El cuento del "buen salvaje"
28.05.07 @ 11:54:52. Archivado en poder, conciencia, pasado
No es casualidad que uno de los más importantes introductores del mito del buen salvaje en la sociedad occidental fuera Jean Jacques Rousseau, uno de los cínicos ideólogos de la Revolución Francesa, para quien el problema fundamental del ser humano pareciera reducirse al hecho de haber inventado la civilización. Como todos los defensores de la utopía supuestamente naturalista que pretende ver en los pueblos nativos silvestres (cuanto más silvestres mejor) la reencarnación de la "paradisíaca" existencia de Adán y Eva, su teoría básica es que el hombre era una criatura feliz y plena -e incluso más fiable y honesta- cuando era poco más que otro primate gruñón mientras que a medida que progresó y se civilizó lo que hizo fue corromperse hasta convertirse en un ser despreciable que sólo sabe rapiñar y destruir. En consecuencia, más le hubiera valido no evolucionar y seguir siendo un animalito perdido en medio del gran guisado cósmico. Este mensaje pesimista, casi nihilista, anima hoy día también a muchas de esas organizaciones internacionales que se presentan con la etiqueta de ecologistas y humanistas y que están en realidad dirigidas por gente sin escrúpulos con objetivos difícilmente confesables en público.
El idiota de Paris eligió mal. Cuando Eris, la diosa de la discordia, arrojó la manzana de oro en el Olimpo para que se la disputaran las principales diosas, ellas recurrieron a este príncipe troyano para que eligiera cuál de las tres era más bella y por tanto se la merecía. Hera ofreció a Paris el poder, Atenea el conocimiento y Afrodita el amor -el sexo, en realidad- con miss Grecia. Paris eligió esto último y desencadenó la secuencia de acontecimientos que condujo a la destrucción de su ciudad y su linaje. Debió haberse quedado con los dotes de Atenea, sin duda. En lo personal, yo estoy contento de haber mordido la fruta del Árbol del Bien y del Mal que en su día me ofreció aquella Serpiente hoy demonizada pero que en tiempos antiguos era la representación del sabio iniciador, pues creo que la búsqueda y comprensión del conocimiento -el real, no la acumulación de datos informáticos- y su veraz aplicación en nuestro mundo sí son razones por las que merezca la pena vivir aquí y ahora. Dicen que el hombre ignorante es más feliz pero sólo hasta cierto punto. El hombre ignorante es feliz como un niño jugando, pero la vida pasa y el niño crece y, si no es capaz de hacer un esfuerzo verdadero por entender lo que ocurre, el hombre ignorante acaba su existencia devorado por la infelicidad y de forma espantosa, además. El hombre con conocimiento puede sufrir más durante su corta estancia en esta vida pero el fin de su existencia aquí no sólo es glorioso sino el comienzo de algo aún mejor.
Si usted lee periódicamente este blog es que también mordió la fruta de la Serpiente y cree que el riesgo merece la pena. Que es mejor saber que no saber, aunque el precio sea alto. Que resulta preferible enfrentar los estigmas de la calumnia, la soledad, la envidia y la traición, a cambio de descubrir -aun parcialmente- el velo de la verdad. Y que ésta puede ser pavorosa o desagradable, pero es. Existe en realidad, frente a los almibarados e irreales ensueños de la mentira que el Tirano nos impone alrededor para adormecernos y estrangularnos en nuestro sueño "feliz". Por cierto, no hablamos de cualquier serpiente. Usted, que conoce las leyes herméticas, sabe que todo en el universo tiene su contrapartida y que, igual que hay luz y oscuridad, altura y profundidad, masculino y femenino..., también hay Serpientes y serpientes. Los antiguos egipcios utilizaban como símbolo del hombre iniciado el ureus o cobra real, que vemos todavía hoy representada en su frente en pinturas y esculturas de faraones (a menudo, los sumos sacerdotes del culto solar), hierofantes y otros hombres destacados de su prodigiosa cultura. Ésa es la Serpiente, digamos, del Bien. Luego tenemos a la víbora, la serpiente, digamos del Mal, que entre otras cosas representa el conocimiento mal empleado.
Una de las técnicas favoritas de la víbora al servicio del Tirano es utilizar personajes y circunstancias reales y presentarlos al mundo tergiversando su mensaje, inventando parte de su discurso y ocultando otra parte, de manera que sirva a sus intereses. Muchos líderes históricos y muchos textos que usted cree conocer han sido convenientemente manipulados en ese sentido para mostrar sólo su lado favorable o desfavorable, según convenga. De esa manera, se fortalece la domesticación de la Humanidad y se la conduce obediente hacia el matadero. Por ejemplo, en la actualidad está en marcha una auténtica campaña contra la civilización europea, a cuyos miembros (y eso le incluye a usted, y a mí) se presenta en su totalidad como acomodados y egoístas ricachones responsables de todos los males del mundo y cuyo único objetivo es colonizar, masacrar, explotar y hasta destruir al resto de seres humanos. Por eso todos los europeos (y sus herederos culturales, los norteamericanos) son culpables y merecen cualquier mal que les pueda ocurrir. Éste es un asunto que tiene mucha enjundia y sobre el que podemos escribir mucho pero, teniendo en cuenta el espacio aquí disponible, le voy a contar un secreto, sólo uno, para que vea cómo funcionan las cosas.
Seguro que conoce el famoso discurso del Gran Jefe Seattle, el jefe indio de los suquamish y duwamish, que en 1845 dijo esas frases tan bonitas hoy reproducidas en centenares de libros, artículos, páginas web y documentales televisivos. Eso de "el aire es precioso para el Hombre Rojo porque todas las cosas compartimos el mismo: la Bestia, el Árbol, el Hombre" o "soy un salvaje y no entiendo las cosas de otra forma, pero he visto mil búfalos pudriéndose en la pradera, abandonados por el Hombre Blanco que les mató desde el tren que pasaba. Y no entiendo que el humeante Caballo de Hierro sea más importante que el búfalo, al que nosotros matamos sólo para seguir vivos". Y otras citas similares que humedecen nuestros ojos endurecidos de Hombres Blancos corruptos y asesinos, avasalladores e irrespetuosos con todo lo que no comporte beneficio a nuestra codicia y maldad intrínsecas.
El problema es que todas esas hermosas palabras no las escribió el Gran Jefe Seattle sino un guionista norteamericano de series de televisión llamado Ted Perry.
La periodista de la radio KPLU de la ciudad de Seattle (que se llama así precisamente en honor al jefe indio) Paula Wissel descubrió la impostura cuando preparaba un reportaje en el 125 aniversario de la muerte de este "Hombre Rojo" que realmente existió y disponía de gran elocuencia y autoridad entre los suyos. Incluso se guarda algún discurso suyo, pero no el que Perry se inventó para un documental medioambiental que se proyectó en 1970 en la cadena de televisión ABC y de donde saltó a la fama. Perry confesó a Wissel que habían atribuido las palabras a este jefe porque así el mensaje parecía "más auténtico" y desde luego más impactante. Un indio de la misma tribu suquamish fue quien dio aviso a la reportera cuando comprobó cómo todo el mundo insistía en que su ilustre antepasado había dicho cosas que jamás había dicho en realidad ("el Hombre Blanco habla con lengua de doble filo" y etcétera).
La periodista descubrió cosas interesantes: que los indios norteamericanos de 1850 no hablaba de la calidad del aire, ni del agua, ni del medio ambiente, ni de ningún otro concepto propio de los discursos de las actuales organizaciones "ecologistas"; que no pudo ver búfalos, ni vivos ni muertos, porque esos animales no vivían en la zona de Seattle, donde él vivió; que el ferrocarril llegó a la ciudad 14 años después de su muerte..., o que el propio Gran Jefe Seattle envidiaba la calidad de vida del Hombre Blanco y decía a todo el que le escuchaba que prefería sus comodidades y adelantos que la dura y nómada vida de su pueblo de "buenos salvajes".
Paula Wissel desveló el fraude en junio de 1991, en breve hará 16 años, pero a día de hoy se siguen publicando abundantes referencias al inexistente discurso del indio e incluso publicándolo "íntegro" (?), tomándole como icono de una guerra que no era la suya. "Sí, pero a pesar de eso, la intención era buena. Podemos manipular su discurso por una buena causa, como es la ecologista. Seguro que el propio jefe Seattle hubiera estado de acuerdo", dice la parte de su cerebro que fue colonizada en su día por influencias ajenas a usted mismo. ¿Seguro? ¿Podemos manipular, falsificar, reescribir textos y declaraciones para defender una "buena causa", nuestra buena causa? Acaba de dar usted un argumento a los nacionalsocialistas que utilizaron a Nieztsche o a los comunistas que manipularon a Jesús. Acaba de animar a hacer lo propio a los defensores de la tortura, la pederastia, de la anorexia..., o de cualquier otro que entienda que "su" causa es la buena.
Tenga cuidado con sus próximas lecturas.
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p/c= escribi algo mas corto y mas interesante
Seguiremos amando la verdad, aunque nos haga despertar de bonitos sueños como el del Jefe Seattle.
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Paul H. Koch
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