Estados alterados de conciencia
01.05.08 @ 00:01:41. Archivado en seguridad, poder, gobierno mundial, recomendaciones, conciencia
Una de las mejores películas sobre la influencia real de las drogas en el cuerpo humano (a pesar de su profundo y desesperanzado ateísmo de fondo) se titula Altered States y la rodó Ken Russell en 1980, aunque se estrenó en español con el interminable y pretencioso nombre de Un viaje alucinante al fondo de la mente. Protagonizada por William Hurt y Drew Barrymore y basada en ciertos hechos reales, relata las peripecias de un médico obsesionado con la experimentación con sustancias extrañas en busca de una especie de panacea para la salud, pero lo que encuentra al probar sucesivas plantas alucinógenas empleadas por chamanes americanos es algo muy diferente. Es una película muy recomendable, si bien muchas personas que no están interesadas en los mismos asuntos que usted y que yo me la han descrito como "incómoda y desasosegante". Prometedor, ¿no?
Me he acordado de ella de inmediato en cuanto he conocido la noticia de la muerte de uno de los individuos que, posiblemente sin quererlo, más daño haya hecho a la Humanidad en los últimos decenios. Hablo del suizo Albert Hofmann, el descubridor del LSD -técnicamente la dietilamida del ácido lisérgico- quien ha fallecido esta semana a los 102 años de edad en su domicilio de Burg im Leimental. Allí fijó su residencia en 1971, en esta localidad próxima a su natal Basilea (¡nació en Basilea! caramba, caramba..., dijo el conejo a Alicia), donde buscó refugiarse de la fama que le persiguió especialmente desde los años sesenta a raíz del accidental encontronazo con esta sustancia tan especial que, según repitió una y otra vez durante toda su vida, produjo "como un medicamento, así que no es mi culpa si la gente se dedicó a abusar de ella".
Es el problema de los científicos que trabajan sin conciencia de lo que hacen. Descubren algo y luego se lavan las manos para autoliberarse de la responsabilidad por su descubrimiento (pero lo hacen una vez que les ha dado la fama y el dinero). Afirma la leyenda que varios de los que participaron en el desarrollo de la primera bomba atómica sufrieron posteriormente un complejo de culpa que les acompañó durante todo el resto de su vida por las consecuencias de lo que habían hecho e incluso que alguno acortó su vida por no poder soportarlo. No estoy tan seguro de que eso sea cierto. Cuando uno trabaja en una investigación de este tipo, ya debe tener pensadas algunas consecuencias de sus descubrimientos y, si se topa con ello, como parece fue el caso de Hofmann, no debería anunciarlo alegremente al mundo sin proyectarse previamente en el tiempo y prever cómo puede ser empleado. Justificarse en las buenas intenciones personales es de ignorantes, o ingenuos, o cobardes.
En todo caso, circunstancias como éstas nos demuestran que no basta con ser inteligente para ser una buena persona. Al contrario: cuanto más inteligente sea alguien, mayor tentación le acecha en cada momento para emplear sus cualidades en su enriquecimiento o proyección personal, al margen de las consecuencias generales.
Hofmann relató de su propio puño y letra cómo, en 1938, cuando estudiaba los usos medicinales de un hongo hallado en el trigo y otros granos en el laboratorio farmacéutico Sandoz en Basilea (por curiosidad, ¿sabe cuál es el logotipo de ésta, una de las principales industrias farmacéuticas del mundo? ¡una S con forma de serpiente dentro de un triángulo!) le cayó una pequeña cantidad de LSD en un dedo. Consecuencia inmediata: “Tuve que irme del trabajo a casa porque de pronto me vi invadido por un sentimiento de inquietud y leve mareo (...) Todo lo que veía aparecía distorsionado como en un espejo combado (...) y tuve la impresión de que estaba inmovilizado en el lugar, aunque mi asistente me dijo que íbamos a bastante velocidad”. Al llegar a su casa, se recostó en su sofá y entonces aparecieron lo que llamó "las visiones maravillosas (...) Lo que pensaba se me representaba en forma de colores y figuras (...) La experiencia duró un par de horas. Luego desapareció".
Algunos días más tarde, decidió experimentar con una dosis mayor pero el resultado fue horroroso. Un mal "viaje". Decía: "La sustancia con la que quería experimentar me esclavizó y quedé prisionero por el pavor a volverme loco. Me sentí transportado a otro mundo, a un tiempo distinto".
A pesar de eso, Hofmann siempre dijo que esperaba que el LSD sirviera para ayudar en la investigación psiquiátrica (¿de verdad? ¿después de probar por sí mismo unas experiencias tan desasosegantes, adictivas y enloquecedoras, realmente tenía sentido poner a disposición de cualquiera -sobre todo a disposición de los ya desequilibrados mentales- semejante pasaporte a la locura?) y por eso en lugar de ocultar su descubrimiento lo hizo público enseguida y no puso ninguna pega a su comercialización con el nombre de Delysid.
En un homenaje que la "comunidad científica" le organizó hace un par de años bajo la forma de un seminario internacional, Hofmann defendió sus investigaciones porque el LSD "es a pesar de todo algo especial, que actúa sobre la conciencia, el elemento que nos distingue de los animales". Sí y no. Sí es la conciencia lo que separa al hombre del animal y sí actúa el LSD sobre la conciencia. No es positiva esa "actuación" en absoluto. Aquéllos que han intentado acceder al Misterio de la Vida y a la Sabiduría a través del empleo de drogas sólo porque los "antiguos y sabios chamanes las empleaban para sus rituales..." son tan ignorantes o ingenuos y, además, en general cobardes, como los que antes le dije que lo justificaban todo en las buenas intenciones.
La conciencia -y sobre todo la conciencia de nosotros mismos- es la clave del desarrollo espiritual: la piedra madre que sostiene toda la catedral interna. Es lo que de verdad nos puede conectar con nuestra parte inmortal y permitir que aprovechemos la vida, si es que sabemos cómo trabajar con ella. Pero nuestra conciencia no necesita ser alterada con ningún tipo de sustancia alucinógena: ¡todo lo contrario! Por desgracia, el ser humano corriente ya tiene su conciencia alterada. Pierde su vida precisamente por esa alteración constante de su conciencia (que es incapaz de centrarse y lograr la "paz de espíritu" de la que hablaron los hombres más sabios que conocemos) debido a sus devaneos con las pasiones, las emociones descontroladas, las proyecciones en hechos externos a nosotros, la facilidad que tenemos para viajar mentalmente en el tiempo adelante y atrás en lugar de permanecer aquí y ahora... La mayoría de los presuntos "connoisseurs" que empleaban drogas en antiguos rituales chamánicos o religiosos lo hacían no por mejorar su conciencia o por desarrollar el espíritu (acaso el Don Juan de Castaneda y pocos más sabían lo que se hacían en ese sentido) sino por acrecentar su poder personal y puramente magnético, terrestre.
El LSD fue proscrito públicamente por el gobierno norteamericano a partir de 1966 -y poco después otros países hicieron lo propio- cuando las autoridades de EE.UU. se dieron cuenta de dos cosas. Primera: que el consumo indiscriminado de esta droga había multiplicado los crímenes protagonizados por gente alucinada y además se había convertido en uno de los elementos fundamentales de la aparición de cierto tipo nuevo de "vagos y maleantes" que el mundo pronto aprendió a reconocer con el nombre de hippies. Y segunda: ¿para qué dejar que los ciudadanos la derrocharan según sus gustos y preferencias, cuando podía reservarse esta sustancia como arma exclusiva de los servicios de seguridad?
Sólo los dioses saben exactamente cuántas veces y de qué forma ciertas instituciones norteamericanas (y, en Europa, fundamentalmente británicas y francesas) abusaron del LSD y de otras sustancias similares para sus propios experimentos sobre una población civil ignorante de que estaba siendo utilizada como conejillos de indias y también para controlar y/o enloquecer a disidentes o enemigos del sistema.
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(POSDATA 1:
Por si todavía no se creía lo de que el cambio climático es, además de un método de control de la gente por la vía del miedo, un gran negocio (de hecho, por si no fuera suficiente saber que el mesías del neoecologismo Al Gore tiene tanto dinero invertido en la producción de biocarb..., en la producción de tanatocarburantes), sepa que el próximo jueves 8 de mayo cierta aseguradora va a presentar oficialmente la "primera póliza de seguros que actúa directamente en la lucha contra el cambio climático" (!). Ahora que lo pienso, me parece que estoy tardando ya en subtitular este blog con un eslógan parecido, para aprovechar también la circunstancia... Veamos: algo así como "el primer blog cuya lectura permite luchar mentalmente contra el cambio climático". O alguna tontería semejante. El caso es sacar dinero a los incautos).
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(POSDATA 2:
Ni celebraciones satánicas, ni borreguismos sindicales. Hoy es primero de mayo y como de costumbre yo festejo este día tal y como lo hicieran mis antepasados durante miles de años, por ser una de las antiguas fiestas anuales que jalonaban la marcha del Sol en su brillante camino por los cielos, ejemplo incorruptible para sus hijos ante las adversidades del mundo. ¡Feliz Beltaine!)
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Paul H. Koch
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