La columna de Hiero y la sucesión presidencial del 2012
Esta colaboración se realizara en siete presentaciones; esta es la primera
En México ya inicio el proceso electoral para la sucesión presidencial que habrá de concluir el 1 de diciembre fecha, en la que habrá de tomar protesta como Presidente Constitucional de la República Mexicana quien resulte electo el día domingo uno de julio próximo. Por ello es necesario que usted lea en siete etapas esta formidable novela de la señora Taylor Caldwell.
Narraciones en la que cualquier perecido con la realidad de estos días que vivimos parecieran ser mera piratería.
La columna de hierro
Caldwell, Taylor. a memoria
del presidente John F. Kennedy
y a los senadores Barry Goldwater
y Thomas Dodd
"El poder y la ley no son sinónimos. La verdad es que con frecuencia se en-cuentran en irreductible oposición. Hay la Ley de Dios, de la cual proceden todas las leyes equitativas de los hombres y a la cual deben éstos ajustarse si no quieren morir en la opresión, el caos y la desesperación. Divorciado de la Ley eterna e inmutable de Dios, establecida mucho antes de la fundición de los soles, el poder del hombre es perverso, no importa con qué nobles palabras sea empleado o los motivos aducidos cuando se imponga.
Los hombres de buena voluntad, atentos por tanto a la Ley dictada por Dios, se opondrán a los gobiernos regidos por los hombres y si desean sobrevivir como nación, destruirán al gobierno que intente administrar justicia según el capricho o el poder de jueces venales."CICERÓN
"Tú, pues, ciñe tus lomos, yérguete y diles todo cuanto yo te mandare. No te quiebres ante ellos, no sea que yo a su vista te quebrante a ti. Desde hoy te hago como ciudad fortificada, como férrea columna y muro de bronce, para la tierra toda, para los reyes de Judá y sus grandes, para los sacerdotes y para todo su pueblo. Ellos te combatirán, pero no te podrán, porque yo estaré contigo para protegerte",
palabra de Yavé.
JER. 1: 17-19
Marco Tulio se encogió bajo sus cobertores y cerró los ojos. La
comadrona hizo una reverencia y dijo:
–La señora Helvia está a punto de dar a luz, amos.
–¿Tan pronto? –preguntó el padre.
–De un momento a otro, amo. Se fue a la cama hace una hora, según el reloj de agua, que aún no se ha helado, y ya ha tenido un dolor. El médico está con ella. El parto es inminente.
–Ya te lo dije –comentó Marco Tulio con cara de infeliz–. Helvia desafía las leyes de la naturaleza. El parto debería haber durado lo menos ocho horas.
++Helvia se fijó en sus visitantes y frunció el entrecejo.
Su pluma hizo alto en el gasto que estaba apuntando en un grueso
libro. El médico permanecía a la cabecera de la cama con cara de impotencia.
–¡Helvia! –dijo Marco Tulio, comprendiendo vagamente que formaba
parte de su deber de esposo el estar a su lado en estos momentos,
tranquilizarla y orar por ella. Helvia frunció más el entrecejo.
++Cuando no le estaba fastidiando o intimidando, el padre la consideraba una excelente matrona y pensaba que su hijo era muy afortunado. Por lo general le tenía miedo, aunque fuera tan joven y acabase de llegar a la pubertad, pues sólo tenía dieciséis años.
++Con poco esfuerzo y contusión nació el niño, pues era un niño, el 3 de enero del año 648 de la fundación de Roma, hijo de Marco Tulio Cicerón y de Helvia, su joven esposa, y como es natural le fue impuesto asimismo el nombre de Marco Tulio Cicerón.
++–Es una criatura encantadora –dijo Lira–. Roma no lo sabe todavía, pero ha nacido un héroe. –Acarició los delicados y finos cabellos del niño que mamaba.– ¿Sabe lo que dicen los judíos, señora? Esperan a un héroe y están muy excitados. Dicen que está escrito en sus profecías. Y he oído que en Delfos el oráculo habló del Gran Hombre que ha de aparecer. Ha habido portentos en el cielo. Los sacerdotes lo susurran en los templos.
++Él recordaba a menudo la modesta casa cerca de Arpinum, donde nació en aquel frío día del mes de Jano, porque de ella conservaba, por muchas razones, sus más dulces recuerdos. Después de la imposición del nombre y para evitar confusiones, dejaron de llamar al padre Marco Tulio, pasando a ser simplemente Tulio, lo que ponía furioso al abuelo, que con su vozarrón preguntaba si con el nacimiento del nieto él iba a quedarse sin nombre alguno.
++Tulio se lo recordaba a su padre cuando éste daba puntapiés en el suelo como un toro exasperado.
–¡Es que no tiene nada que decir! –gritaba el viejo, dando otro puntapié más fuerte.
–Es de sabios no hablar cuando uno no tiene nada que decir –replicaba Tulio, que pensaba que las palabras eran bellas en sí mismas y capaces de expresar infinitas cosas más allá de su aparente significado.
++Es triste –continuó Tulio, cuando los dos fruncieron el entrecejo– el
que hoy en día no haya ningún hombre orgulloso de ser hombre, lo que quiere decir que está muy por encima de los animales y que tiene un alma y una mente. No, deberían tener pretensiones propias.
Helvia se encogió de hombros.
–Lo único que cuenta es el dinero –dijo–. Me han dicho que en Roma
se puede comprar una ilustre ascendencia. Los genealogistas inventan
un árbol genealógico formidable para el más bajo de los hombres libres, si se les paga con suficiente oro.
++Tulio volvió a abrazarlo. Hijo mío, pensó, ¿dónde estarás y qué serás cuando seas hombre? ¿Huirás del mundo como yo he huido o te enfrentarás a él? Sobre todo, ¿qué hará el mundo de los hombres con tu espíritu que ahora es como agua clara? ¿Lo volverán lóbrego y turbio, lleno de los residuos de sus perversas imaginaciones, al igual que el Tíber corre lleno de despojos? ¿Lo emponzoñarán con sus mentiras, como está emponzoñado el cuerpo de las serpientes con mortífero veneno? ¿Te convertirán en uno de ellos los adúlteros y los ladrones, los depravados y los impíos, los brutos y los injustos, los falsos y los traidores? ¿O serás más fuerte que tu padre y los sobrepasarás a todos, despreciándolos no en silencio como he hecho yo, sino con palabras como espadas flameantes? ¿Les dirás que hay una fuerza que vive no en las armas, sino en los corazones y las almas de los justos y no puede ser avasallada? ¿Les dirás que el poder sin ley es el caos y que la ley no procede de los hombres, sino de Dios? ¿Qué les dirás tú, hijo mío? El chico parecía escuchar al padre con sumo interés y tratando de entender, porque levantó poco a poco su mano y tocó la mejilla de Tulio.
Éste pudo sentir la ligereza de aquella manita, pero también sintió una viva calidez, confortante como una promesa. Son imaginaciones mías, pensó, porque aún es una criaturita; y sintió acudir a sus ojos unas lágrimas poco viriles, indignas de un romano. Él no puede comprender lo que le he pedido desde el fondo de mi alma y, sin embargo, ha llevado sus manos a mis mejillas como si fueran las manos de un padre y no las de un hijo.
++Tulio ofreció su hijo a Dios, suplicando piedad para él y que lo mantuviera a salvo del deshonor y la codicia, la crueldad y la locura, que no evitara el combate pero que sólo se dispusiera a entrar en él en nombre de la justicia, y que no temiera jamás a ningún otro hombre ni a nada más que a aquel o a aquello que pudiera manchar su alma. Y rezó como los padres rezaban antes y se sintió confortado. ++Cuando cuatro años después nació Quinto Cicerón, hermano de Marco, Helvia no dio a luz con la facilidad de antes. El parto duró muchas horas, lo que hizo que Lira pusiera cara de enterada y asintiera muchas veces con la cabeza como si la misma Juno, madre de los niños, le hubiera dicho algo en secreto.
Pero la criatura, nacida cuando Helvia estaba a punto de desmayarse por los dolores agudísimos, fue un niño.
Era mucho mayor que Marco al nacer, más alegre y ruidoso, más guapo y con la misma cara de la madre. Tenía su mismo pelo negro rizado, sus lozanos colores, su anchura de hombros y sus miembros rollizos.
++Cuando Tulio descubrió a su hijo favorito ofreciendo ingenuamente su bulla1 a los dioses tutelares de la casa en honor de su hermano, decidió que Marco debería recibir una mejor educación de la que él le había estado dando. Marco era muy sensible al idioma y estaba aprendiendo el dudoso y vulgar lenguaje de los esclavos a pesar de las enseñanzas puristas del padre. También era ya hora de que aprendiera griego, la lengua de los hombres cultos. Así que Tulio hizo un viaje a Antioquía, la ciudad en la cual había recibido la enseñanza de Arquías, el poeta e intelectual griego, y convenció al maestro para que lo acompañase a la isla familiar para enseñar a su hijo mayor. El abuelo y Helvia volvieron a quedarse sorprendidos, como siempre, cuando Tulio evidenció su espíritu independiente y procedió a realizar actos sin consultar a otros. Arquías, que, al igual que sus compatriotas, llamaba a Roma «una nación de tenderos», se sintió, sin embargo, tentado por el buen sueldo que le ofreció Tulio y quedó bien impresionado por sus afables modales, su despego de lo mundano y su nivel intelectual.
++No siempre se le ofrecía a un poeta la oportunidad de tomar a su cargo una mente infantil como la de Marco y prepararla para las más altas metas. Arquías se estableció en la isla y llegó a tomar un gran cariño a su pequeño discípulo, cariño que el poeta había de guardarle toda la vida. Arquías, como todos los atenienses, era de movimientos y oratoria rápida a pesar de su carácter contemplativo. Tenía un gran sentido del humor y era muy reposado enseñando; también era muy prudente, juicioso e intuitivo. Para protegerse de la soledad tenía a Eunice, su joven esclava cretense, que era rubia y de ojos azules, como todos sus paisanos, y agradablemente estúpida, virtud que no era de despreciar para un poeta.
Esta colaboración se realizara en cinco presentaciones; esta es la primera
830 páginas.
Published: 2010
Categorie(s):
Tag(s): Narrativa neohistórica
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Prefacio
Cualquier parecido entre la República de Roma y la de Estados Unidos de América es puramente histórico, así como la similitud de la antigua Roma con el mundo moderno.
Aquel gran romano, Marco Tulio Cicerón, fue un personaje polifacético: poeta, orador, amante, patriota, politico, esposo y padre; amigo, autor, abogado, hermano e hijo, moralista y filósofo. Sobre cada una de estas facetas de su personalidad se podría escribir un libro. Sus cartas a su editor y más caro amigo, Ático, conforman muchos de los libros de la Biblioteca del Vaticano, así como de otras grandes bibliotecas del mundo. Sólo su vida de político podría llenar una biblioteca y ha sido llamado el Más Grande Abogado. Sus propios libros son voluminosos y tocan temas referentes a la ley, la ancianidad, el deber, el consuelo, la moral, etc. Sólo su vida familiar ya merecería una novela. Aunque era un romano escéptico, era también muy devoto, un místico y un filósofo, que finalmente fue nombrado miembro del Consejo de Augures de Roma y fue tenido en gran estima por el sabio Colegio de Pontífices. Su actuación como cónsul de Roma (un cargo parecido al de presidente de Estados Unidos) ya daría lugar a un grueso volumen sin necesidad de referirse a su cargo de senador. Sus casos judiciales son famosos. Sus Orationes constituyen muchos volúmenes. Durante dos mil años los patriotas han citado sus libros con referencia a los deberes del hombre para con Dios y la patria, especialmente el De Republica. La correspondencia que intercambió con el historiador Salustio podría llenar varios tomos (Biblioteca del Vaticano y otras famosas bibliotecas). Al final de este libro se incluye una bibliografía.
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Caldwell, Taylor - La columna de hierro.pdf
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Miércoles, 30 de mayo
Efrén Mayorga
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Julio Frank Salgado
Guillermo Roz
Asociación Cultural Vera Méndez
Paul Monzón
Karina Longo
Meir Finkel
Angel Monagas
Rolando Rodrich
Francisco R. Figueroa
Julio San Francisco