Hermosillo

Desaparición, secuestro, subversión?

17.05.10 | 21:02. Archivado en Desde la frontera del mundo
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La desaparición del conocido político de filiación panistas, partido en el poder, el queretano Diego Fernández de Cevallos Ramos trajo al recuerdo de muchos comentaristas y analistas nacionales el secuestro del respetado y famoso político priista veracruzano Don Fernando Gutiérrez Barrios. He aquí dos notas sobre ambos casos:

Contacto con la Política Nacional
La Revista Peninsular, Edición 427
26 de Diciembre de 1997. Mérida, Yucatán, México
http://www.larevista.com.mx/ed427/nota2.htm
Texto firmado por Baltasar Barbolla

México, D.F.- "Ya sólo falta que secuestren al Presidente de la República"- escuchamos los primeros comentarios que llegan a nuestro acostumbrado y tradicional centro de reunión en esta capital.
El mensaje no admite cuestionamientos..., es claro y transparente: después de confirmarse el secuestro de Gutiérrez Barrios, ya cualquiera -sin importar rango político, económico o social- puede ser víctima -en el México actual- de las muchas bandas de secuestradores que operan en varios estados de la República. Afortunadamente para el ex-secretario de Gobernación, la inmediata intervención de Miguel Nassar Haro en las negociaciones de rescate evitó que el político veracruzano tuviera que celebrar en compañía de sus secuestradores las fiesta de Navidad y de Fin de Año. Y es que, en efecto, de no haber sido por la inmediata asistencia del ex-director de la Federal de Seguridad en el operativo de rescate, Gutiérrez Barrios hubiera padecido -estamos seguros- del largo cautiverio que han sufrido otras muchas destacadas personalidades -empresarios, políticos, sacerdotes y tantos más- que no tuvieron la fortuna de ser asistidos por Nassar Haro en sus desgracias.

Aprovechando la profunda relación de amistad que guarda el Director de LA REVISTA con don Miguel, amistad que ha sido refrendada año tras año durante los últimos 27 y recientemente -poco menos de un mes- al viajar a Yucatán el experimentado investigador para ser el testigo principal en la boda del hijo de Eduardo Menéndez, desde un principio intentamos confirmar con nuestro director el insistente rumor del secuestro del ex-secretario de Gobernación y la versión de que Nassar Haro se encontraba al frente de la investigación y el operativo de rescate. La respuesta de Eduardo Menéndez fue la misma en cada ocasión que le preguntamos: "El respeto y la discreción al trabajo que ha realizado y continúa realizando don Miguel, es uno de los principales motivos por los cuales nuestra relación ha perdurado a través de los años. De estar trabajando don Miguel en el secuestro de don Fernando, sería un asunto estrictamente personal y confidencial. Busca otras fuentes de información -nos aconsejó Menéndez. Así pues, aun cuando teníamos la mejor fuente de información a nuestro alcance -no es un reproche-, nos vimos en la necesidad de recurrir a otras para poder reconfirmar los rumores sobre el secuestro del poderoso político veracruzano.

El gobierno hace el intento de intervenir. Sin embargo, la ayuda que ofreció a los familiares de la nueva víctima el Centro de Información de Seguridad Nacional que dirige el investigador de origen yucateco -Jorge Tello Peón- fue cortésmente declinada por el hijo mayor del secuestrado.

-Ya tenemos toda la ayuda que necesitamos: Miguel Nassar está a cargo de la investigación, de la negociación y también del operativo de rescate -depositan los familiares la vida de don Fernando en las manos de a quien el secuestrado ha calificado -en varias ocasiones- como el mejor investigador mexicano. Al cuarto día del secuestro, Tello Peón pierde la paciencia al ser marginado por Nassar y convertirse en simple personaje de reparto que observa el desarrollo de la historia.

-Están negociando mal, si algo le pasa a don Fernando no le echen después la culpa al gobierno -advirtió irritado el joven funcionario de Seguridad Nacional. Dos días después, al caer la tarde, concluidas las negociaciones, Gutiérrez Barrios fue liberado cerca del poblado de Santa Marta Acatitla.

Muchos han sido los mencionados como autores o mensajes del plagio. Desde Salinas, Chirinos, Bartlett, el EPR, el EZLN, Joaquín Hernández Galicia, hasta el mismo grupo del ex-presidente Luis Echeverría Alvarez, la investigación avanza. El Sistema no puede permitir que permanezca impune -machetazo a caballo de espadas- el secuestro del hombre a quien se atribuye la mejor información política y el dominio del tema de la seguridad pública y privada. Si secuestraron a Fernando Gutiérrez Barrios y hubo que pagar un rescate de varios millones de pesos -¿fueron dólares?- siendo quien es, entonces ya nadie se encuentra seguro en México.

-¿Por qué no habrían de secuestra también al Presidente de la República? -se deja escuchar la pregunta que deja al desnudo la falta de seguridad que acecha a todos los mexicanos. Texto firmado por Baltasar Barbolla en su colaboración denominada “Contacto con la vida nacional” que publico en aquel entonces, el día 26 de Diciembre de 1997. Mérida, Yucatán, México, en la Revista Peninsular, de mi estimado y respetado Don Eduardo Menéndez, http://www.larevista.com.mx/ed427/nota2.htm

A continuación, sobre el mismo tema, se reproduce la columna Crónica de política” de Martha Anaya, que se publica en el portal “Eje Central, www.ejecentral.com.mx

Gutiérrez Barrios y el “Jefe” Diego
May 17, 2010
http://columnas.ejecentral.com.mx/cronicadepolitica
/2010/05/17/gutierrez-barrios-y-el-%E2%80%9Cjefe%E2%80%9D-diego/
— 12:00 am

La noche del 10 de diciembre de 1997 –hace ya casi 13 años—comenzó a llegar a las redacciones de los periódicos un rumor: que Fernando Gutiérrez Barrios había sido secuestrado.

Asombro, fue la primera reacción de quienes recibimos los primeros avisos a través de llamadas telefónicas. ¿Sería posible –nos preguntábamos– que el ex titular de la otrora poderosísima Dirección Federal de Seguridad y el hombre al que se le consideraba con mayor poder sobre las policías y sobre muchísimos políticos (por el conocimiento de sus historias oscuras) hubiese sido secuestrado?
Unos y otros comenzamos a indagar. Algunas de nuestras “fuentes” negaban la versión, otros la confirmaban. Los más allegados al para entonces ex gobernador de Veracruz y ex secretario de Gobernación, ni negaban ni confirmaban la versión.

Eran las primeras horas del suceso y transcurrían tiempos (aún y cuando la alternancia estaba ya a un paso) en que ese tipo de información se guardaba en total secrecía, más aún tratándose de uno de los figurones –el emblemático, sin duda– de la policía política y de uno de los priistas clásicos.

Pasaron dos días. Gutiérrez Barrios no aparecía en su oficina, no se le veía a la salida de su casa, no había reporte alguno que indicase que alguien lo hubiera visto en tal o cual restorán. Su secretario particular –quien inicialmente ni confirmaba ni negaba el rumor del secuestro–, comenzó a rechazar la versión, declaró que Gutiérrez Barrios estaba de vacaciones con su familia y llegó incluso a mencionar que ofrecería una conferencia de prensa esa tarde.

Llegó la hora y el veracruzano no apareció.

Tomó entonces fuerza la versión que ya estaba en blanco y negro en las libretas de los periodistas vía fuentes extraoficiales: Gutiérrez Barrios había sido secuestrado el miércoles 10 de diciembre (1997), alrededor de las siete de la noche, por un comando de ocho personas que, a bordo de dos vehículos, interceptó el automóvil en que viajaba el ex secretario de Gobernación en las calles de Miguel Ángel de Quevedo y Fernández leal, y fue subido rápidamente a una de las unidades en que viajaban sus secuestradores.

El hecho –afirmaban– ocurrió luego de que don Fernando comiera en el restorán El Tajín, en el Centro Cultural Veracruzano, con el secretario de Marina, José Ramón Lorenzo Franco.

La información se publicó entonces en distintos diarios –no todos los medios la dieron a conocer– y se habló incluso de una demanda de rescate de diez millones de dólares y que Jorge Carrillo Olea, ex director del CISEN, habría sido el intermediario para el pago del rescate.

Nadie la desmintió oficialmente. Ni siquiera uno de sus más cercanos amigos y ex colaborador: Manlio Fabio Beltrones.

Semanas después apareció Gutiérrez Barrios. Él nunca quiso hablar públicamente de su secuestro, pero su caso quedó registrado en la historia no oficial como uno de los secuestros políticos más importantes de las últimas décadas.

De entonces a la fecha habían habido muchísimos secuestros, sí, pero pocos que impactasen a tal grado en las filas de la política nacional, hasta que ocurrió lo de Diego Fernández de Cevallos.

Y aunque no se sabe si fue secuestro o no el del panista –la procuraduría General de la República lo mantiene en calidad de “desaparecido”–, si está vivo o muerto; si se trata de un mensaje del narcotráfico, o de un asunto particular derivado de sus trabajos como litigante, o algunas otra razón, lo cierto es que el impacto de su desaparición en la sociedad ha sido enorme.

Mayor aún, diría, que el de Gutiérrez Barrios en su momento porque el caso del priista se trató con muchísima secrecía y los medios de comunicación entonces “cuidaron” la figura del ex secretario de Gobernación al grado de que ninguna televisora dio a conocer la noticia, ni tampoco se escuchó del suceso en las principales frecuencias de radio. Su caso quedó guardado prácticamente en el círculo de “los enterados”, equivalente al hoy llamado “círculo rojo”.

En cambio el caso del “Jefe” Diego –a 13 años de distancia, inmersos en una “guerra” contra el narcotráfico, matanzas a diestra y siniestra, inseguridad creciente y con una nueva cultura en el manejo informativo, medios de comunicación globalizados, redes sociales que desbordan cualquier prurito—la noticia de su desaparición, secuestro u lo que sea, ha merecido emisiones especiales en radio y televisión, primeras planas, oraciones desde la catedral, comunicados y declaraciones, abiertas y sin tapujos, de la clase política.

Los tiempos han cambiado. Pero en lo que sí se asemejan ambos casos es que tanto Gutiérrez Barrios como Fernández de Cevallos estaban distanciados de los mandatarios en turno –de Ernesto Zedillo, el primero; de Felipe Calderón, el segundo—y en que en ambos casos los “atacantes” tocaron a figuras insignes de sus partidos: del PRI en el primer caso, del PAN en el segundo.

Columna “Crónica de Política” de Martha Anaya, publicada en el portal Eje Central, www.ejecentral.com.mx, http://columnas.ejecentral.com.mx/cronicadepolitica
/2010/05/17/gutierrez-barrios-y-el-%E2%80%9Cjefe%E2%80%9D-diego/


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