Horarios para no vender
26.04.08 @ 19:49:35. Archivado en Crónica provinciana, Artículos publicados en otros medios
(Artículo publicado en Diario de Navarra el 12 de abril de 2008)
Hace mucho tiempo que vengo preguntándome (y me consta que no soy el único) por qué extraño e ilógico motivo los comercios tienen unos horarios tan poco eficientes, que parecen pensados para que el comerciante no pueda vender y para que el cliente no pueda comprar. Y es que, tal como están las cosas, la mayor parte de la gente no tiene tiempo para ir de tiendas cuando éstas están abiertas.
La razón de existencia de un comercio es el servicio al ciudadano. Su función es adaptarse a las exigencias de sus compradores potenciales y estar atento a lo que ellos demandan, pero también a sus condicionantes y a su estilo de vida. De ello depende la supervivencia de su negocio y la satisfacción de sus clientes. Pues bien, hoy el tiempo es el bien más preciado de los ciudadanos y, por tanto, también el de los consumidores. Viviendo como vivimos en una sociedad donde el día se compartimenta y los minutos se miden por su escasez, no hay cosa más absurda que los comercios estén cerrados cuando nos sobra el tiempo y abiertos cuando nos falta. Por esta razón, con demasiada frecuencia, realizar una compra sencilla se convierte para la mayoría de la gente en toda una epopeya.
La marea humana que, acelerada y ansiosa por comprar, deambula por los centros comerciales o por las calles más vivas de la ciudad durante el fin de semana no se parece en nada a la gris soledad de un martes cualquiera por la mañana. Bajar la persiana a las siete y media de la tarde o cerrar en domingos y festivos es tan absurdo para un comercio como lo sería para un cine o un restaurante. Supongo que a nadie le parece mal que un negocio que se dirige hacia el ocio o el servicio de los ciudadanos abra precisamente cuando éstos tienen tiempo. No sé por qué razón estamos “obligados” a permanecer en un modelo de consumo que se ha demostrado anticuado, insuficiente y frustrante hasta el infinito.
Pero afortunadamente la situación está cambiando. Hace unos días saltó la noticia de que la Comunidad de Madrid tiene la intención de liberalizar los horarios comerciales, permitiendo, en la práctica, que los establecimientos abran 24 horas al día los siete días de la semana. Según parece, la propuesta ha sido consensuada con la patronal madrileña, los pequeños comerciantes y las grandes superficies. Obviamente, la medida les favorece a todos ellos, pero también - y sobre todo - a los consumidores.
Por el contrario, los argumentos en contra de la liberalización de los horarios comerciales suelen ser bastante vagos. Se habla de que favorece a las grandes superficies y perjudica a los comercios pequeños, pero esto no parece tener mucho sentido. En efecto, no se trata de que los negocios abran obligatoriamente las 24 horas del día, con lo que eso supone de gasto, sino que cada uno de ellos escoja el horario más conveniente – según su propia experiencia y su nicho de mercado – para alcanzar un volumen satisfactorio de venta. ¿Por qué no puede una tienda de muebles – pongo por caso – abrir en horario intensivo los fines de semana y permanecer cerrada durante esas tediosas mañanas laborables, en las que los clientes abundan por su escasez? Con este nuevo paradigma, ya no es el comprador el que tiene que buscar al comercio, sino el comercio el que “sale en busca” de su comprador.
Sin embargo, no podemos ser ingenuos. Este nuevo modelo de mercado exige mantenernos alerta frente a posibles abusos contra los derechos de los trabajadores. La flexibilidad de los horarios comerciales no puede implementarse a costa de la calidad de vida de los empleados. Se trata de organizar el comercio de un modo más libre, más racional y más eficiente, no de crear una nueva forma de esclavitud laboral. Hecha esta salvedad, la liberalización bien puede redundar en beneficio de todos.
Además, en estos tiempos duros que se avecinan, es de vital importancia facilitar el consumo (moderado), que es uno de los pilares de una economía de mercado como la nuestra. Ya es hora, pues, de que empecemos a aplicar nuestra inteligencia social en favor de los ciudadanos reales y eliminemos toda una serie de medidas que se han quedado obsoletas, pues fueron pensadas para una sociedad que tenía un Tiempo que nosotros no tenemos, desgraciadamente. Por eso, estimo que nuestro Gobierno Foral debería seguir los pasos de la Comunidad de Madrid. La única pena es que se nos hayan adelantado.
(Este artículo tuvo su cierta respuesta. Dos lectores enviaron "cartas al director" y el Presidente de la Asociación Casco Antiguo escribió un artículo. Mi réplica a estos escritos se puede leer aquí)
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Quizá tengas razón en eso de que debe ser el comercio quien salga por el cliente. Ir de compras es necesidad, pero también ocio, y eso se hace en el tiempo libre, afterwork. Alguien imagina que los bares -ocio y necesidad- solo abrieran de 10 a 14h y de 17 a 20h?
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Gabriel de Pablo
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