Las dos monedas
09.12.06 @ 00:03:26. Archivado en conciencia
Cada día llegan a mis múltiples correos electrónicos un montón de nuevos -en realidad, la mayoría de ellos parecen siempre el mismo- pps: esas colecciones de textos con o sin imágenes y/o músicas en las que se puede encontrar desde el humor más chusco hasta las reflexiones más curiosas. Uno que acaba de llegar me ha parecido tan interesante que lo transcribo a continuación porque merece la pena. De hecho, o mucho me equivoco, o la historia original es una de las aventuras de mi viejo amigo -creo que lo es de usted, también- Nasrudin.
Relata la historia de cierta aldea en la que nunca pasaba nada y donde sus habitantes se divertían a costa de un tipo de escasa inteligencia -el "tonto del pueblo" habitual- que malvivía de la caridad ajena. Como la aldea estaba en medio de una ruta de caravanas, a menudo pasaban por allí viajeros que paraban a descansar y tomar algo en el único establecimiento de bebidas que había. Entre té y té, los habitantes aprovechaban entonces para apostar con ellos a que el infeliz era incapaz de escoger, entre dos monedas, la más valiosa.
Así que le llamaban y ponían ante él una moneda grande y brillante por valor de 100 y otra más pequeña y discreta pero que valía 2.000. Luego le decían que podía tomar la que quisiera, que sería para él. El tonto siempre escogía la de 100 y se iba contento y dando saltos porque había cogido la moneda grande. Los habitantes del pueblo se reían mucho y encima le cobraban la apuesta al viajero, que no podía entender cómo alguien podía tener tan poco seso de no apoderarse de la moneda más importante, aunque su tamaño fuera reducido.
Un día, un viajero que había perdido la apuesta -y que sólo después de perder se había enterado de que el tonto siempre cogía la moneda grande- llamó aparte al infeliz y le recriminó por su actitud. "¿Es que no te has dado cuenta de que la moneda más grande es la que menos vale?" La respuesta que recibió le dejó de piedra: "Naturalmente que sí, pero el día que escoja la moneda pequeña el juego se terminará y no volveré a ganar ninguna moneda".
Interesante, ¿no? Esta breve historia, fácil de retener en la memoria, resulta muy útil para recordarnos varias cosas. En primer de lugar, que estamos rodeados de idiotas que no lo son (haga memoria de tantos héroes mitológicos que se disfrazaron de lisiados, mendigos, ancianos o tarados para penetrar sin ser vistos en el corazón de la fortaleza enemiga..., hasta El Arte de la Guerra nos dice que nunca debemos descubrir nuestras cartas antes de tiempo; pero también nuestros enemigos pueden jugar a lo mismo). En segundo lugar, que no debemos reírnos de nadie, por inferior que aparente ante nuestros ojos (todo el mundo puede enseñarnos algo, hasta el más miserable -por condición económica o por carácter personal- de los seres humanos). En tercer lugar, que matar la gallina de los huevos de oro es bastante más idiota que aprovechar diariamente su huevo (por pequeño que sea, por ansiosos que estemos de acumularlo todo). Y, finalmente, que ande yo caliente y ríase la gente (la opinión ajena debe importarnos lo justo; ni tanto que condicione nuestro proceder, ni tan poco que nos impida aprovechar la lección de su crítica).
Como bien dice el autor del anónimo pps para cerrar su mensaje: "el mayor placer de un hombre inteligente es aparentar ser idiota, delante de un idiota que aparenta ser inteligente".
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Paul H. Koch
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