Palmer, el mensajero de la luz
12.12.07 @ 00:30:04. Archivado en poder, sociedad secreta, gobierno mundial, recursos

A estas alturas y si es usted un buen fan de este blog, ya conoce de sobra algunas de mis opiniones sobre la monumental estafa política y económica internacional (sobre algunos aspectos de ella, al menos) relativa al ecologismo, el medio ambiente, el cambio climático y demás parafernalia ruidosa con la que nos bombardean los medios "serios" de comunicación un día sí y otro también. Esta semana he conocido la historia de otra persona que ha vuelto a demostrar de qué va todo este asunto porque, si de verdad la situación fuera tan grave como continuamente intentan hacernos creer los recientemente "nobelizados" y paniaguados del Panel de la ONU y el siniestro Gore, no haría falta convencer a los gobiernos del mundo para que tomaran una iniciativa seria. Lo estarían haciendo de verdad, y no ahora sino desde hace mucho tiempo.
(Entre paréntesis, ¿no le parece indignante que la única forma que se le ha ocurrido a cierta incompetente ministra española -responsable teórica del medio ambiente- para ahorrar la, en teoría, tan agotable energía sea reduciendo las luces de Navidad que los Ayuntamientos colocan por estas fechas para alegrar un poco las frías noches de la época y para celebrar las fiestas? De hecho, ¿no le parece bastante clarificadora semejante propuesta? Recordemos que es la misma ministra que apoya los apagones periódicos impulsados por las organizaciones "ecologistas" -¿será porque en la oscuridad no hace falta aplicarse tanto maquillaje?- y que, supongo que no perdería si apuesto veinte a uno, si pone un belén en su casa es por obligación de algún tipo, no porque tenga idea alguna de lo que significa la Navidad; y no me refiero a su interpretación cristiana necesariamente. Mientras, cientos de edificios -desde ministerios hasta sedes centrales de bancos, pasando por grandes centros comerciales- permanecen iluminados el tiempo que haga falta sin que sus dueños sean criminalizados por el Estado por el el delito de aspirar a lo mismo que Goethe -Luz, más luz...-)
A lo que íbamos. La persona en cuestión se llama Louis Palmer, tiene 37 años y es maestro. No es ninguna lumbrera científica ni técnica, no es ningún genio de la electrónica ni de la física. Es una persona normal (en nuestro mundo de locos, diríamos quizá "anormal"), preocupada por el planeta en el que vive y deseosa de ayudar a hacerlo un poco mejor. Este hombre, con la ayuda de doscientas personas más según confesión propia (ojalá pudiera yo vanagloriarme de tener tantos amigos) y sin ningún conocimiento previo porque "en la vida he aprendido que se puede conseguir todo lo que uno se proponga: sólo hace falta no rendirse nunca" (¡bien por nuestro bravo suizo!), este hombre, digo, ha construido un vehículo de dos plazas que alcanza los noventa kilómetros por hora y que funciona única y exclusivamente con energía solar. Con él ha recorrido ya 14.500 kilómetros por todo el mundo a lo largo de los últimos cinco meses. Y lo ha bautizado como Taxi Solar porque durante todo el trayecto ha ejercido precisamente de eso, de taxi, transportando a más de 400 personas a cambio de servicios sencillos como ejercer de guía o de traductor por los territorios que aravesaba.
El Taxi Solar ha viajado por Suiza, Alemania, Austria, Hungría, Servia, Bulgaria, Turquía, Siria, Jordania, Arabia Saudí, la India y, estos días, ha llegado a Indonesia, donde se desarrolla la Conferencia de las Naciones Unidas para divertirse a costa del contribuyente y bañarse en las playas de..., perdón, quiero decir la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El ingenuo Palmer pretende que los ministros de medio ambiente que participan en la cumbre de la ONU se interesen por su invento y apoyen su producción en masa como una posible solución a la contaminación y el consumo desaforado de combustibles fósiles pues, como bien dice, "tenemos a nuestra disposición la tecnología necesaria para frenar el calentamiento global" y, como mejor reconoce, "sólo hace falta voluntad política para ello". Y concluye: "si yo puedo recorrer el mundo sin usar una sola gota de petróleo, qué no podrán hacer los ministros". ¡No podemos estar más de acuerdo, amigo Palmer!
El maestro suizo tiene intención de seguir desde Bali con destino a Australia. Luego cruzará el Lejano Oriente, América del Norte, algunos de los países iberoamericanos y el norte de África antes de regresar a Lucerna (LUZerna, ¿no es maravillosa la sincronía?), la ciudad suiza de donde partió el pasado 3 de julio. En todos los sitios a los que va, se las arregla para visitar escuelas, instituciones científicas y cualquier otro foro en el que encuentre gente que quiera escucharle, para animar a todos a sumarse a su proyecto de construir una flota de vehículos sin gasolina. Reconoce que, como buen prototipo, su Taxi Solar costó mucho dinero, tanto como dos Ferraris, pero la fabricación en serie reduciría su coste a unos 6.000 euros (¿Sólo?, se pregunta el Gran Constructor de Automóviles, Pues le va a financiar otro, porque yo no estoy dispuesto a perder dinero... Aunque, bien mirado, no creo que encuentre financiación, teniendo en cuenta lo que supone terminar con el negocio petrolero). Además, es muy probable que con la tecnología disponible un modelo mejorado no tuviera que llevar adosado el remolque con el que capta la energía luminosa de nuestro astro rey y que le sirve de combustible.
Sí, decididamente, Louis Palmer es todo un señor, bañado en utopía, pero un señor. Es mi héroe de la semana.
Por cierto, este martes el secretariado de la OPEP confirmaba que el barril de crudo había caído el lunes en los mercados internacionales otro 1,27 por ciento respecto al precio del viernes (ya sabe que siempre facilitan los datos del día anterior) con lo que el petróleo, que llegó a acercarse peligrosamente a los cien dólares (no se preocupe: ya alcanzará esa cifra en la próxima "gran-crisis-mundial-sobre-lo-que-sea") sigue bajando. Ha perdido más de un diez por ciento respecto al valor que tuvo hace unas fechas. Por curiosidad..., ¿sabe si la gasolina se ha abaratado ese diez por ciento? ¿Y el resto de productos de consumo habitual, como la alimentación o la ropa? ¿Y el precio de los billetes de avión? Tengo un nombre muy feo para los que hacen negocios en España -y en el resto de Europa-, ésos que tanto lloriqueaban por la subida del crudo y justificaban así sus propios y absolutamente desproporcionados incrementos de precios y que, ahora que desciende el crudo, tampoco reducen esos mismos precios. Tengo un nombre muy feo pero prefiero que emplee usted su propia indignación para calificar a esta gentuza.
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Paul H. Koch
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