Cumpliendo la hoja de ruta
06.02.06 @ 00:05:17. Archivado en sociedad secreta, guerra
Occidente se lleva las manos a la cabeza y se pregunta cómo es posible que un puñado de caricaturas de Mahoma hayan desatado una crisis de semejante calibre, con miles de enloquecidos fanáticos –que probablemente ni siquiera han visto los famosos dibujos- asaltando embajadas de la UE, pidiendo el boicot internacional para los productos europeos y amenazando con descargar “la ira de Alá” sobre nosotros. Pero no hay de qué extrañarse, todo marcha según el plan. Cuanto está sucediendo y lo que vendrá después estaba ya previsto, al menos desde finales del siglo XIX.
Entre 1870 y 1871, dos intrigantes y peligrosos conspiradores, Albert S. Pike y Giuseppe Mazzini, mantuvieron una interesante correspondencia a propósito de las actividades sectarias que ambos desarrollaban al frente de sus respectivas sociedades secretas. La carta más conocida entre ambos, por lo menos de entre las que custodia el Museo Británico de Londres según descubrió el exagente secreto británico Guy Carr, es la fechada el 15 de agosto de 1871, en la que Pike comunica a Mazzini el plan a seguir para su asalto al poder mundial por parte de los Illuminati de aquella época.
“Fomentaremos tres guerras que implicarán al mundo entero”, decía Pike. La primera buscaba un objetivo básico: echar a los zares de Rusia para apoderarse del país e implantar un sistema comunista, a fin de enfrentarlo contra el capitalismo de acuerdo con la dialéctica hegeliana. Para ello, se trataba de enfrentar a “los imperialismos británico y alemán, además de fomentar la lucha entre el pangermanismo y el paneslavismo” hasta desatar un enfrentamiento bélico de una magnitud y una vesania nunca antes vistas.
El mundo occidental quedaría tan agotado y destruido tras el conflicto que nadie tendría ganas de interferir en la operación “Apoderémonos-impunemente-de-Rusia”. Dicho y hecho.
La segunda guerra estaba orientada específicamente hacia “el establecimiento de un Estado soberano de Israel en Palestina”, además de consolidar una Internacional Comunista capaz de mantener el pulso con el Capitalismo. En esta ocasión, se optó por apoyar primero a diversos movimientos políticos europeos a fin de que alcanzaran el gobierno de sus respectivos países y constituyeran una serie de dictaduras férreas. Después, había que lanzar estos regímenes contra las democracias, para poder desatar la nueva catástrofe.
En efecto, las dos consecuencias más importantes de la Segunda Guerra Mundial fueron la partición de Europa –y del mundo- en dos mitades separadas simbólicamente por el Telón de Acero (una expresión cuya invención, por cierto, suele adjudicársele a Winston Churchill cuando el primero que formuló el concepto fue Joseph Goebbels) y la creación de un “hogar nacional israelí” para “evitar tragedias como la sufrida por los judíos bajo el régimen de Hitler”.
La tercera y definitiva guerra se desataría promoviendo los enfrentamientos entre el sionismo político, que contaría ya con un país propio desde donde hacerse fuerte, y los dirigentes musulmanes. Este conflicto debía orientarse “de forma tal que el Islam y el Sionismo político se destruyan mutuamente” pero un pulso tan brutal que obligara “a otras naciones a entrar en la lucha hasta agotarse física, mental, espiritual y económicamente”.
Y ahí parece que estamos, en este momento: no a punto de empezar la Tercera Guerra Mundial, sino en plena guerra ya. Para apreciar mejor la situación, hagamos un esfuerzo de percepción y separémonos de la actualidad, a fin de observar lo que ha ocurrido en la segunda mitad del siglo XX y en especial durante los últimos quince o veinte años con una perspectiva global.
Hay mucho por anotar: la destrucción de El Líbano (antes conocido como “la Suiza de Oriente Medio”), las dos guerras del Golfo con la invasión y ocupación de Iraq, el recrudecimiento del conflicto judeopalestino (todavía hay ilusos soñando con la posibilidad de que realmente pueda establecerse y prosperar un Estado Palestino en las condiciones que desea Israel), parte de los conflictos balcánicos (bosnios musulmanes, serbios ortodoxos y croatas católicos), la invasión de Afganistán, los atentados del 11S y del 11M (los más graves de una serie), el acoso y derribo de Siria y ahora de Irán…
No son sucesos aislados, unos de otros, sino más bien eslabones de la misma y trabajada cadena.
En medio de este panorama, lo de las caricaturas es, y nunca mejor dicho, un chiste. Más allá del debate sobre la libertad de expresión o la escasez de sentido del humor de las religiones y en especial de la musulmana, si de algo debería servir esta vuelta de tuerca a la tensión internacional, es para abrir los ojos a Occidente ante la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos y que empeorará aún más en el futuro.
Según la correspondencia de Pike y Mazzini, después de las tres guerras nos espera algo aún más terrible pero ésa es otra historia.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/12316
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Paul H. Koch
autor
Contacto








