El blog de Hilari Raguer

El discurso de Castelgandolfo

11.11.11 | 08:24. Archivado en Vaticano, Historia
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El 14 de septiembre de 1936, hace 75 años, Pío XI recibió en su residencia veraniega de Castelgandolfo a un grupo de unos 500 españoles, escapados del terror revolucionario. Transcurridos ya casi dos meses desde el estallido de la guerra de España, sería la primera toma de posición pública del Papa. Según los archivos secretos vaticanos recientemente abiertos, tres veces el secretario de Estado, Pacelli, había sugerido a su Santidad la conveniencia de una condena pública de la persecución religiosa, pero Pío XI se había limitado a las protestas diplomáticas del encargado de la Nunciatura (que no se cerró en toda la guerra) ante el Gobierno de Madrid y de Pacelli ante el embajador de la República en el Vaticano, Zulueta.

Pío XI, buen orador, solía pronunciar sus discursos sin papeles, pero aquel día no solo lo leyó sino que hizo preparar una cuidada traducción española, que se distribuyó a los asistentes.

Empezó con una sentida lamentación por las víctimas, pero en vez de sacar la consecuencia, que algunos de los presentes esperaban, de que aquello era una guerra santa, como estaban ya proclamando algunos eclesiásticos, expresó su horror por aquella guerra fratricida, "la guerra civil, la guerra entre los hijos del mismo pueblo, de la misma madre patria".

Citando a Manzoni, añadió: "Bien se ha dicho que la sangre de un solo hombre ya es demasiado para todos los siglos y para toda la tierra, ¿qué decir en presencia de las matanzas fraternas que todavía se anuncian?".

Por si fuera poco, hacia el final de su alocución el Papa formuló una velada acusación contra los sublevados: "Por encima de toda consideración política y mundana, nuestra bendición se dirige de modo especial a cuantos han asumido la difícil y peligrosa misión de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la religión, que es tanto como decir los derechos y la dignidad de las conciencias, condición primera y la base más sólida de todo bienestar humano y civil. Misión, decíamos, difícil y peligrosa, también porque muy fácilmente el esfuerzo y la dificultad de la defensa la hacen excesiva y no plenamente justificable, además de que no menos fácilmente intereses no rectos e intenciones egoísticas o de partido se introducen para enturbiar y alterar toda la moralidad de la acción y toda la responsabilidad".

En el último párrafo del discurso exhortaba a amar a los enemigos, tal como manda el Evangelio: "Amar a estos queridos hijos y hermanos vuestros, amarlos con un amor particular hecho de compasión y de misericordia, amarlos y, no pudiendo hacer otra cosa, rezar por ellos". Pío XI dijo repetidas veces, a lo largo de la guerra civil, que quería ser el padre de todos los españoles.

La mayoría de los prófugos españoles presentes escucharon emocionados las consoladoras palabras del Papa y guardaron con devoción el ejemplar que les dieron del discurso traducido, pero algunos ultraderechistas, partidarios del alzamiento, entre defraudados e indignados, dejaron escapar murmullos de desaprobación, y hasta hubo quien arrojó despectivamente al suelo el folleto recibido. Uno de ellos, Luis Antonio de Vega, un año más tarde recordaba sarcásticamente en el semanario donostiarra Domingo el discurso, que él atribuía a Pacelli: "Y entonces fue el discurso de vocablos de hielo, las frases que podían haber sido escritas o dictadas por el ministro de Estado de una potencia a quien no angustiara de un modo particular la infinita angustia de España, y cuya preocupación máxima fuera la de no comprometer a su país con alguna palabra imprudente".

La propaganda rebelde difundió ampliamente el discurso de Castelgandolfo en lo que la favorecía, pero suprimió la alusión a los excesos de los que se decían defensores de la Iglesia. Es especialmente significativo el caso del obispo de Salamanca, Pla y Deniel. Al recibir la versión mutilada, la publicó tal cual en su Boletín Eclesiástico del 30 de septiembre, y la acompañó de su pastoral Las dos ciudades, sin duda la más importante, teológica y políticamente, de todas las cartas pastorales sobre la guerra civil. Cuando poco después le llegó el texto pontificio completo, lo hizo publicar en el número siguiente del Boletín, pero no se retractó nunca de aquella pastoral.

Parece ser que Franco, que todavía en su discurso de toma de posesión de la jefatura del Estado, el 1 de octubre, había hablado de separación de Iglesia y Estado, instalado en el palacio episcopal de Salamanca, la leyó y estimó aprovechable la ideología nacionalcatólica allí expuesta. Los demás obispos españoles, engañados por el texto manipulado del discurso de Castelgandolfo, se lanzaron a publicar pastorales de cruzada (¡ni Pío XI ni ningún sucesor suyo han calificado nunca de cruzada nuestra guerra civil!).

También a la zona republicana llegó el discurso de Castelgandolfo en la versión censurada y la prensa lo comentó como una bendición incondicional del alzamiento. Así se difundió en ambos bandos la falsa creencia de que el Papa había apoyado plenamente y desde el principio la rebelión.

(Publicado en El Pais)


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Comentarios
  • Comentario por miscato 13.11.11 | 22:01

    este monje se avergonzó de la beatificación de los mártires de la Cruzada.Se molestó porque los jóvenes de Madrid fueron a Barcelona a arropar al Papa,estando él calentito en la habitación.La calamidad z.eta.paro le escogió para dictaminar sobre el futuro del Valle de los Caídos.¡Cómo está el monasterio,por esta muestra! Alardeando de historiador y necesitado de asistir a clases de Pío Moa sobre Franco y Guerra Civil.Por si fuera poco,encharcado de nacionalismo aldeano.

  • Comentario por Oscar 12.11.11 | 22:47

    Ya sabemos que en cualquier guerra la primera víctima es la verdad, el artículo en cuestión no revela nada nuevo mas allá de lo anecdótico, y la intención de querer llevar agua al molino de una de las partes, además, lo del archivo sedreto develado, no es mas que un recurso literario para intentar darle mayor peso a la cuestión.
    Si se quiere conocer sobre historia de España hay que recurrir a hispanistas reputados, como Hugh Thomas, y William Thomas Walsh

  • Comentario por Excatólico 11.11.11 | 19:48

    ¿Se puede ser, atendiendo a maneras diplomáticas, luz del mundo como fue Jesús? No. Jesús nunca supo de diplomacias.
    Por el contrario la ICR es pura diplomacia, con lo que la ambigüedad caracteriza al catolicismo. Una cosa dice el papa, y otra sus jerarcas nombrados a dedo por el papa, sin que el papa los destituya ni contradiga.
    No olvidar que la ICR no es democrática en nada, y fue imprescindible aliado de los golpistas de Franco, al cual la ICR bendijo y ayudó todo lo que pudo, porque sólo gracias a la guerra y dictadura católicas, que buscaban y consiguieron con la guerra y el terror, obtuvo los privilegios que ha tenido y tiene para su negocio la ICR en España.
    La ICR no tiene el monopolio de la fe; cada persona tiene fe en lo que tiene fe.
    Jesús ni necesitó ni tuvo fe en ninguna Iglesia, sino sólo en Dios, en la vida, en la verdad, en las personas de bien.
    El papa no tiene nada que ver con Jesús.

  • Comentario por Ludovico 11.11.11 | 00:46

    partido sindicalista. Leí la documentación pontificia cada vez más definida a medida que iba conociendo el desarrollo real de los acontecimientos y sus motivaciones. No hice ascos a conocer los perfiles de los diplomáticos de la República y su habilidad manipuladora, como el Zulueta que usted menciona, pedagogo y eximio representante de lo que era por entonces el poder oculto, hermano de otro Zulueta, Antonio. introductor de la genética en España. Pude adentrarme en las razones teológicas de los partidarios de la Cruzada, dentro (teólogos de Salamanca) y fuera (Garrigou), y sus contrarios (Barnanos, Maritain, etc.). Es hora de pasar página. Mi corazón está con mi familia de sangre, pero mi cabeza está con los que se hallaban enfrente, aunque primero estuvieron debajo. Ese fue el drama. No es justo Raguer que usted reduzca el pensamiento pontificio a un momento (de falta de conocimientos y prudencia obligada consiguiente), cuando terminó del lado de las víctimas

  • Comentario por Ludovico 11.11.11 | 00:34

    Raguer, mi padre y toda mi familia, paterna y materna, lucharon con los republicanos. Un tío mio, juez, fue condenado a muerte terminada la guerra. Pero de los labios de mi padre, que había estado con Lister, oí las atrocidades sobre asesinatos de personas de fe, crueles como todos los asesinatos, con saña en muchas ocasiones. La lformación posterior me ´facilitó el conocimiento de los años: las votaciones del frente popular, la quema de iglesias y conventos, todo ello anteriores a la guerra. Como oí de labios de protsagonistas el pistolerismo catalán, con Angel Pestaña y su

  • Comentario por Miguel Ángel 10.11.11 | 22:25

    ¡Será posible que este tipo capaz de luchar contra sus propios hermanos de hábito se atreva a semejantes desfachateces? ¿Con un pie aquí y otro en la tumba sigue envenenado?

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