El hombre que fue jueves
20.11.08 @ 15:06:25. Archivado en Artículos publicados en otros medios, Mi engolada Biblioteca
Texto del miniprograma radiofónico "La Biblioteca", de 98.3 Radio. En este programa hablo sobre libros y otras cosas inútiles y anticuadas. Si quieres escuchar cómo lo perpetro (engolando la voz, entregándome al asianismo retórico y patinando, todo ello al mismo tiempo) puedes hacerlo a través de esta web. Es el programa con fecha de 20.10.08.
Una vez hubo un hombre en el que se unieron las destrezas intelectuales más sórdidas, más agudas, más astutas, y el espiritualismo más intenso, una conjunción paradójica entre el mismo demonio y el mismo Dios. Ese hombre es Chesterton.
En este autor no hay nada de esa mojigatería beata que tanto daño ha hecho a la literatura de raigambre cristiana. Hubo un tiempo en que escribir desde la fe significaba entregarse a una blandura exagerada, a veces tan fanática como cursi, que resultaba artificial incluso para los lectores ávidos de historias de sacristía. A finales del XIX y principios del siglo XX, al amparo de los embates de un tiempo convulso, hubo quien se refugiaba en una lectura de índices y de capilla. Decir autor cristiano era entonces decir pesimismo edulcorado, derrotismo envuelto en el velo de la Misa dominical.
Pero no hay nada de estampas perfumadas en Chesterton. Procedente de un agnosticismo militante e inquieto, buscó con toda honestidad la verdad de las cosas, insaciable en el conocimiento y la diligencia intelectual de un hombre con mayúsculas. En el meollo de su siglo, Chesterton, el príncipe de la paradoja, alza la voz para decir llanamente lo que ha descubierto en su búsqueda. Y lo dice con la llaneza, la franqueza y el ingenio de quien sabe que no tiene ya nada que perder. Chesterton es, sin duda, un autor indómito, capaz de desubicar a quien se tenga por muy bien ubicado, en todos los sentidos. La honestidad tiene estas cosas, oiga. La honestidad no busca acariciar el oído de nadie, sino exponer de forma directa y adusta la verdad que se ha descubierto.
El hombre que fue jueves, novela publicada en 1907, expresa bien esa fortaleza interior de Gilbert Keith Chesterton, al que podemos considerar, sin temor a equivocarnos, como un filósofo metido a novelista o, si a usted le da lo mismo, como un novelista metido a filósofo.
El hombre que fue jueves ha sido catalogada con acierto dentro de un género inventado por el propio Chesterton, que podríamos denominar “novela de suspense metafísica”. En una trama de acción detectivesca, a veces trepidante, circulamos por un Londres surrealista, de la mano de un poeta que trabaja para Scotland Yard. El objetivo es desbaratar un complot anarquista que pretende hacerse con el control del mundo. Personajes humanos, con inquietudes humanas que van más allá de lo aparente, nos introducen en una historia trepidante, plagada de reflexiones sobre Dios y sobre el hombre, cuya conclusión inesperada nos dejará algo más pensativos que de costumbre.
En conclusión, una novela apta para quienes aún se pregunten qué demonios hacemos aquí. Y aún más apta para quienes crean saberlo ya.
Gilbert Keith Chesterton. El hombre que fue jueves. Una extraña alegoría repleta de humor inglés y acción policíaca.
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Gabriel de Pablo
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