Hermosillo

Los pobres ya no van a la guerrilla, ahora van a los carteles de droga: JL Anderson

23.07.10 | 22:38. Archivado en Desde la frontera del mundo
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"Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver".

"La gente en México no se muere por cambiar el mundo, sino para tener su propio pedazo de mundo”: J.L. Anderson

'El narco: la parte brutal del mercado'

Siempre resulta muy difícil aceptar la realidad, no somos muy dados en permitir que nos digan la verdad cuando tenemos un error o cuando una ser querido nuestro ande en malos pasos y nunca nos dimos cuenta de ello y mucho menos lo queremos creer cuando nos lo dice un extranjero.

Nos enojamos o hasta insultamos contra quien primero nos pase enfrente, sin siquiera reflexionar por las razones que sucediera tal o cual situación.

Por ejemplo, los padres nos asombramos de que nuestros hijos, nuestros queridos e inocentes hijos, sean marihuanos o se metan cocaína o consuman crac o anden de lavadores de dinero; nos enojamos contra los vendedores de drogas y narcotraficantes. Sin reflexionar en que colaboramos nosotros para que ello ocurriera

Que se sepa no hay extranjeros entre los que venden droga y entre los sicarios o los que prestan su nombre, prestigio y negocios para lavar dinero; la mayoría, casi el 99% podría decirse, son mexicanos, son nuestro vecinos, conocidos y a veces hasta parientes.

Cada día hay más consumidores de droga en nuestros barrios y nos hacemos tontos o cerramos los ojos; todos los días vemos como un conocido nuestro empieza a “prosperar” de la noche a la mañana y nos sentimos orgullosos de que aún volte a mirarnos y se digne saludarnos..aunque sea de lejos, sin querer cuestionar de dónde provienen sus neorecursos financieros.

Bien sabemos que los sicarios llegan a matar por encargo por paga y no asesinan así por que si; matan por negocio.

También asesinan por causar temor, en estos casos sin duda alguna que hay situaciones de excepción, que sólo las investigaciones correspondientes y el tiempo nos los dirán.

Sin duda hay lo que se llama los daños colaterales; aquellos caso en que las víctimas que sin deberla ni temerla son heridas o hasta ultimadas en la comodidad de su hogar o la calidez de una reunión de amigos.

Hoy una amiga me envía una excelente entrevista que publica el periódico Reforma en la ciudad de México, que le hace el reportero Jorge Ricardo al legendario reportero Jon Lee Anderson.

Trata temas duros para nosotros y muchos tal vez no esten de acuerdo en que alguien de "afuera" nos lo recuerde. Pero es la realidad.

“Ahora de los jóvenes rebeldes de los 50 extrae una frase: "Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver". Un ideal en otro tiempo de nihilistas y hoy, afirma, de narcotraficantes, escribe Jorge Ricardo de Anderson y no les falta razón a ambos

La gente pobre dejó de irse a las montañas con las guerrillas, ahora se va con los carteles de la droga". Asevera en otra parte de la entrevista

Bueno pero mejor le invito a leer este extraordinario material documental que hoy se publica en la sección cultural del periódico Reforma, www.reforma.com

Titulo:
'El narco: la parte brutal del mercado'
Autor Jorge Ricardo
Editor periódico Reforma, www.reforma.com

Ciudad de México (23 julio 2010).- En 1970 Jon Lee Anderson (California, 1957) empezó a recorrer el mundo. En Centroamérica, África y Medio Oriente reporteó conflictos armados donde los hombres buscaban cambiar el mundo o, por lo menos, sus propias vidas. Pero esta semana el reportero de la revista The New Yorker estuvo en México, otro país en guerra, pero una guerra, asegura en entrevista con REFORMA, confusa y nueva.

"La gente en México no se muere por cambiar el mundo, sino para tener su propio pedazo de mundo. Estamos en la parte más horrible del capitalismo, es el mercado llevado a sus dimensiones más brutales. La gente pobre dejó de irse a las montañas con las guerrillas, ahora se va con los carteles de la droga".

En 1992 publicó Guerrillas, un libro sobre los grupos armados en Afganistán, El Salvador, Birmania, Palestina y el Sahara Oriental. Hace 30 años el narcotráfico no existía como fenómeno en América Latina, recuerda, y las diferencias económicas, de clases y de razas, estaban muy marcadas, lo que desembocó en las guerrillas marxistas frente a las oligarquías, indica. "Ahora el dinero fluye en los estratos más bajos de las sociedades, sobre todo a través del crimen y los problemas que provocaron las guerras continúan".

Desde hace algún tiempo nadie lo supera en dar bien las malas noticias, escribió en 2009 Juan Villoro sobre Anderson, quien ha publicado las malas nuevas en The New York Times, The Guardian, El País o Le Monde. Aparte de eso ha publicado libros como Zonas de Guerra y Che Guevara: Una vida revolucionaria.

El estadounidense hizo su primer vuelo a África, solo, a los 13 años y publicó sus primeros textos, la descripción de sus viajes al estilo Indiana Jones, en el semanario The Lima Times, en Perú, 1979. En su juventud, odiaba las ciudades. Ahora de los jóvenes rebeldes de los 50 extrae una frase: "Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver". Un ideal en otro tiempo de nihilistas y hoy, afirma, de narcotraficantes.

Cuando la patria, la familia o Dios fueron pervertidos por los totalitarismos, vivir rápido y morir joven se volvió una forma de rebelarse. "Es un poco triste", asegura, "el hombre secular, occidental, ya no tiene los pilares de la sociedad, los fragmentó y no ha encontrado una respuesta más que el mercado, comprar, vender y hacer ganancias, y eso pasa también en Nueva Guinea, en Sudáfrica, donde la distribución de riqueza no ha sido equitativa".

Anderson conoce a la perfección África y Medio Oriente. "Díganos, ¿por qué Sadam no presentó más batalla cuando lo invadieron los yanquis?", le pregunta Hugo Chávez en una crónica incluida en El dictador, los demonios y otras crónicas. El estadounidense, a su vez, se pregunta ahora por qué los jóvenes mexicanos se parecen tanto a los suicidas musulmanes. "Allá miles se suicidan por una idea; en México es como si ya no importara nada, la violencia suicida de los miles de jóvenes en el narco era inaudita en Occidente".

Antes de venir al País, a participar en el Hay Festival Zacatecas, Anderson estuvo en Irán. La leyenda de sus constantes travesías lo acompaña siempre. La revista peruana Etiqueta Negra, donde colabora, lo presenta como alguien que viaja tanto que en su maleta suele llevar cinco celulares y dinero de distintos países, jeringas con adrenalina contra alergias exóticas y una cafetera portátil. Cuando cubrió la invasión de Afganistán, en 2001, llevaba una computadora a prueba de balas.

Entre tantos viajes, el periodista había cancelado su visita a México, pero los organizadores no lo sacaron del programa. Salvo la cobertura que hizo del sismo del 85 y un artículo publicado en 1998 en The New York Times Magazine sobre el asesinato del periodista Benjamín Flores, México lo ha atraído muy poco. La primera vez que lo vio, en los 70, le pareció venenoso. "Yo venía manejando y al entrar al Valle de México me decían 'Ahí está México' y no se podía ver nada", recuerda en un café de La Condesa. Forjado como reportero en Centroamérica, su opinión sobre el País fue siempre la de los migrantes que sufren en su paso hacia Estados Unidos.

Niega que lo deteste, aunque tiene un duro veredicto: "Hay mucho cinismo en México. El Estado nunca ha emergido. El gobierno, la policía, todos, producen desconfianza". Es poco probable, dice, que vaya a emerger en medio de la guerra contra el narco, que desde 2006 ha provocado más de 22 mil muertes. "No sé si fue bueno o malo que el Presidente haya preferido la vía militar, lo que sí sé es que ya tienen una guerra, así que se debe enfrentar con otros métodos. Si hay hospitales con el nombre y el apoyo del Chapo Guzmán, ¿qué puede hacer el Gobierno?".

Acercar el poder
De Hugo Chávez dice que toma más de 16 tazas de café al día. Del Rey Juan Carlos, que es como de hule y que mueve las piernas casi todo el tiempo. Del Mahmud Ahmadineyad, que tiene la cabeza tan pequeña y tan delgada como la de un chivo y los pies tan cortos como los de un niño de 11 años. De Gabriel García Márquez recuerda la finura de los dedos y sus ojos tan expresivos. Jon Lee Anderson ha ganado prestigio por sus perfiles periodísticos sobre personajes poderosos. Acercamientos arriesgados al poder para alguien que defiende la independencia del periodismo. "Lo que he intentando es presentar, compartir el mundo del poder entre quienes no lo tienen, y me incluyo en la segunda categoría". http://www.reforma.com

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por hermosillense 24.07.10 | 20:03

    Asi es Señor mayorga, siempre le echamos la culpa a otros de nuestros errores y a las malas compañias, es raro aceptar que uno se equivoca o mucho menos pedir disculpas; para què si de todas maneras las demas gentes no la van aceptar.

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