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Soportar lo insoportable

Permalink 10.12.07 @ 00:07:26. Archivado en poder, sociedad secreta, gobierno mundial, pasado

¿Para qué sirve una sociedad secreta, además de para satisfacer cierta conducta morbosa e incluso infantil de jugar a espías o “saber-lo-que-nadie-más-sabe”? La respuesta fácil y obvia es: para obtener poder. El poder es el mayor afrodisíaco del mundo, sobre todo para el hombre, pero también para la mujer. Incluso aquéllos que en apariencia sólo aspiran a amasar dinero para competir en la absurda y desquiciada carrera por incrementar sus particulares cuentas corrientes lo hacen en el fondo con la intención de transformar ese dinero en poder. Ahora bien, ¿qué tipo de poder ofrece una sociedad secreta? Como dije en otra parte, sólo existe una alternativa: adquirir poder sobre el mundo en beneficio de uno mismo o adquirir poder sobre uno mismo en beneficio del mundo. No hay término medio.

Aquéllos que desean adquirir poder sobre el mundo en beneficio de sí mismos se agrupan en organizaciones animalescas (en el sentido de que sus conductas, objetivos y estrategias no se diferencian tanto en el fondo de los machos de lomo plateado en las manadas de gorilas) que, bajo una pátina de intelectualidad, religiosidad e incluso misticismo intentan justificar sus ansias vampíricas (de aprovecharse de todo y de todos, de sorber el ánima vital de cuanto les rodea, sean otros humanos o incluso el mismo planeta en el que viven) mientras inflan un ego artificial que puede llegar a ser gigantesco y volar muy alto, como un zeppelin, aunque un día tarde o temprano acaba reventando y desplomándose a tierra envuelto en llamas -siguiendo el ejemplo- como el Hindenburg.

Estos hombres-animales absorben todo tipo de poder: político, económico, sexual…, incluso mental y parapsicológico si tienen la ocasión de encontrar la forma de conectar con ello. La literatura de siglos pasados los recuerda en los cuentos de los contratos con el Diablo: esa venta del alma personal a cambio de veinte, treinta o cuarenta años de poder. Están obsesionados con la inmortalidad y promueven y financian todo tipo de investigaciones que les permitan vivir un día más en el mundo pues en el fondo saben que morirán, como todos, y temen el momento de “pasar cuentas” en el Otro Lado o, peor, que no exista ningún Otro Lado (y, en efecto, para algunos de ellos, de ciertas características, en realidad no existe según la Tradición). Buscan el conocimiento. El conocimiento para aplicarlo a tener poder personal.

Aquéllos que buscan adquirir poder sobre sí mismos en beneficio del mundo a menudo viajan solos por la vida durante buena parte de ella (pero en realidad no marchan al azar: poseen una guía que les indica y les protege y que, según las creencias particulares, es calificada como Dios, la Providencia, los Antepasados, el Alma del Mundo…, cada uno pone el nombre que quiere) pero inevitablemente han de acabar encontrando a sus iguales y conformando organizaciones humanizadoras (en el sentido de que su manera de trabajar consigo mismos les permitirá subir peldaños en la escala de la evolución, reduciendo progresivamente sus instintos animales hasta eliminarlos o dominarlos por completo: la imagen de Jesús sobre el burro entrando en Jerusalén es más metafórica que real).

Estos hombres-que-desean-ser-hombres-completos poseen códigos de conducta rigurosos y se ponen sucesivas pruebas a sí mismos pues prefieren progresar individualmente que echarse a dormir una vez descubiertos ciertos secretos y ser forzados por la Naturaleza a retomar su camino. No suelen ser protagonistas de las novelas (salvo notables excepciones, como en la maravillosa Zanoni de Bulwer Litton), pues trabajan casi siempre en silencio y no buscan ni necesitan el aplauso ajeno; antes bien, huyen del reconocimiento y la curiosidad del hombre común como de la peste. Pueden ser millonarios, o pobres; esto les da igual pues cualquier circunstancia les es útil, ya que la materia prima con la que trabajan se encuentra igual en el oro que en los excrementos. Y con ambas sustancias, y con todas las demás, fabrican el famoso polvo alquímico que es en verdad la panacea de todos los dolores y los estigmas del hombre. Buscan la sabiduría. La sabiduría –no el simple conocimiento- para aplicarlo a tener poder espiritual.

Para ingresar en una sociedad secreta es preciso superar una serie de pruebas que fijan la fiabilidad del nuevo miembro. Y, a medida que uno gana peso dentro de la organización y penetra una capa de cebolla tras otra profundizando en la misma, ha de enfrentarse a sucesivos retos para demostrar que es digno del nivel que va alcanzando.

En las organizaciones de los hombres-animales, estas pruebas (sobre todo las primeras) suelen ser sencillas y meramente rituales porque las personas propuestas para ingresar son ya conocidos de otros miembros que están dentro y que, por algún motivo, desean que ingresen los nuevos. Creen que les podrán ser útiles en su camino de poder personal o tal vez sean amigos o familiares que se convertirán en sus aliados en la lucha por el poder de su propia organización.

En las organizaciones de los hombres-que-desean-ser-hombres-completos las pruebas son en verdad iniciáticas, pues el camino que ofrecen inicia una vida nueva para la persona corriente que a él llegó, y desde el primer momento no son en absoluto fáciles: ni de ver, ni de asumir, ni de superar. Cuando pensamos en la dificultad tendemos a fantasear con ayunos de 40 días o luchas con gladiadores corpulentos…, pero hay cosas mucho peores.

Estas pruebas son necesarias por la naturaleza de la sabiduría que se puede adquirir con un trabajo honesto pues es ésta un arma tremenda imposible de manejar si no es por seres humanos forjados en un temple especial y muy superior a la media. Uno de los argumentos que en su día se empleó para condenar a los Templarios fue la acusación de que practicaban rituales diabólicos y anticristianos. Se decía, por ejemplo, que, una vez jurada obediencia a sus superiores, el neófito era conducido a otra habitación donde se le sometía a pruebas durísimas para él, desde el punto psicológico. Previamente se le preguntaba: “¿Estás preparado para soportar lo insoportable?” Y él debía contestar: “Soportaré cualquier cosa con la ayuda de Dios”, pensando en combates interminables, hambre y sed o torturas horrorosas a manos del infiel. Pero era aún peor. En aquella habitación se le conminaba, entre otras cosas, a descolgar un crucifijo y pisotearlo y escupir sobre él (lo cual esconde cierto conocimiento profundo sobre lo que de verdad ocurrió durante la Crucifixión de Jesús y no lo que se nos ha venido contando públicamente durante dos mil años). Podemos imaginar el desconcierto del nuevo templario, que se había unido a las ”pobres huestes de Dios” y de pronto debía escoger entre su profunda fe y la lealtad recién jurada. Si actuaba correctamente y “profanaba” la cruz, posteriormente se le explicaban muchas cosas.

Otra de las pruebas, en absoluto originales de los Templarios sino heredadas de otras organizaciones anteriores en el tiempo y el espacio, consistía en presentarle el culo de un macho cabrío –símbolo del Diablo- o bien el de otro guerrero y obligarle a besarlo. Si la anterior prueba era tremenda, imagine ésta… Cuando, haciendo acopio de toda su lealtad hacia la institución y su fuerza de voluntad personal, el aspirante finalmente se decidía a ello y, cerrando los ojos de repugnancia, aproximaba sus labios a tan escatológico lugar, lo que encontraba no era un ojete velludo sino los dulces y suaves labios de una doncella que, en último término, lo había sustituido. Sorprendido, el Templario recibía nuevas explicaciones sobre el significado de este ritual, cuyo desarrollo es una gráfica metáfora de aquello que dijo el Gran Maestro hace tanto tiempo: ”Sólo aquéllos que han descendido antes a los Infiernos pueden aspirar a ganar el Cielo”.

La Sabiduría de verdad, no el simple conocimiento, es un elixir potente y embriagador. Sorberla es darle sentido a la existencia y equivale a convertirse en una especie de dios viviente. Y ahí radica también el más grande de sus muchos riesgos.

Usted, que ansía conocer todos los secretos del mundo, ¿está preparado para, previamente, soportar lo insoportable?

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Ya pues, es hora de que se autodelate señor Koch, ¿a cuál Orden pertenece? ¿Rosacruz, neotemplaria, teosófica, masónica, jesuita, "la tradición"? solo alguien de adentro puede escribir tal artículo, ¿y su libro sobre los Illuminati, de la editorial Planeta (editorial demasidada sospechosa), también hace mucho oro, o no?
Enlace permanente Comentario por Santo Satán 18.12.07 @ 04:34
Te encontré poniendo en el "Dios" google Bulwer lytton illuminati,hace poco tiempo di información a un colega de clase de la universidad sobre los autoatentados del 11 s, los illuminati etc.El tipo quiso hacer un blog y vender camisetas (utilizó la información para ganar poder).Supongo que lo que dices en este texto va por ahí.Se está desclasifcando la información que nos fue vedada durante milenios, de todo lo que leo lo que más me impacta y convence es la obra del tildado loco David icke.Si has leìdo sus libros me gustaría saber tu opiniòn.Saludos desde Lugo ciudad amurallada.
Enlace permanente Comentario por Luigiso 14.12.07 @ 12:48

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