En este programa hablo sobre libros y otras cosas inútiles y anticuadas. Si quieres escuchar cómo lo perpetro (engolando la voz, entregándome al asianismo retórico y patinando, todo ello al mismo tiempo) puedes hacerlo a través de esta web. Es el programa con fecha de 02.02.09.
Antoine de Saint-Exupéry nació en Lyon, Francia, en el año 1900. Durante toda su vida estuvo dedicado a la aviación, aunque compaginó su actividad profesional con la literatura. Escribió varias novelas relacionadas con la aviación, como “Vuelo nocturno” o “Correo del Sur”. Sólo me he leído “Vuelo nocturno”, y aunque no está mal del todo, no deja de ser una novela comercial. Correcta, pero sin alardes.
La vida del aviador Saint-Exupéry tuvo un final dramático y misterioso: en plena Guerra Mundial, el 31 de julio de 1944, durante una misión de reconocimiento, el Lightning P38 que pilotaba Saint-Exupéry desapareció para siempre en el mar. Éste podría haber sido el final de un entusiasta pionero de la aviación y de un aprendiz de novelista, pero el escritor francés había publicado un año antes, en 1943, el relato titulado en francés “Le Petit Prince”, El Principito, que le ha valido como pasaporte para entrar en el Parnaso y gozar de la eternidad del arte bueno. Esta pequeña novela ha sido traducida a ciento ochenta lenguas y es un libro de los que merece la pena leer de vez en cuando.
El Principito es una fábula escrita en lenguaje infantil. Puede parecer un cuento para niños, pero no lo es en absoluto. Como buena fábula, trata temas esenciales de manera alegórica y eso le confiere un volumen intenso, prismático, que le hace gozar de la prerrogativa de un verdadero clásico, ya que cada vez que el lector se acerca al texto, éste parece decir nuevas y sorprendentes cosas. El Principito es un acercamiento al mundo real, al mundo de las personas mayores, desde la perspectiva de la inocencia, de la infancia. Las cosas que nos parecen lógicas y naturales en el mundo de los adultos se vuelven incomprensibles para un niño. Las preguntas que consideraríamos estúpidas se vuelven importantes en labios de ese pequeño príncipe peregrino.
El Principito viaja por el universo en busca de respuestas. En su camino, se encuentra con el rey, el vanidoso, el geógrafo, el borracho, el hombre de negocios, el farolero. Todos ellos están encerrados en su pequeño planeta, en su mundo infímo, llenos de afanes que, puesto a la luz de la soledad en la que viven, resultan ridículos. ¿Qué sentido tiene un rey que no tiene ni un súbdito, o un vanidoso que no tiene quien le alabe sus magníficas cualidades personales, o un borracho que bebe para olvidar que bebe, o un hombre de negocios que no tiene quien compre lo que vende, o un geógrafo que elabora mapas de sitios a los que no ha ido y a los que no piensa ir, o un farolero que vive esclavizado, encendiendo y apagando su farol en un planeta donde el día sólo dura un minuto? El principito inspira una reflexión sobre lo que hacemos, y en definitiva sobre lo que somos: nuestra vida tiene que tener un sentido en sí misma, o corremos el riesgo de convertirnos en ridículos esclavos de nuestros afanes mundanos, absurdos, de nuestra falta de miras.
Al contrario de lo que pasa en el mundo real, la verdad es obvia en El Principito. Lo difícil es fácil, tan fácil y tan obvio como meter el cordero que necesitas en una pequeña caja dibujada. El príncipito es una suerte de Evangelio, donde las cosas parecen lo que son y son exactamente lo que parecen.
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El principito. Antoine de Saint-Exupéry. Un libro para recordar que estamos construyendo nuestro mundo al revés de como lo imaginamos.
Gabriel de Pablo
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