Es Yule: encienda la Vela Roja
22.12.07 @ 00:21:07. Archivado en conciencia
Medio millón de cartas de niños de todo el mundo han recibido en este último mes las oficinas de Correos de algunas localidades alemanas cuyos hermosos nombres me traen recuerdos de un tiempo anterior incluso al de mi infancia. En especial, Himmelstadt (La Ciudad del Cielo) en la incomparable e irredenta Baviera, Himmelpforten (Las Puertas del Cielo) en la Baja Sajonia y Engelskirchen (La Iglesia de los Ángeles) en Renania del Norte-Westfalia. Las cartas están dirigidas a Santa Klaus (Papa Nöel, en francés, y, sin la diéresis sobre la o, también en español) o al Niño Jesús, pues ambos son los dos personajes que por estas fechas llevan los regalos a los más pequeños según las tradiciones impuestas en los reinos germánicos por el judeocristianismo paulino.
La oficina de Correos que encabeza la clasificación como la más popular (por el número de mensajes recibidos) es Himmelpfort (La Puerta del Cielo; no confundir con Himmelpforten, pues esta localidad se encuentra en Brandeburgo) donde se cuentan hasta 250.000 cartas llegadas de ochenta países. Es la propia oficina postal de esta pequeña población de apenas medio millar de habitantes la que responde, en quince idiomas diferentes y con la clásica eficiencia germana -en esto, al menos, la eficiencia no se ha perdido-, las misivas recibidas. Algunos de los miembros de la comunidad se ofrecen también para ayudar a contestar las cartas, igual que sucede en la casi homónima Himmelpforten donde este año se han recibido otros 10.000 mensajes al menos. Y lo mismo ocurre en otras ciudades que reciben este correo extraordinario como, aparte de las citadas antes, Nikolausdorf (El Pueblo de Nicolás; Nicolás o Nikolaus es Klaus pero sin el Santa delante, como habrá imaginado), St. Nikolaus (San Nicolás, directamente) o Himmelstör (La Entrada del Cielo).
Según me contaba la responsable de una de estas oficinas de Correos, aunque el trabajo de contestar a todas y cada una de las cartas de los niños puede llegar a ser agotador, también resulta una experiencia muy gratificante que la mayoría de los funcionarios no quiere perderse y por ello colabora como puede. Algunas de las cartas son sorprendentes, como aquéllas en las que los niños no piden juguetes normales sino mascotas muy originales como serpientes o elefantes -y los piden de verdad- mientras que otras resultan verdaderamente conmovedoras, como las que recogen la triste y casi desesperada petición de que los padres del pequeño que escribe no se divorcien o que se perdonen y vuelvan a reunirse y formar una familia unida (en verdad me parece que hay pocas maldiciones peores que la que uno puede atraer sobre su cabeza si se convierte en el responsable directo del sufrimiento inútil de un niño pequeño; estoy convencido de que la Naturaleza jamás perdonará a semejante homínido antes de pasarle una factura muy elevada).
Como dato curioso, en los países de habla alemana, y aún más al norte, hacia Escandinavia, siempre se ha defendido la tesis de que San Nicolás llega con sus regalos a bordo de un barco..., ¡desde España! Eso de que Papa Nöel vive en el Polo Norte con un ejército de duendes que se dedican a fabricarle los juguetes que repartirá en Nochebuena no es más que parte del marketing estadounidense que se creó en su día en Estados Unidos cuando Coca-Cola rediseñó su aspecto gráfico y que ha sido exaltado hasta la náusea por el ignorante y tergiversador negocio de Hollywood. Por cierto, si habla usted con alguno de esos indocumentados que critican el hecho de que el traje de Santa sea de color rojo, contéstele que no lo tomó porque fuera el de la etiqueta del famoso refresco sino porque en efecto ése era el color original de su vestimenta de obispo. Aún más, siendo como es este personaje una cristianización más -o mejor deberíamos decir: una catolicización más- de las creencias paganas previas que imperaron en Europa durante tiempo inmemorial, el rojo es la tonalidad que le viene bien porque es el del Sol, en cuya memoria es necesario encender para celebrar el solsticio de invierno una gran vela roja. Yo lo hago todos los años por estas fechas.
Profundizando en la verdadera identidad de este viejo gruñón, nos encontraremos tarde o temprano con el Paseante Gris, también conocido como el Gran Dios Tuerto, el Amo de las Walkyrias, el Líder del Cortejo Salvaje..., o por su nombre corriente de Wotan u Odín. Es, sin duda, una de mis divinidades favoritas, incluso tutelares, pues ¿quién como él en otros panteones mitológicos (salvo, quizá Thot e Isis en el egipcio) buscó la Sabiduría con mayor ahínco y por encima de cualquier otro bien en los Nueve Mundos, perdiendo un ojo por ella, arriesgando incluso su vida al dejarse colgar en el Fresno Cósmico, sobre el vacío de lo inexistente, en esa ordalía espantosa que tanto recuerda a la Crucifixión?
Veo estos días el subproducto enfermo de unos profesionales enfermos de una profesión enferma (como es la Publicidad) promocionando una campaña ridícula que intenta enfrentar la tradición española y perfectamente bíblica de los Reyes Magos ("modernizándolos" a base de destruirlos, convirtiéndolos en una especie de Untermenschen del Hip-Hop, que sólo piensan en "competir" en el mercado de regalos, como perfectos representantes del mensaje globalizador) con la larga y odínica tradición, feroz y libre, que se esconde bajo el aspecto dulzón y bonachón del "repartidor del trineo" e intento no enfadarme. Prefiero recordar aquella frase de los clásicos que rezaba: "La ignorancia es atrevida".
Supongo que esos Reyes Magos traerán este año un juguete muy especial a muchos españoles -y europeos-: los navegadores callejeros, para instalar en coches o incluso para llevar en el bolsillo y saber perfectamente dónde está uno y por dónde llegar más rápidamente a donde uno deba llegar.
Para ser dirigidos -y de paso controlados- con mayor facilidad.
Pues ¿no resulta patético que, en este mundo de pantallas (la pantalla de su móvil, del ordenador de su trabajo, del de su casa, de la televisión, de la consola de juegos, de...) que nos rodean por todas partes al mejor estilo de Fahrenheit 451 ni siquiera nos quede ya el deseo personal de explorar por nosotros mismos sin que alguien (¡una máquina, además!) nos guíe necesariamente a todas partes? ¿Dónde queda el sabor de la aventura urbana, el gusto por perderse por callejas que no conocemos para descubrir rincones nuevos, nuevos caminos, nuevas sensaciones...? No, hay que llegar rápido, lo más rápido posible. ¿Para qué? Para hacer más cosas, producir más, servir mejor al Sistema.
¿Cuándo nos daremos cuenta de que lo importante en la vida no es hacer mucho sino hacerlo bien?
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Supongo que el resto es un reflejo en lo individual.
¿Cuantos juguetes usan pilas hoy dia? ¿Cuantos coches con motor para niños se venden?
Se les niega hasta el placer del esfuerzo.Que el cochecito a motor lo haga por ellos.
Luego diremos que cada vez hay más niños obesos y les compraremos pastillaspara ello y suma y sigue.
Feliz Navidad a todos.
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Paul H. Koch
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