A dos días de dar vuelta a la hoja del calendario para que el año 2010 de el paso al 2011; creo que es un buen momento para leer de Roberto Zamarripa una síntesis de lo ocurrido a lo largo de estos doce meses, espero en verdad que sea de su interés;
Fin de año, fin de época. Más allá de lo emblemático, 2010 deja como enseñanza el agotamiento de las formas de convivencia social y política, y la profunda ruptura ética que fractura al país y ha provocado que se enquisten las peores formas de violencia, ilegalidad, mal gobierno y despojo.
La corrupción no es únicamente la marca en los gobiernos federal y locales. Lo es como código de entendimiento en diferentes estamentos de la sociedad. Está en la raíz de la guerra descontrolada y en el debilitamiento paulatino de las instituciones.
La corrupción enraiza en la política, en la educación, en la economía, en las pequeñas y en las grandes decisiones. No parece sorprender el tamaño del delito ni mucho menos la dimensión del cinismo. Un funcionario de la CFE, todavía libre y sin ser procesado en México, obtuvo ingresos millonarios de manera ilegal para facilitar contratos a compañías estadounidenses y europeas. El yate que recibió de propina sigue pudriéndose en Acapulco y nadie, absolutamente nadie, en el gobierno federal se inmuta por la impunidad del personaje.
Pasar cocaína en maletas de mano cuesta 10 mil pesos. Es el pago que se le da al policía privado para que ignore la carga evidenciada en las máquinas de rayos equis del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Al menos eso fue lo que pagaron los sobrecargos de Aeroméxico para llevar a Madrid 140 kilos de coca. (Reforma 17/12/10).
El valor de esa coca en el mercado mexicano podría ser de casi 15 millones de pesos, si nos atenemos a las estimaciones que en el 2009 hacía la Secretaría de Seguridad Pública sobre el precio de la droga, según la cual un kilo de coca rondaría por los 100 mil pesos. El valor de la misma en Estados Unidos o en España se triplica, según las mismas estimaciones oficiales. ¿Qué representa en la cadena de ese negocio la limosna de 10 mil pesos por pasar esos bultos en los filtros de seguridad del aeropuerto mexicano?
¿Cuánto costará entonces abrir la puerta de una cárcel para dejar salir a 150 reos? ¿Cinco mil pesos? ¿Cuánto por dispararle un tiro en la cabeza a la Señora Marisela Escobedo? ¿Cuánto piden los agentes del Instituto Nacional de Migración por entregar a las pandillas criminales a migrantes centroamericanos? ¿Mil pesos para el refresco?
El descubrimiento de los cadáveres de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, parecía marcar un hasta aquí de la errática política migratoria gubernamental. La matanza ameritaba, por lo menos, la reconversión del INM en una entidad favorecedora de los derechos de migrantes.
Pero la titular del INM fue premiada con un cargo en su partido. Y ninguno de los subordinados fue removido o procesado a consecuencia de esa matanza. No existe todavía resultado alguno de las indagatorias sobre esa matanza cuando ya se ha cernido otra en el Istmo de Tehuantepec.
El Instituto migratorio es una entelequia; las bandas y los sicarios determinan los puntos de acceso y tránsito por el país. El pasaporte tiene forma de billete y no hay cárcel para el ilegal. Su castigo es una fosa.
Una de las banderas de este sexenio era más México en el mundo y más mundo en México. Lo hay, lamentablemente: el México del desprestigio. México está en el mundo como el país que ofende. El enojo de gobiernos y pueblos centroamericanos contra nuestro país adquiere dimensiones nunca antes vistas en la política exterior mexicana.
Y sí, también hay más mundo en México. El que observa, el que señala, el que advierte sobre el deterioro de los derechos humanos, la debilidad institucional, la fragilidad social, la división interna, en un evidente retroceso en la imagen internacional.
2010 cierra como un año perdido y a la vez como un año donde ha sido exhibida la enorme incompetencia e ineptitud de funcionarios de distintos niveles.
Pero es, sin duda, el año de la peste moral, de la podredumbre ética. El año de celebraciones centenarias terminó como el escaparate de las peores herencias de nuestra convivencia nacional.
El país debe replantearse los términos de sus debates. Una profunda reforma ética aparece como el pendiente mayor de la sociedad mexicana, junto con la asignatura de lo social.
El 2010 alarga el estertor de una época que nos ha aislado en el mundo; nos estigmatiza y nos debilita. Y a la vez nos ha confrontado y segmentado.
Recuperar el orgullo pasa por la intransigencia ante los actos de corrupción y por una decisión ciudadana de no cerrar ojos ni bocas ante las reiteradas asonadas del cinismo. De no asumir la fatalidad de la transa.
Que el 2011 se presente como esa ruta de oportunidad, de recuperar orgullo, habla y mira.
Con información y texto de Roberto Zamarripa, autor de la columna "Tolvanera" que se publica los lunes ene la sección editorial del periódico "Reforma", www,reforma.com
Miércoles, 30 de mayo
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Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
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Asociación Cultural Vera Méndez
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