La monarquía tiene que volver al armario
04.02.08 @ 20:54:34. Archivado en Comunicación, Análisis de actualidad, Artículos publicados en otros medios
(Artículo publicado en Diario de Navarra el domingo, 6 de enero de 2008. Aquí se ofrece la versión original del autor, escrita a primeros de diciembre, no la que se publicó finalmente)
De un tiempo a esta parte, la monarquía española ha vuelto a entrar en la agenda mediática de modo abrupto e inesperado. La peculiar intervención de don Juan Carlos en la cumbre hispanoamericana, la separación matrimonial de los Duques de Lugo, la publicación de una viñeta subidita de tono y el anacrónico y constante ronroneo de ciertos partidos socios del Gobierno de España, que difunden apologéticamente un republicanismo paradisíaco, ha situado a la Casa Real en el disparadero prioritario de los medios de comunicación y en las conversaciones de peluquería.
La sensación que se está transmitiendo, de modo imperceptible pero inexorable, es que tenemos un problema con la monarquía. Algo de todo esto ya vimos con motivo del casamiento del príncipe Felipe con una “plebeya” o con el nacimiento de las infantas Leonor y Sofía. En todos los casos, tertulianos agoreros inquietaron al personal, suscitando debates y proponiendo reformas estructurales de fondo. La polémica, en realidad, siempre ha sido ficticia. El único fin es conseguir audiencia o vender un buen número de revistas sonrosadas.
En el mercado de los medios de comunicación, hay muchas empresas interesadas en que nuestra monarquía se convierta en émula de la inglesa, con sus escándalos, divorcios, separaciones, exclusivas que van y que vienen, que desvirtúan la auténtica función de la monarquía constitucional y enriquecen curiosamente al mensajero. Estas empresas piden sacar a la Casa Real a la plaza pública, anulando el prudente silencio que sobre este asunto guarda tradicionalmente la prensa. Apelan a grandes conceptos como el derecho a la información, pero sus intereses son espurios: huelen el negocio que se esconde bajo pantalones o faldas con sangre azul, y quieren llenarse la cartera a costa de nuestras instituciones. El silencio mediático en torno a la Casa Real no es un privilegio. Más bien significa un profundo respeto por la democracia que nos hemos dado.
Gabriel de Pablo
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