El blog de Hilari Raguer

Mujeres en el Concilio

23.05.12 | 18:27. Archivado en Iglesia católica
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Para la tercera sesión del Concilio, Pablo VI elevó el número de auditores laicos de 8 a 21 y, cosa más significativa, designó a algunas mujeres. En el período antepreparatorio se habían consultado, entre los religiosos, sólo a miembros de congregaciones clericales, y por tanto varones. Ninguna religiosa, y menos mujer seglar. En el período preparatorio no había ninguna mujer en las comisiones. Iniciado el Vaticano II, tampoco había ninguna mujer en las comisiones conciliares. A lo largo de todo el Concilio, ninguna mujer fue nombrada “perita” o experta.

Cosa más escandalosa aún: en las celebraciones de la eucaristía con que comenzaban las congregaciones generales, se distribuía la sagrada comunión a algunos de los presentes, pero tenían que ser varones. Refiere el periodista francés Henri Fesquet que, un año antes, la señora Montini, cuñada del Papa, no pudo recibir la comunión de manos de su cuñado, y lo mismo sucedió con la cuñada de un obispo vietnamita.

En una eucaristía del Concilio, los periodistas católicos habían sido invitados a recibir la comunión de manos del obispo celebrante, pero cuando la periodista Eva Fleischner se puso en la fila los ceremonieros la sacaron con malas maneras del grupo de sus colegas varones. Ante la enérgica protesta de los periodistas, y de otros, le presentaron excusas, pero cuando algo más tarde los periodistas fueron de nuevo invitados a comulgar en una eucaristía conciliar, se les advirtió expresamente que las mujeres quedaban excluidas. Gracias a una gestión personal de Suenens cerca de Pablo VI, en una ocaión posterior algunas mujeres pudieron recibir la comunión de manos del Papa.

Esto subraya la importancia del nombramiento de mujeres auditoras. Entre ellas, la española Pilar Bellosillo tendría un papel importante, en Roma mismo y después en la recepción del Concilio en España. Según la australiana Rosemary Goldie, Pablo VI ya había querido incluir algunas mujeres entre los primeros auditores laicos, pero fue disuadido por algunas personas de su entorno.

Además de aquella intervención personal ante Pablo VI a propósito de la comunión, Suenens había pedido el nombramiento de auditoras en una intervención en el aula: “Las mujeres – argumentó -, si no me equivoco, constituyen la mitad de la humanidad”. En cambio el patriarca ucraniano Slipyi citó a san Pablo: “Que las mujeres callen en la asamblea” (1 Cor 14,34).

Durante la segunda intersesión, el comité ejecutivo de la World Federation of Female Catholic Youth (Federación Mundial de la Juventud Católica Femenina) escribió al Papa pidiendo que nombrara auditoras femeninas. Les contestó el Secretario de Estado, Dell’Acqua, que “en el momento oportuno” se estudiaría la cuestión. Parece ser que la International Union of Catholic Women hizo la misma petición.

El obispo Bergonzini había pedido que un grupo de laicos de su diócesis, en el que había algunas señoras, pudieran participar en la eucaristía que él presidiría en el aula conciliar, pero Felici le contestó que “hasta ahora no se ha consentido nunca, por ningún motivo, la entrada de mujeres en el aula conciliar”. Pero el 8 de septiembre, poco antes de dar comienzo la tercera sesión, Pablo VI dijo a un grupo de religiosas de la diócesis de Albano:

Hemos dispuesto que algunas mujeres cualificadas y devotas asistan, como auditoras, a algunos ritos solemnes y a algunas congregaciones generales de la tercera sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II; a aquellas congregaciones, queremos decir, en las que se discutan cuestiones que pueden interesar particularmente la vida de la mujer; tendremos así, por primera vez, quizá, presentes en un concilio ecuménico algunas, pocas – es evidente – pero significativas, casi simbólicas, representaciones femeninas; de vosotras, religiosas, en primer lugar; y después de las grandes organizaciones femeninas católicas, a fin de que la mujer sepa hasta qué punto la Iglesia las honra en la dignidad de su ser y de su misión humana y cristiana.

El 12 de septiembre Cicognani enviaba a Felici la lista de los auditores que el Papa había nombrado, en la que figuraban algunas religiosas y señoras seglares, a fin de que Felici, después de consultar al Santo Oficio y a la Congregación de Religiosos (no fuera que alguna estuviera fichada por antecedentes peligrosos), cursara las correspondientes invitaciones. Entre las auditoras estaba Cristina Estrada, superiora general de las Esclavas del Sagrado Corazón y Pilar Bellosillo, presidenta general de la Unión Mundial de las Organizaciones Femeninas Católicas.

12 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por María Teresa [Blogger] 30.06.12 | 15:37


    Ya sé que no hace falta pero aclaro que nunca firmo como Teresa

    Carmela,

    Por lo que expones puede entenderse que formas parte de actividades de ocio, no otra cosa.


    Teresa,

    Las hermanas integran la Orden Auxiliares Parroquiales de Cristo Sacerdote y se dedican precisamente a cuidar todo lo que necesita la acción litúrgica de la Iglesia, nada menos! Colocar los manteles sobre el altar fue un encargo de Monseñor Sistach y constituye un honor para esas monjas.


  • Comentario por Teresa 29.06.12 | 08:44

    ....observo que estais muy a disgusto dentro de la Iglesia,si de verdad la amais,mejor dejarla libre,es muy triste en estos tiempos tener el enemigo en casa.

  • Comentario por Teresa 29.06.12 | 08:40

    Carmela,a las monjas que limpiaron el altar,NADIE las puso a nada,lo hicieron ellas por voluntad propia,y bien contentas,y los curas que presumen de aperturismo ¿a quien tienen limpiando sus iglesias y casas?...a mujeres,no he visto nunca a ningun hombre limpiando,siempre mujeres,y los ritos,son lo que son y son como son,las celebraciones hechas en casa,cada uno las hace como quiere,son celebraciones intimas entre amigos y nada tienen que ver con las celebraciones oficiales,en las primeras comunidades se hacian el las casas porque no habia Iglesias y porque el cristianismo estaba perseguido,por tanto las celebraciones habian de hacerse en la clandestinidad.Las mujeres son importantes en la Iglesia,de hecho si desaparecieran las mujeres,las Iglesias estarian casi vacias,y participan en la celebración en la medida que les toca,¿hay alguna mujer en la ultima cena de Cristo? no,no la hay,en este gran teatro del mundo,cada uno tiene su papel y algunas estamos orgullosas del nuestro.

  • Comentario por carbonato 26.06.12 | 19:09

    Sentencia del 27 de junio de 2002 de la Sala Civil del Supremo. Niega
    efectos civiles a la anulación canónica de un matrimonio dictada en
    1989 por el Tribunal Eclesiástico de Madrid-Alcalá. Julio Larrú Cantos
    se había casado en 1974 con María Gómez de Velasco a la que quería
    privar de todo derecho a indemnización o pensión compensatoria
    derivada del matrimonio. Invocaba el convenio entre el Estado español
    y la Santa Sede de 1979. Contra la familia, claro. 961

  • Comentario por Carmela 15.06.12 | 12:38

    Esto pone de relieve una vez mas el machismo galopante que existe en la Iglesia católica institucional. A 50 años vista del Concilio Vaticano II seguimos prácticamente igual. ¿No fue que las pusieron a limpiar el altar donde estaban celebrando el papa y sus obispos? Pues eso, de chachas y poco más.

    Puede que seamos la mitad de la humanidad, hoy algo más creo, pero seguimos siendo el 88% de los que participamos en los ritos de la Iglesia católica, hasta que nos aburramos del todo y pensemos que es mejor hacer las cosas de un modo distinto, por ejemplo, en nuestras casas como hacían las primeras comunidades. Yo ya he participado en algunas celebraciones hechas en casas de familia, y son mucho menos rigidas, mucho más participativas, con menos gimnasia y más presencia vivida.


  • Comentario por Sor Catherine Wybourne 08.06.12 | 08:05

    Muy interesante. Gracias, padre.

  • Comentario por jegranpo 24.05.12 | 21:49

    Stalin, Franco, decían que la libertad era libertinaje, pornografía y drogas. Pero la libertad es lo que distingue a los hijos de la luz de los hijos de las tinieblas. Imitando a Carmen, Vidal podría convertir su blog en un club de aduladores, censurando a los que no sean de su cuerda. Así hace Carmen, que suprime o borra a los que le advierten del daño que hace a la iglesia. El diálogo de contrarios, la apertura a todos, la libertad, eso es el cristianismo.
    Creo que a mí no me gustaría pertenecer a un club donde admitieran a gente como yo.

  • Comentario por Molo. 24.05.12 | 11:12

    carga de “exorcismo” cultural que la dinamiza en “transcultural” mostrándola original.
    Las mujeres, pues, en la Nueva Evangelización, pueden entrar de lleno con ministerio propio ya que desde sus orígenes tuvieron mandato de anunciar El Evangelio como… Buena Noticia.
    ¿Sacerdotisas?
    Mi aportación y opinión en este tema es que el evangelizador nunca debe de actuar como “fotocopia” de otros ni de nadie sea aún del mismo Jesús.
    “Los cachorros comen las migas también que caen de la mesa de su amo”.
    La Nueva Evangelización clama de sí por unos nuevos ministerios en el mundo de hoy que está entrando en un nuevo paradigma, si nos atenemos a Las Nuevas Primaveras y a los Indignados que se alzan por doquier, y en los que la mujer personifica un papel crucial en la trama social.
    La Iglesia y Las iglesias en su testimonio están para dinamizar a la sociedad y ésta a éstas en el tándem Fe y Cultura(s).

  • Comentario por Molo. 24.05.12 | 11:09

    El testimonio encomendado por Jesús en la alborada de Pascua a las mujeres de anunciar ésta a Los hermanos y a Pedro…sería de lo más inverosímil de no tratarse de “Hijas de Jerusalén”…matriarcado.
    La ley judía tradicionalmente concedía a la mujer (y hoy lo mantiene aún así la ley islámica), la mitad de su valía en caso de dar testimonio.
    Pero desde los albores del Evangelio Pascual son las mujeres las primeras depositarias y testimonios de tal anuncio.
    Cabe puntualizar que la evangelización no se dicta por parámetros únicamente culturales ya que en sí (la evangelización), conlleva una fuerte

  • Comentario por Molo. 24.05.12 | 11:02

    SACERDOTISAS
    La cohesión social en una cultura matriarcal va de por sí que se centra sobre la mujer. En el reino Ashanti (Sur de Ghana) y en la cultura de estos Akans (Togo y Costa de Marfil), el trono del rey (Asantehene) reside en las rodillas de la reina madre. El Asantehene para ser reconocido como tal debe de sentarse sobre las rodillas de ésta que le concede el poder real como trono vivo.
    Curiosamente en el libro de Los Reyes en la Biblia, sólo se empiezan a mencionar los nombres de las Reinas Madre tras la conquista de Jerusalén por el rey David pues se regía por un sistema matriarcal…
    Últimamente tras la homilía este Jueves Santo en San Pedro en que el tema de la ordenación de la mujer ha surgido colateralmente a guisa del caso Pfarrer Initiative (Iniciativa de los Párrocos) de Austria, éste es un tema relacionado también si cabe con el de la Nueva Evangelización en boga.
    El testimonio encomendado por Jesús en la alborada de Pascua a las mujeres...

  • Comentario por Alba Stella 24.05.12 | 10:20

    Esta evidencia, a los 50 años del Concilio Vaticano II es una vergüenza. Parece que en el Catolicismo no se hace seriamente el seguimiento de Jesús de Nazareth. Al hacer una reflexión de la praxis de Jesús, y la presencia de la mujer en esta práctica, nada qué ver con esta posición.
    ¿Qué nos puede decir a las mujeres este hecho? ¿Como piensan los varones de la Iglesia Católica reparar esta falla, hoy en el siglo XXI?

  • Comentario por Bebesinsed 23.05.12 | 21:30

    Angelo Dell'Acqua no era secretario de Estado, sino oficial de la secretaría de Estado. En 1967 fue nombrado cardenal y en 1968, vicario de la diócesis de Roma. Mientras presidía una peregrinación diocesana a Lourdes, falleció tras sufrir un infarto, el 27-VIII-1972. Le sucedió el cardenal Ugo Poletti. Los secretarios de Estado con Pablo VI fueron Amleto Giovanni Cicognani, que ya lo había sido con Juan XXIII y era hermano de Gaetano, también cardenal, que fue nuncio en España, y Jean Marie Villot, único secretario de Estado no italiano desde 1914, que también lo fue con Juan Pablo I y Juan Pablo II.

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