Yo robot vs Dune
07.03.07 @ 00:25:27. Archivado en poder, gobierno mundial, futuro
Una de las noticias más espantosas que he leído en las últimas semanas ha pasado completamente inadvertida en los medios de comunicación (no sé qué otra cosa me esperaba) que, como mucho, la han reflejado como un tema menor y simpático: uno de esos asuntos que se comentan a la hora del café más como una curiosidad que como otra cosa. La protagonista es una paloma, ese ave que (por cierto aún no tengo muy claro el porqué, ya que en su leyenda queda bastante más clara su labor como mensajera que como pacificadora tras el Diluvio Universal) representa simbólicamente la paz y que a partir de ahora simbolizará algo más siniestro.
Sucedió en China, donde un grupo de científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Shandong han logrado dirigir con éxito el vuelo de esa paloma..., por control remoto. Hablamos de un animal vivo. Un animal en cuyo cerebro habían implantado una serie de microlectrodos basados en un diseño desarrollado por el Centro de Investigación Tecnológica de Inteniería Robótica de la misma universidad. Como si fuera una pequeña avioneta teledirigida, uno de esos modelos del legendario triplano del Rote Baron, el grupo de científicos pasó el rato divirtiéndose con el pájaro, al que forzaron a volar arriba o abajo, a la izquierda o a la derecha, con su mando de control remoto. Los implantes estimulaban distintas zonas de su primitivo cerebro con las señales enviadas por ordenador que la paloma identificaba como originales de su propio sistema de orientación.
El jefe de esta investigación, un tal Su Xuecheng, confirmó que la tecnología utilizada era la misma ya probada con anterioridad en otros experimentos con ratones. Y anunció que su objetivo ahora era mejorar el dispositivo porque confiaba en aplicarlo en el futuro "de una forma más práctica". Ahhhh..., las "formas prácticas" del materialismo..., qué interesante declaración de intenciones. Ayer, ratones. Hoy, palomas. Mañana..., ¿no se lo imagina?
Hay varias investigaciones bastante serias -y bastante caras- en este momento en marcha en distintos puntos del planeta buscando las claves para reducir cuanto antes, y con la mayor eficacia posible, al ser humano a un simple robot con el correspondiente mando a distancia. Apriete el botón azul y sonreirá. Apriete el botón rojo y le dará un puñetazo. En las series de televisión, en las noticias de los informativos, en las rimbombantes declaraciones de los más importantes institutos científicos..., aparecen una y otra vez mensajes publicitarios de lo bueno, lo útil y lo adecuado que será el hecho de que dependamos cada día más de las máquinas (en especial, de los ordenadores), que nunca se equivocan ni ponen en peligro iniciativa alguna gracias a su frialdad, a su matemática forma de reaccionar.
Qué bonito el día de mañana, nos dicen, cuando podamos nacer a partir de grandes úteros artificiales (naturalmente asépticos y con las mayores medidas de seguridad), reduciendo el engorroso proceso actual del embarazo y el parto a una simple y maravillosa mezcla en laboratorio del esperma correspondiente con el óvulo más adecuado para producir el descendiente perfecto según nuestros gustos, un embarazo en el que el feto reciba durante los nueve meses una lección acelerada de conocimientos con los adecuados altavoces para que nazca ya "sabido" y un alumbramiento sin traumas. Un nacimiento sin nacimiento, en realidad. Simplemente extrayendo al niño de la placenta artificial en que se ha desarrollado. ¡Qué ideal! ¡Cuánto tiempo libre para que los futuros padres puedan ocupar su precioso tiempo en la sociedad del ocio y el consumo -o bien trabajando para mantener esa sociedad- sin preocuparse de los pequeños detalles!
Y qué fantástico cuando el día de mañana seamos mitad hombres y mitad robots. Quizá con nuestro cerebro como única parte viva dentro de un maniquí de metal y plástico que nos permita aferrarnos a esta existencia durante mucho más tiempo y con mucha mayor calidad de vida. Seremos cyborgs tan poderosos, tan atractivos, tan "viriles" como el Terminator de Schwarzenegger (¿se ha fijado que su apellido significa Negronegro?)..., esos cyborgs tan..., muertos.
En este camino de la "evolución" humana, cada día que pasa la Ciencia nos ofrece una sorpresa nueva, como la de ese grupo de investigadores del Instituto de Ciencias Cerebrales y Cognición Humana Max Planck de Alemania que, en colaboración con sus colegas del University College de Londres y de la Universidad de Oxford, desarrollaban recientemente una nueva técnica que permite predecir las intenciones de las personas mediante el análisis de su actividad cerebral. La técnica, reconocen sus creadores, planteará dilemas éticos ("tendremos que tener un debate sobre ello", dicen, como si en realidad les preocupara: no van a dejar de investigar por muchas voces discrepantes que surjan a su alrededor) porque permitirá detectar cambios en la actividad cerebral con la ayuda de un escáner de alta resolución que indica cómo piensa actuar una persona antes de que lo haga. Probablemente, incluso antes de que ella misma sea consciente de cómo va a reaccionar.
Esta investigación se basa en una serie de estudios previso en los que los científicos utilizaron imágenes del cerebro para detectar los cambios asociados como por ejemplo contar una mentira, comportarse de manera agresiva o mostrar a las claras un prejuicio racial. Los resultados de la iniciativa son bastante llamativos: lograron predecir las intenciones de los voluntarios en un 70 por ciento de los casos.
Uno de los mejores libros de Ciencia Ficción que jamás he leído se llama Dune. Lo escribió Frank Herbert y es preciso señalar que el texto bueno es el primero, no la serie de secuelas que publicaron el mismo autor o sus herederos en años poseriores. Su argumento relata el enfrentamiento entre dos clanes por el control de un planeta desértico (llamado Arrakis aunque popularmente conocido como Dune: en inglés, duna) cuyo único pero inmenso valor es que es el único punto del universo conocido donde se produce la melange. La melange es una especie de efectos casi psicotrópicos imprescindible para el transporte espacial puesto que los pilotos de las naves espaciales la consumen para orientarse en el Cosmos a la hora de cubrir distancias inmensas en tiempos muy cortos. La melange la producen unos gusanos gigantescos y muy peligrosos que son atraídos por los sonidos rítmicos. Por ello los nativos del planeta, los Fremen -los hombres libres- desarrollan una peculiar manera de moverse a través de la arena, para no llamar la atención de los gusanos. Es una forma de andar extraña, arrítmica, casi espasmódica, que les permite pasar inadvertidos.
¿Ha pensado usted en ir desarrollando algo parecido para evitar que le controlen el día de...? Iba a decir el día de mañana, pero mejor digo el día de hoy.
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A veces me da la sensación de que es imposible seguir por ese camino, y de que o despertamos y cambiamos y nos rebelamos... o algo nos despertará y nos cambiará por las malas, y probablemente de una vez por todas.
Y no tengo muchas esperanzas en lo primero...
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Paul H. Koch
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