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La Columna de Hierro y la Sucesión Presidencial del 2012.Segunda

04.02.12 | 04:39. Archivado en Sobre el autor, Desde la frontera del mundo
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¡Qué paciencia han de tener las mujeres con esas criaturas tan infantiles! Lo que me extraña no es que algunas mujeres asesinen a sus esposos, sino por qué no lo hace la mayoría.

Dicen que el cuerpo se unirá al alma el día del fin del mundo

Es mejor enseñarles enseguida, al salir de la cuna, que el hombre es intrínsecamente perverso, que es destructor y embustero y un asesino en potencia

La Columna de Hierro y la sucesión presidencial del 2012. Segunda

Esta colaboración se realizara en siete presentaciones; esta es la segunda

En México ya inicio el proceso electoral para la sucesión presidencial que habrá de concluir el 1 de diciembre fecha, en la que habrá de tomar protesta como Presidente Constitucional de la República Mexicana quien resulte electo el día domingo uno de julio próximo. Por ello es necesario que usted lea en siete etapas esta formidable novela de la señora Taylor Caldwell.
Narraciones en la que cualquier perecido con la realidad de estos días que vivimos parecieran ser mera piratería.

»Su hijo tiene carácter, noble Tulio –decía al padre–; es firme, pero no dogmático. Es tolerante, pero no débil. Es tenaz, pero no obstinado. En su alma alberga los más altos principios. Los dioses ayudan a aquellos que colocan la virtud por encima de todo.

++Usted no es intolerante, maestro –le contestó Marco con su pícara y encantadora sonrisa.
–Nunca desprecies las inconsecuencias. Son la mejor salvaguardia del hombre contra la tiranía. La Ley de Dios… –aquí Arquías vaciló por un instante– es tenida, probablemente con razón, por inmutable. Pero las leyes de los hombres no pueden nunca ser dogmáticas, pues se convertirían en piedras insensibles.

++»Y a propósito, los judíos están esperando la llegada inminente de un Salvador. Esos judíos son un pueblo muy misterioso. Creen que Dios creó al hombre perfecto en su origen, inmune a la muerte y al mal, pero que por su propia voluntad se privó de la perfección para caer bajo el poder del mal y la muerte. Yo esto lo encuentro increíble y místico. En todo caso, ellos esperan a su Salvador para que les aclare cuál es la voluntad de Dios con respecto al género humano y su Ley, de modo que no pueda volver a descarriarse. Está escrito en sus extraños libros que ellos estudian sin cesar. También creen que el alma del hombre es inmortal y que no vaga después de la muerte entre las sombras en algún mundo subterráneo plutónico, sino que es llevada al Salvador o Mesías, que es como lo llaman, hacia las brillantes y eternas islas de la Gloria. Dicen que el cuerpo se unirá al alma el día del fin del mundo y que todo el conjunto será llevado intacto a su cielo. A mí me parece una concepción muy divertida. Su Dios no es alegre ni bello como nuestros dioses. Parece que tiene un temperamento de lo más desagradable.

Marco meditó sobre el Mesías de los judíos y la inminencia de su manifestación. ¿Viviría él cuando se produjera tan solemne ocasión? Mientras se lo preguntaba, sus ojos cambiantes brillaron por la excitación.
–Él es el Dios desconocido –dijo.

++Arquías, hombre de ciudad, lleno de extravagancias y concepciones urbanas, se sintió descorazonado cuando le anunciaron que la familiase trasladaba a Roma.

++Marco, ahora de nueve años de edad, se sintió alborozado ante la aventura de ir a vivir a Roma y dijo a su hermano de cinco años: –¡Quinto! ¡Volvemos a la capital de nuestros padres y allí veremos maravillas!

++–¿Cómo te llamas y dónde vives?
El muchacho contestó sorprendido:
–Vivo en esta casa vecina a la suya. Me llamo Cayo Julio César, igual
que mi padre, y mi madre es Aurelia. Voy a la escuela de Pilón, el liberto.
¿Tiene usted hijos de mi edad?

++A Marco le gustaba la escuela, aunque no algunos de sus compañeros. Llegó a detestar con un odio que le duró toda la vida al gran amigo de Julio César, Lucio Catilina. Éste era el favorito de Pilón porque su familia era a la vez antigua y aristocrática y llevaba uno de los primeros apellidos de Roma, aunque ahora estuviera empobrecida. Lucio era sobre todo un muchacho muy guapo, no de un modo afeminado, sino con una intensa y delicada virilidad. Tenía un enorme magnetismo personal que la mayoría de la gente encontraba irresistible, aun sus enemigos, de los cuales tenía pocos, cosa asombrosa conociendo su carácter. Era un jefe nato y le seguían incluso aquellos que desconfiaban de él y no le tenían simpatía. Marco aprendió por primera vez que la virtud y los buenos modales no procuran necesariamente amigos, así como tampoco la grandeza de ánimo o la inteligencia. Al revés, descubrió que estas cualidades a veces causan un efecto repelente, siendo los hombres como son. Un hombre perverso es más soportable para la mayoría que uno bueno, que es para ellos un constante reproche y al que hay que despreciar.

++«Es una equivocación educar a los niños tan sólo en el ambiente familiar, rodeados de cariño afectuoso, sin hacerles saber que al otro lado de los seguros muros de su hogar hay un mundo de hombres impíos, deshonestos y amorales, y que tales hombres constituyen la mayoría. Porque cuando un joven inocente tropieza inevitablemente con ese mundo, recibe una herida de la que jamás se recuperará, una dolencia del corazón que enfermará permanentemente su alma. Es mejor enseñarles enseguida, al salir de la cuna, que el hombre es intrínsecamente perverso, que es destructor y embustero y un asesino en potencia. Los hijos deben ser advertidos de la condición de sus semejantes, si no se quiere que mueran en cuerpo o en alma. Los judíos tienen razón cuando declaran que el hombre nace ya pervertido. Sabiendo esto, los niños podrán decirse a sí mismos: "Con la ayuda de Dios trataré de ser mejor que mis hermanos y me esforzaré en alcanzar la virtud. Es mi deber tratar de superar mi naturaleza humana".»

++Sólo la poesía es inmortal –declaró un día Marco.

Pero su maestro negó con la cabeza.

El pensamiento es lo inmortal. Mira al hombre, Marco, y observa lo débil que es. No tiene escamas como los peces que le sirvan de armadura, ni alas con las que pueda volar huyendo del peligro, no tiene una piel tan gruesa como la del elefante que le proteja de los aguijones y las espinas, ni garras y colmillos como el tigre, ni es tan terrible como el león, tan ágil como el mono o tan astuto como la zorra. Tampoco tiene caparazones como los insectos. No puede vivir sin albergue ni sobrevivir mucho tiempo sin comer, como le pasa al oso y los otros animales que invernan aletargados. Tampoco puede ir nadando muy lejos ni durante mucho rato. Es presa del moscardón venenoso y de muchos animales. En muchos sentidos es la más insignificante de las bestias si sólo consideramos su cuerpo.

»Pero a pesar de ser tan vulnerable y débil, tierno como la hierba y frágil como la caña, ¡qué grande es el hombre! Porque piensa. ¿Es que el lobo puede pensar? ¿Y el cuervo construir un Partenón? ¿Y la ballena comprender la idea de Dios? Tengo oído que la serpiente es muy astuta, pero ¿podrá jamás una serpiente levantar un monumento a la verdad y la belleza? ¿No es Sócrates, aunque fuera tan feo, más poderoso que la más noble montaña? ¿No es Aristóteles más grande que el mundo físico y todas las criaturas que lo habitan? ¿Es que el bebé más débil no tiene muchísimo más valor, porque es un hombre en potencia, que el bosque de árboles más altos? Todo ello se debe a que el hombre puede pensar y, gracias a este pensamiento, crear el Cielo y el Hades y plantarse ante los dioses y decirles: "Tengo una mente; por lo tanto, soy uno de vosotros".

Tocó a Marco en el brazo:
–El pensamiento, como la vida, adopta muchas formas, ¿y quién puede decir cuál de ellas es la más maravillosa?

++Y prosiguió:
–Hace tiempo que quería darte un consejo muy necesario para los jóvenes en su adolescencia y que te será de mucha utilidad durante toda tu vida. El hombre, como sabes, es un animal al que le gusta catalogar. Es una criatura de razón y racionalismo, si sabe cultivar tales dones. Ten cuidado, Marco, con los hombres fervientes y entusiastas, porque han perdido su razón y su racionalismo. Son poco más que los perros exuberantes que se abalanzan y ladran al menor ruido y se excitan por todas las cosas. El hombre realmente civilizado es inmune a las aclamaciones pasajeras, las novedades y las modas del pensamiento, las hazañas, la palabra hablada o escrita o las tormentas emocionales. ¡No tengas demasiado celo, Marco! Sé temperado. Cultiva la contemplación. Sé reverente ante las creencias y tradiciones que se han ido acumulando a lo largo de los siglos tan penosamente como se almacena el grano en los graneros.

»El hombre verdadero se aparta de la chusma vociferante que pulula por los mercados, que aclama constantemente y luego es la primera en denunciar. No se puede confiar jamás en el hombre de la calle. Piensa en los nobles y generosos Gracos, con los que yo jamás estuve de acuerdo, a pesar de que fueran buena gente y se dedicaran con alma y vida a su pueblo.

La misma chusma que ellos quisieron elevar a la categoría de hombres verdaderos los destruyó con la rabia febril y las pasiones tan típicas del hombre común.

»Sin embargo, guárdate asimismo del hombre de las columnatas, del que se puede uno fiar tan poco como de su congénere de las calles. El primero es como una piedra, emparedado tras sus propios pensamientos, que son peligrosos porque no tienen contacto con la realidad. El segundo es como una insensata tempestad, rugiente e incontrolable, arrancando árboles de cuajó y ahogando en oleadas desbordantes. El hombre de las columnatas piensa que los seres humanos son puramente pensamiento y olvida que son además animales con instintos y pasiones animales.

Nada de excesos.

++Considerándolo su deber, el abuelo fue en busca de Marco un día cálido y dorado cuando éste paseaba a orillas del río, componiendo mentalmente ardorosas poesías.
–Ya es hora –le dijo el abuelo– de que te explique en pocas palabras cosas que todo joven debe saber.

»Guárdate de los que tienen mentalidad de pordiosero y almas serviles, pues destruyen imperios. Ésos serán –añadió con dolida amargura– los que algún día quizá destruyan a Roma, como destruyeron a otras naciones. Carecen de honor y patriotismo. No tienen hombría de bien.

»Pero se acerca el día en que seamos mandados de nuevo por un dictador, uno que no será como los de antaño, sino que querrá poder ilimitado en atribuciones y en tiempo sobre toda Roma. Roma ya no es lo que era. Nos acercamos rápidamente al día en que no será gobernada por la moderada clase media, sino por los ricos, que dominarán gracias a los famélicos y los esclavos. Unos servirán a los otros y satisfarán los mutuos apetitos en una simbiosis perversa.

No te extrañe que sienta temores por mi patria.
»Yo he conocido una noble Roma, nación de hombres libres. Pero tú, hijo mío, verás tiempos terribles, porque Roma ha decaído en su espíritu y ya tenemos posadas sobre nuestros muros las feroces aves que se alimentan de carroña, tanto dentro de las mansiones de los ricos como en las congestionadas callejuelas de la ciudad. Tu deber, ahora que traspones el umbral de la virilidad, es rechazar al enemigo como Mario rechazó a los germanos. Si eres capaz de ello, con resolución, honor y bravura, Roma podrá ser todavía salvada, aunque se va haciendo tarde y el verdadero patriotismo enferma bajo nuestros marciales estandartes. ¿Tú tienes valor, Marco?

++Años después, recordando esa noche, escribió a un amigo:
«El hombre vive en un terrible aislamiento, prisionero en su cuerpo,incapaz de mover su lengua para decir las palabras que lleva en su corazón, imposibilitado de mostrar tal corazón a nadie, ni al padre, al hijo, al hermano o a la esposa. Ésa es la tragedia del hombre, que vive a solas desde el momento que nace hasta que yace sobre su pira funeraria.»

++–Pero hablemos de ti, mi querido Marco –dijo Tulio, y su voz tuvo de nuevo un tono juvenil y anhelante–, porque lo que he de decirte es la única garantía y la única certidumbre que por siempre poseerás El mundo realmente es una ilusión, porque ningún hombre lo ve como lo ven los otros. Su realidad no es la nuestra, ni la nuestra es la suya. Habrá algunos que te dirán: «La política es lo más importante, porque el hombre es un animal político», y otros te asegurarán:

«El poder es la fuerza que arrastra a todos los hombres; por lo tanto,si quieres ser importante, busca el poder». Y aun habrá otros que te manifestarán: «El dinero es la mejor medida de la virilidad, porque bien poca cosa es el hombre que se contenta con ser pobre y desconocido». E incluso habrá quien te declare: «El amor de tus semejantes es lo más necesario; por lo tanto, busca la popularidad». Éstas son sus realidades. Puede que no sean las tuyas, ni las de millones de tus semejantes. »Para un hombre bueno, la felicidad en este mundo no tiene importancia ni realidad. Éste no es nuestro verdadero hogar. Un hombre bueno sólo puede hallar la felicidad en Dios y en su contemplación, aun estando en este mundo. Pero entonces su felicidad se verá oscurecida por la tristeza, porque el alma no puede ser verdaderamente feliz separada de su Dios por la carne.

++–Helvia le dijo: Siéntate, tengo que hablarte. Eres un joven inexperto y debes ser razonable. Ya sé que tu abuelo, tu padre y tu maestro te han hablado –dijo, haciendo un leve gesto con la mano como si quisiera ahuyentar las extravagancias de los hombres–, pero ahora debes recibir los consejos sensatos de una mujer. Los hombres piensan en sueños; las mujeres, en realidades. Ambos son necesarios.

»¿En qué consiste un hombre de verdad? He oído muchas discusiones sobre esto en nuestra casa y a veces me he impacientado. ¿Qué sería de esos hombres si yo dejara mi rueca y mi cocina y me sentara a sus pies para escucharles? No tendrían ropas de lino ni de lana para vestirse y sus platos estarían vacíos a la hora de comer. A pesar de sus sueños y sus sesudas disquisiciones, a los hombres les gusta mucho comer. Comen más que las mujeres y se ponen quejicosos porque les has puesto una salsa o porque no se la has puesto. Al sentarse a la mesa tienen frecuentes accesos de mal humor.

-Tu abuelo es todo patriotismo y no sabe salir de ese tema. Pero si una esclava hace mal una costura, se pone furioso. Tu padre no piensa más que en Dios, pero si un manjar no está bien cocido, lo aparta a un lado con disgusto. Una diría que tan grandes pensadores deberían estar por encima de esas pequeñeces mundanas. Pero a los hombres les gusta vivir cómodamente y se ofenden si no se les atiende bien.

¡Qué paciencia han de tener las mujeres con esas criaturas tan infantiles! Lo que me extraña no es que algunas mujeres asesinen a sus esposos, sino por qué no lo hace la mayoría. (Continuara)

Esta colaboración se realizara en siete presentaciones; esta es la segunda. (85 de 830 páginas). “La columna de hierro Caldwell, Taylor. a memoria
del presidente John F. Kennedy y a los senadores Barry Goldwater
y Thomas Dodd”

Feedbooks. La columna de hierro
Caldwell, Taylor

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