Diamantes para la eternidad
30.12.07 @ 13:11:18. Archivado en poder, guerra, recursos, recomendaciones
Hay una frase particularmente acertada en los diálogos de la película Blood Diamond (Diamante de sangre) de Edward Zwick, en la que se relata la destrucción de un país africano, Sierra Leona, por culpa de sus diamantes. Es cuando el tópico y típico personaje de la periodista Maddy Bowen comenta con el no menos tópico y típico del aventurero y exmercenario Danny Archer que parece mentira cómo los países más desarrollados miran hacia otro lado, sin querer ver lo que está ocurriendo en el país y en toda África, mientras el mundo se desmorona alrededor. Archer le contesta, con gran acierto: "¿Acaso no ha sido siempre así? ¿Acaso el mundo no está siempre desmoronándose?"
En el llamado "mundo desarrollado" vivimos así: hipnotizados por la ilusión de que las cosas marchan muy bien. De que, de hecho, no podrían ir mejor (bueno, sí podrían, pero hay un montón de ricos riquísimos por un lado y otro montón aún más grande de pobres paupérrimos por el otro lado que se empeñan en que no lo hagan), pero en general no podemos quejarnos de cómo va la cosa. Hasta mediados del siglo XX, la mayoría de los europeos -y de los norteamericanos- eran bastante conscientes de los riesgos de la vida, de que no hay nada eterno (ayer mismo me enteré de la muerte de una mujer, una periodista a la que conocí hace unos veinte años, con la que trabajé en alguna ocasión y que era más joven que yo; se fue con rapidez, casi sin despedirse, afectada por una enfermedad de rápida y demoledora evolución; no la volveré a ver nunca más..., y vuelvo a repensar que no nos damos cuenta de que cuando por mero formalismo decimos adiós a una persona quizá lo estemos haciendo realmente para siempre) pero desde el final de la Segunda Guerra Mundial se ha ido progresivamente imponiendo una visión distorsionada de la realidad según la cual "ya hemos sufrido bastante en nuestra historia y es momento de pasarlo bien".
Desde entonces, nos han bombardeado con multitud de anuncios, proclamas, ideologías y todo tipo de dardos mentales para hacernos creer que tenemos derecho a casi cualquier cosa por el simple hecho de haber nacido en un país "desarrollado", mientras que los deberes, las obligaciones y los esfuerzos -y en especial las políticas para impulsar todo eso- brillan por su ausencia. Así, la sociedad se corrompe paulatinamente ante la ingenua o la hipócrita pregunta de tantos que, al cabo del tiempo, se quejan a los cielos y claman: "¿qué hemos hecho mal?" Vea dos casos concretos y recientes en la sociedad española.
El primero: la clase política en general y el gobierno actual en particular, gasta toneladas de saliva en hablar de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la necesidad de luchar contra los malos tratos y la violencia doméstica y el combate contra las redes de prostitución y pedofilia. Pero es esa misma clase política y es ese mismo gobierno -me da igual su color: lo mismo haría cualquier otro- el que, invocando un particular concepto de la libre empresa, no hace absolutamente nada sino que más bien favorece la proliferación de basura televisiva como los programas de "testimonios" en los que aparecen los primates que pocos días después han de asesinar a las mujeres que les rechazaron en un plató o como esos otros programas de "simpático humor" -como los que produce cierto empresario de "reconocida vis cómica" recientemente apaleado en su propia mansión, y me gustaría saber exactamente por qué- en los que se enfrenta de la manera más primitiva y más imbécil a hombres contra mujeres surtiendo a las mentes más pobres de un verdadero catálogo de insultos con los que ofender en la vida real a la otra parte. Son los mismos que tampoco hacen nada para evitar la inundación de pornografía (que nada tiene que ver con el erotismo, por más que haya tantas mentes confundidas) en la que las mujeres (y últimamente también los hombres, pero sólo en versión gay) aparecen como simples objetos sexuales, como muñecas robotizadas y complacientes destinadas únicamente a ejercer de ordeñadoras de las reses masculinas.
El segundo: le supongo enterado de los demoledores resultados del Informe PISA, publicado hace algunas semanas y que demostraba el pésimo estado de salud de la educación española, que no sólo es malo sino que además posee una fuerte tendencia a ir empeorando aún más. En general, el nivel educativo actual es en toda Europa realmente desastroso y se acerca a pasos rápidos hacia el de Estados Unidos. Sí, hoy casi todos los niños están escolarizados y saben leer y hacer algunas cuentas pero no basta con eso. La mayoría son analfabetos funcionales que no comprenden en absoluto lo que leen, como me demostró una niña española de 13 años, hija de unos conocidos, que hace unas semanas por encargo de su colegio leyó Juan Salvador Gaviota de Richard Bach. ¿Ha leído esta novelita? Es una bella parábola, un tanto naïf, pero que, al menos en el caso de los lectores de mi generación, surtió un efecto profundo porque hablaba precisamente de la posibilidad de rebelarse contra las normas de la sociedad que nos encadena, de lo que cuesta personalmente esa rebelión, de los momentos críticos y de duda que uno llega a pasar, y de cómo al final lo que se consigue merece la pena. Bien, esta muchacha debía hacer una redacción sobre el libro. Su resumen de Juan Salvador Gaviota era que "es la historia de las aventuras de una gaviota empeñada en viajar por el mundo". No había ido mucho más lejos. ¿Sabe lo que dijo el otro día el presidente del gobierno español cuando le echaron en cara el pésimo nivel de la educación española? Que estaba bien así, que nunca los alumnos habían tenido tantas oportunidades educativas y que no contemplaba tocar el modelo a corto plazo. Naturalmente, porque se trata de conseguir exactamente lo que se está consiguiendo: ciudadanos presuntamente educados pero obedientes por el mero hecho de su incapacidad de pensar.
(Entre paréntesis, un consejo: si tiene usted hijos, invierta todo el tiempo personal que usted pueda en educarles personalmente, más allá de lo que le enseñen en el colegio. Facilíteles libros, lléveles de viaje, enséñeles museos, plantéeles problemas que les ayuden a pensar por sí mismos... Nadie más va a hacerlo)
Respecto al mundo que se desmorona a nuestro alrededor, le recomiendo que vea, si no lo ha hecho, esta película. Diamante de sangre tiene un metraje excesivo, posee una carga melodramática y romántica irreal en el desarrollo de algunos personajes y el final resulta bastante utópico pero merece la pena. Cuando la vea, entenderá usted por qué hay tanta gente dispuesta a morir con tal de subirse a una patera, entenderá sobre todo de qué está huyendo (en el caso de los habitantes de Sierra Leona, por culpa de los diamantes, pero en el de muchos otros países de África, el problema es el oro, el coltán o cualquier otra riqueza natural que en lugar de una bendición supone en realidad la condena de unos "estados fallidos" cuyos "gobiernos son malos pero los grupos rebeldes que luchan en contra son peores" como dice uno de los personajes). Comprenderá también un poco mejor la realidad africana, cuyas colonias fueron llevadas a la independencia de las metrópolis europeas antes de tiempo, con una mayoría de población que no estaba preparada para ella -ni por desgracia lo está hoy día, por políticamente incorrecto que pueda sonar esto- porque el objetivo desde el primer momento fue eliminar los controles de las naciones desarrolladas para sustituirlos por corruptos gobernantes con los que obtener más beneficios en la explotación de esos recursos.
Comprenderá el horrible fenómeno de los "niños soldado" (por lo demás, un fenómeno tan antiguo como la guerra). Comprenderá también cuál es el futuro de las Fuerzas Armadas en todo el planeta, ahora que las ideas "progresistas" han llevado a la conclusión de que es preciso terminar con los ejércitos nacionales (cumplir el servicio militar es una pérdida de tiempo y una antigualla..., ¿no?) para sustituirlos por ejércitos privados. Lo que por cierto ya sucedió en la Edad Media, y con consecuencias lamentables para la población europea (estudie el período) cuyas naciones, en cuanto tuvieron oportunidad, recuperaron la obligatoriedad de servir de forma obligada al país al quedar demostrado que era la mejor manera de mantener la independencia.
Comprenderá muchas cosas más (incluso el hecho de que esta película fuera eliminada con inusitada rapidez del circuito comercial, ya que estaba dando "mala imagen" al negocio de la joyería) e incluso tendrá oportunidad de regodearse con su humor negro, como en ese duro comentario de la periodista que, al aproximarse a un campamento de refugiados en el que se hacina cerca de un millón de personas, comenta: "Qué barbaridad... Todo un país en la mendicidad. Con suerte, esto supondrá un minuto en el informativo de la CNN, entre la información de deportes y la del tiempo".
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http://barrapunto.com/articles/07/12/30/1137254.shtml
Parece que todos los gobiernos se estan poniendo de acuerdo en controlarlo todo.
Con lo que les cuesta llegar a puntos comunes, en estas cosas van de la mano.
Curioso,curioso.
Es un gigantesco juego de Monopoly que gotea sangre por todo el tablero.
Africa y más, narrada por un africano:
http://www.bolinfodecarlos.com.ar/reptiloides.htm
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Paul H. Koch
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