Le van a detener, tarde o temprano
21.04.08 @ 00:04:43. Archivado en seguridad, poder, sociedad secreta, gobierno mundial, España
Usted (especialmente usted, empeñado en verle los tres pies al gato, como suelen decir los españoles) puede ser detenido en cualquier momento. Está tan tranquilo sentado en su casa navegando por Internet en busca de una de esas webs que relatan acontecimientos que no cuadran, o leyendo uno de esos libros que no debería leer (¿cómo? pero ¿qué diablos hace usted leyendo en lugar de ver el programa de telebasura correspondiente?) y de repente se presenta la Policía en su casa, le detiene y se lo lleva (eso sí, con presentación previa de una orden judicial) mientras varios agentes se quedan en su domicilio revolviendo su intimidad y llevándose en cajas todo aquello que les interese como susceptible de incurrir en delito. Este escenario nos parece hasta reconfortante, cuando lo vemos reflejado en los medios de comunicación y aplicado a miembros de grupos terroristas, pero ¿qué ocurre cuando se produce un error (o, mejor dicho, un error) y resulta que los que aparecemos como terroristas somos nosotros?
Hay una película excelente, tan amarga como brutal como absolutamente necesaria (y tan precursora en el tiempo como que data de 1985), que es de visión obligada si quiere usted recibir algún día el título de lector honoris causa de este blog: Brazil, del único y maravilloso Terry Gilliam. Allí, una mosca aplastada por una tecla de una máquina de escribir convierte un apellido Buttle en un apellido Tuttle y desencadena una serie de acontecimientos que se pueden perfectamente interpretar como un augurio de lo que nos espera en un futuro próximo. Bueno, de lo que nos espera ahora mismo, porque muchas de las circunstancias descritas en este largometraje rodado hace 23 años están sucediendo ya.
Ejemplo: el pasado viernes supimos que un grupo de agentes de la Policía británica voló directamente la casa de un individuo en Bristol, en el área de Westbury-on-Trym. No es que el tipo tuviera allí una bomba que hizo explosión, no. Es que los agentes se presentaron en casa del tipo ("una persona amable de 19 años que lleva vestimenta musulmana" según sus vecinos) sin aviso previo, le detuvieron, se lo llevaron, registraron su casa y a continuación un grupo de artificieros efectuó una explosión controlada en el interior de su domicilio (los mismos vecinos hablaban de un ruido parecido a una "explosión de gas"). No se facilitó más información a la prensa. No sabemos quién es este individuo, ni por qué fue arrestado, ni qué se llevaron de su casa, ni por qué decidieron volarla. Los vecinos tan sólo han recibido una carta oficial enviada por la Policía para informar de que el arresto estaba relacionado con "un delito serio" y que se trataba de "una medida preventiva" sin dar más explicaciones. Por aquello de que el detenido parece ser musulmán, el obediente portavoz de la minoría musulmana local salió de inmediato ante los medios de comunicación para recordar que "la comunidad musulmana apoya el trabajo de la Policía porque el terrorismo afecta a toda la sociedad y todos hemos de afrontarlo" pero a continuación reconoció que "yo espero que esta sea una falsa alarma" porque en realidad ¡no tiene ni idea de por qué han detenido a este tipo y si es o no terrorista!
Desde el viernes, no he visto hasta ahora más información sobre este sucedido aunque a lo largo de los últimos años este tipo de actuaciones se ha repetido en varias ocasiones en Gran Bretaña: el laboratorio europeo en el que "mis amigos" están ensayando los primeros pasos de la dictadura "blanda" que desean implantar en el resto de Europa y que no han logrado aplicar ya en Estados Unidos por un pequeño puñado de razones (entre ellas, ese hecho característico de la Constitución Norteamericana al que me he referido en varias ocasiones, y he recibido críticas por ello, que es el de que los ciudadanos corrientes puedan poseer armas legalmente, con lo cual el Estado no detenta el monopolio de la violencia; lo que se traduce en que resulta más difícil implantar por la fuerza su proyecto dictatorial..., no como en Europa donde tanto se supone que nos "asusta" la posesión de medios de autodefensa). El esquema, como digo, es cíclico: la Policía desbarata una "peligrosa célula islámica" que al cabo de varios meses resulta que no debía serlo tanto porque la mayoría de los implicados acaban saliendo en libertad y un pequeño grupo (o directamente nadie) acaba en prisión acusado de difusos delitos.
La última vez que estuve en Londres, hará tres o cuatro años, me reía yo solo (por no llorar) al pasear por cierta zona residencial donde viven unos amigos y encontrar cada cierto trecho en la calle un poste metálico con un cartel oficial de las fuerzas de seguridad con la imagen de varios suricatos observando su entorno y la frase, en inglés: ¡Esté alerta ante cualquier persona u objeto sospechoso! Faltaba añadir debajo: "La Gestapo le agradece cualquier información sobre un vecino que no se ajuste a las normas estándar".
Y, como suelo decir cuando usted me contesta "bah, esas cosas sólo suceden en Gran Bretaña, donde los ingleses son todos unos frígidos y unos paranoicos", tenga en cuenta que "esas cosas" se prueban primero allí y luego se "exportan" al resto del Viejo Continente. Vea si no lo que ha ocurrido, sin ir más lejos, con las vergonzosas medidas "de seguridad" que "nos protegen" en los aeropuertos europeos ante el borreguismo de la mayoría de los usuarios que son incapaces siquiera de escribir un e-mail de protesta (ni siquiera una carta en papel) contra las autoridades aeroportuarias por el desprecio y la mezquindad con que son tratados, registrados e incluso gratuitamente cacheados antes de subir a un avión, casi como si en lugar de disponerse a viajar fueran a ser internados en un KZ. ¡Como si no supiéramos que 9 de cada 10 maletas que son facturadas en cada vuelo no pasan registro alguno porque es literalmente imposible y por tanto si yo quisiera organizar un atentado a bordo ni siquiera necesitaría subir al aparato! ¡O como si no supiéramos que ya no hace falta secuestrar el avión físicamente, sino que basta con controlar su ruta desde tierra (pregunte a cualquier piloto aéreo que conozca: a ver cuánto tiempo "conduce" él el avión de pasajeros y cuánto tiempo marcha en automático)! Esas medidas "de seguridad" empezaron a aplicarse "exclusivamente en Gran Bretaña"..., y hoy están generalizadas en toda la Europa civilizada.
La prensa española destacaba este domingo la historia de Rafael Ricardi Robles, un preso detenido en 1995 y que cumple dos condenas de 18 años tras ser declarado culpable de violar a una mujer en Cádiz en compañía de otro delincuente. Trece años perdidos de su vida después (y a pesar de que el tipo siempre dijo ser inocente) la Policía dice ahora que no hay pruebas de ADN que demuestren su culpabilidad..., y todo parece indicar que no fue él el autor del crimen, sino otro individuo que se parecía físicamente. La verdad es que los agentes policiales ya se dieron cuenta del error en 2000, cuando además constataron que el tipo de delito que se le atribuía, modus operandi incluido, seguía produciéndose después de su detención, pero los jueces contestaron que el caso estaba cerrado porque la conmocionada víctima le había identificado en una rueda de reconocimiento (pese a que el suceso había sucedido de madrugada, sus violadores iban encapuchados y sólo pudo ver la cara parcialmente a uno de ellos porque le rasgó la capucha). Ricardi era el perfecto sospechoso: un drogadicto sin techo conocido ni buena coartada la noche de autos.
En junio de 2007, la Policía detuvo a un albañil llamado Fernando P.G., maltratador y fichado por abuso sexual de una de sus hijas, y con un defecto en la vista. Su ADN sí coincidía con el de cuatro violaciones, entre ellas la de la mujer por la cual fue acusado Ricardi. Las investigaciones condujeron poco después a la detención de su "pareja" de crímenes, Juan B.G., otro desgraciado en prisión por abusar de una de sus hijas y que junto con el tipo anterior había atracado varias empresas y bancos en la zona de Jerez. Su ADN también coincidía con el encontrado en una de las violaciones en las que se supone participó Ricardi. Y las caras de estos dos coinciden con el retrato robot elaborado hace años. A pesar de todo ello, los jueces no están por la labor de reabrir un caso que se dio por concluido hace tanto tiempo.
Póngase en el caso de Ricardi. Muy probablemente, no saldrá de la cárcel hasta cumplir la pena por algo que no hizo (otra cosa es, como dicen los que le conocen, si gracias a ello sigue vivo, pues de haber sido puesto en libertad la droga ya le hubiera matado). ¿Sirven de algo sus protestas?
Y estamos hablando de un delito común y por desgracia corriente como es la violación. Figúrese lo que opinan los que mandan de aquéllos que cometemos el delito, mucho peor, de pensar diferente. O, mejor dicho, de pensar... A veces me siento como Winston, el protagonista de la genial The Last Man in Europe (El último hombre en Europa) más conocida por su título comercial de 1984, esperando a que el señor policía llame a la puerta, sabiendo que es sólo cuestión de tiempo.
Pero un partido de fútbol dura 90 minutos y hay que jugarlo hasta el final.
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Si bien la detención ya es de por si vergonzosa para el individuo “inocente”, peor es la consecuencia de la misma para él y su entorno (el que tenia hasta antes de ser detenido, después sobreviene el abismo).
Y es que en este país/mundo de impunes ladrones de guante blanco, tanto económicos como ideológicos, la "Muerte Civil" del Ser "problemático" no deja de ser una peculiar condena perpetua encubierta contra la que ninguna asociación defensora de derechos se manifiesta, a pesar de que hasta el mejor de los “amigos” se apunta al funeral…
Se lo dice quien habiendo sido robado, ya lleva dos “puestas en escena” convenientemente “maquilladas” por ese velado fascismo que “gobierna”.
Nos “minister...
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Paul H. Koch
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