Los Sanfermines, una fiesta representada
11.07.07 @ 09:57:06. Archivado en Crónica provinciana, Artículos publicados en otros medios
(Artículo publicado en Diario de Navarra el 11 de julio de 2007)
Sí, es verdad que todo navarro y pamplonés, cuando le da por presumir de “casta”, se convierte en un embajador enconado de su tierra y sus costumbres. Se cala entonces bien la boina hasta las orejas, y no deja ni una sola vez de acentuar mal todas las palabras llanas, remarca el “ico” y lo blande como si fuera una bandera, y hasta asume como propias la “tche” de Tierra Estella o las “errres” de Leitza, las migas y el irrintzi, el encierro o el Zampantzar, las jotas, el cogollo, el pilón, la devoción a San Miguel de Aralar o las jornadas de exaltación de la verdura. Y lo hace además, con forzada naturalidad, alegre y ruidosamente, y no duda en dar vivo testimonio de que lo sabe, lo vive, lo lleva dentro y es suyo. Para demostrarlo, romperá tal vez a cantar una jota por primera vez en toda su vida, o se animará a rasgar el aire con un alarido montañés, que escandalizaría a los puristas, quién sabe.
El navarro, acaso siguiendo el ejemplo del más universal san Francisco Javier, es por naturaleza proselitista. Se lanza a hablar de setas, aunque no sepa de ello más que un nuevo rico de vinos. Rajará con la boca espumosa, ebria de una mezcla de orgullo y desdén, de los “guiris” que malcorren el encierro, aunque él mismo no lo haya corrido nunca. Y no se hartará de explicar a los extraños por qué los toros se caen en Mercaderes y qué es el Riau Riau, por qué se ha perdido y por qué debería recuperarse. El navarro pamplonés es un programa ambulante de las fiestas de San Fermín y un apóstol de “lo nuestro”. No es de Navarra, ni se siente navarro. Simplemente, él es Navarra. Es decir, no le basta con ser navarro, sino que tiene que parecerlo. Sobre todo si está en Benidorm.
Bien está. ¿Qué tiene de malo ejercer de navarro? ¿Qué tiene de malo levantarse a las ocho de la mañana para ver el encierro por televisión cuando uno está en Torrevieja? ¿Qué tiene de malo, en fin, frecuentar los chiringuitos de Alicante con el pañuelico rojo anudado al cuello? No tiene nada de malo, ciertamente.
Pero, entre tú y yo, los navarros guardamos un secreto inconfesable. Los Sanfermines, que personifican ese ser navarro, son un sueño que hemos soñado entre todos, es nuestra más perfecta construcción, es nuestro escaparate, nuestra liturgia, nuestra obra más dramática. El perfecto navarro que hemos pincelado sólo existe así de puro ante los ojos de un turista americano o un visitante de Madrid, de Lérida o de Granada. Hace ya 80 años que nuestros abuelos cautivaron la mirada de un escritor estadounidense, ávido de experiencias auténticas. Cuando Ernest Hemingway escribió Fiesta, en realidad escribió el guión de lo que son y deben ser los sanfermines. Su prosa congeló ese momento para siempre, perpetuó un modo de ser y vivir las fiestas, obligándonos así a repetirlo sistemáticamente, como si viviéramos el “día de la marmota” una y otra vez. No nos engañemos, amigos, los “guiris” que vienen a Pamplona del 6 al 14 de julio quieren Fiesta, ni más ni menos.
Poco a poco, a lo largo del tiempo, hemos ido comprendiendo esta idea. Nuestra historia nos sitúa como una encrucijada de caminos, llave de Francia, Castilla y Aragón. Siempre hemos sido comerciantes, y hemos agudizado el ingenio para mantener nuestros derechos a pesar de invasiones, guerras civiles, reyes déspotas o dictadores con alergia a los fueros. Por eso, fieles a la historia y a nuestro (esta vez sí) natural pragmatismo, permitimos que millón y medio de personas “tomen” nuestra ciudad, duerman en las calles, destrocen las flores, se emborrachen, orinen en los rincones. En sanfermines, Pamplona se convierte en ciudad franca, donde todo está permitido. El mismo policía que te multa en febrero porque tu coche invadía 2 milímetros un paso de cebra, se hace el sueco ante una roulotte que está en medio de la acera. Así son las cosas. Pamplona, en San Fermín, es sólo una ciudad de alquiler. Por eso, me sonrío cuando alguien me pregunta: “¿Cómo vosotros, los navarros, que sois tan tranquilicos durante el resto del año, os desmadráis tanto en sanfermines?”
En un mundo globalizado, donde hasta los “chinos” saben a occidente y los kebap se sirven con salsa barbacoa, hemos adaptado nuestras costumbres inveteradas a los nuevos tiempos, para que los foráneos sientan que están viviendo algo auténtico, “tipical spanish”, 100% Navarra. Hemos fabricado un parque temático para hacer las delicias de los visitantes.
Bueno, pues representemos ese alegre jolgorio, ese estallido de fiesta, ese casticismo legendario. Seamos por un momento expertos corredores del encierro, entendidos del toreo, guías de la ciudad, historiadores, chantres, costumbristas, micólogos, geógrafos y hasta un poquito filósofos. Durante 10 días, hagamos requiebros, digamos piropos, imaginemos que hablamos vascuence, rodemos, en fin, de nuevo, “Bienvenido Mr. Marshall”.
Los navarros, con la ayuda de Hemingway, hemos creado un mito: los sanfermines. Y debemos mantenerlo. La historia pasa, pero los mitos perduran. Es nuestra obra maestra. Y lo será aún más, si no perdemos de vista que en realidad la estamos representando.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/111838
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Me llena de indignación que encierre usted su gran talento creador entre las paredes de su intimidad y no nos permita a los demás gozar y crecer con los agudos dardos de su ingenio, siempre florido y fecundo, como un mes de mayo literario. Hoy es 15 de septiembre y, cuál será mi desazón cuando, con ansia de reencontrarme con una nueva y exquisita flor de la discrección y del donaire, un regalo de la industria y la clarividencia, descubro con pasmo y pena que no renueva usted desde julio esta su bitácora digital.
Es usted un egoista: el Cielo le ha dotado graciosamente del don de la escritura, y entierra usted cruelmente su talento para pérdida la Humanidad entera, y por pereza o por miedo al "no estaré a la altura" - o qué se yo razón peregrina. Escriba, don Gabriel, ilustre y querido nuevo Séneca. Sus lectores esperamos ávidos un nuevo torrente de luz y verdad. Le necesitamos.
Atentamente, queda suyo,
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Gabriel de Pablo
autor
Contacto








