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Los actores de la corrupción: tu, yo, nosotros..¿ ellos?

05.04.10 | 19:49. Archivado en Desde la frontera del mundo
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En la corrupción política se encuentran e intercambian recursos dos actores: uno público y otro privado.

Para el estudio del funcionamiento de los regímenes democráticos es de la máxima importancia comprender las condiciones que permiten a los actores públicos abandonar sus obligaciones implicándose en transacciones ilícitas.

Las principales teorías sobre la corrupción proporcionan algunos puntos de partida para abordar este tema.

Los estudios sociológicos y políticos han separado las causas del fenómeno en dos niveles: en primer lugar, el macrosistema en el que se produce la corrupción, y en segundo, los individuos implicados en ella.

Así, se pueden distinguir dos líneas principales de aproximación al fenómeno de la corrupción; el primero parte de asumir la funcionalidad del sistema, el segundo se basa en la racionalidad individual.

El punto de partida de la aproximación funcionalista es una crítica hacia los "moralistas" que consideran la corrupción como un fenómeno patológico, un obstáculo para el desarrollo económico o una amenaza para la política legítima, debida al acceso de personas sin escrúpulos a puestos de poder.

Los funcionalistas, interesados sobre todo en el estudio de los sistemas políticos y económicos de los países en desarrollo, han afirmado que la corrupción tenía sus raíces en el propio sistema, intentando explicar históricamente la aparición periódica de formas de mala administración, con utilización privada o apropiación de recursos públicos.

Más que por una cultura política en concreto, el surgimiento del fenómeno estaría determinado por el grado de desarrollo político o económico. La hipótesis principal es que la corrupción es una "disfunción funcional", por la cual se reemplazan unas normas viejas y obsoletas por otras nuevas que se adaptan a los cambios que se producen en otros subsistemas.

Una vez cumplidas sus funciones políticas y económicas, desaparecería. En lo que respecta a las primeras, de las political machines de las grandes ciudades americanas en el decenio de 1920, se dijo que habían contribuido a la integración de nuevos grupos de población ofreciendo su mediación frente a un estado distante e impersonal.

Más aún, se llegó a pensar que la corrupción tenía un efecto positivo en algunas fases del ciclo económico permitiendo superar obstáculos burocráticos, estimulando inversiones y fomentando la creación de empresas.

Desde el punto de vista de las motivaciones individuales, a las que estos estudios no prestan demasiada atención, se podría afirmar que son sobre todo las condiciones de tensión del sistema las que impulsan a los individuos a desviarse de las normas.

La aproximación funcionalista dominante en los decenios de 1950 y 1960, fue criticada de manera radical en el decenio siguiente.
Se acusó a los funcionalistas de fundamentar su teoría de la corrupción política sobre estudios superficiales, racionalizaciones imprudentes y programas de intervención formulados con vaguedad (Tilman, 1968, 437).

Sobre todo se rechazaron las dos hipótesis, tanto la de que la corrupción tenía una función positiva en el sistema económico y político como la de que desaparecería cuando ya no tuviera utilidad.

Estas ideas han sido abandonadas por la más reciente political economy approach que ha adoptado en su lugar una perspectiva del individualismo metodológico: la corrupción política es considerada como el resultado de un cálculo racional de costes y beneficios.

Esta aproximación coincide con diversos estudios que comparten la idea de que la corrupción procede de un cálculo por parte de los individuos. Estos, son considerados como seres calculadores que tratan de asegurar sus propios intereses en un mundo de escasos recursos.

Más concretamente se cree que a los políticos y a los burócratas les interesa tanto el dinero como el poder y por eso tratan de lograr un punto de equilibrio entre los comportamientos adecuados para obtener dinero para ellos, y los necesarios para ser reelegidos o para conservar sus puestos de trabajo.

Partiendo de un comportamiento individual dominado por intereses materiales privados, estos estudios han descubierto algunas variables (de modo deductivo en la mayoría de los casos) que pueden influir en los cálculos individuales de si es o no ventajoso participar en una transacción corrupta.

La political economy approach tiene el mérito, si se compara con la aproximación funcionalista, de reflejar detalladamente las variables (sobre todo las de tipo organizativo) que influyen más directamente en la decisión de participar en la corrupción.

Pero también esta aproximación ha sido criticada por la parcialidad de sus principios. Sus hipótesis analíticas de naturaleza económica se expresan por medio de modelos lógico-deductivos más o menos formalizados que parten del postulado de que los individuos se comportan de manera racional y se orientan a sacar el máximo provecho.

Aunque muy "elegantes" en su formulación, estos modelos analíticos tienen serias dificultades para considerar adecuadamente la diversidad de las motivaciones individuales.

Aunque los political economists mencionan una variable llamada "coste moral", en realidad no la tienen en cuenta a la hora de decir cuáles son las características individuales de propensión a la corrupción, considerando a menudo el coste moral de participar en actividades ilícitas como una constante (Pizzorno, 1992, 15 y 43).

Así pues, lo que les falta a ambas aproximaciones es un análisis de la interacción entre los aspectos micro (individuales) y los macro (estructurales) del fenómeno; un análisis que clarifique el paso de las condiciones estructurales previas al comportamiento individual. Con esta aportación se trata de sugerir que, para comprender el nacimiento y la extensión de la corrupción, es necesario observar las características de los funcionarios que caen en las prácticas corruptas.

(Ahora bien, usted conoce, ha visto o ha reconocido en estas líneas a una persona, funcionario o burócrata con estas características registre sus antecedentes, antes, durante y después de haber desempeñado el cargo público y saque sus propias conclusiones).

Y de así hacerlo, favor de comunicárselo a la destacada estudiosa de la materia de la corrupción gubernamental Donatella della Porta; quien además de ser autora de este ensayo es profesora de Políticas Locales en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Florencia, via Santa Caterina d'Alessandria 3, 50129 Florencia, Italia.

Sus principales campos de investigación son los movimientos sociales, la violencia política, el terrorismo, la corrupción, el orden público y la policía. Sus libros más recientes son Lo scambio occulto [El intercambio oculto] (1992), Corruzione politica e amministrazione pubblica [Corrupción política y administración pública] (1994), y Social Movements, Political Violence and the State [Movimientos sociales, violencia política y el Estado] (1995).

También ha editado, junto con Yves Mény, Democratie et corruption en Europe, [Democracia y corrupción en Europa], que ha sido publicada en cuatro idiomas.

Los políticos, los amigos, los socios y los electores, dado el caso, por quién se especifica usted (puede seleccionar más de uno)
http://blogs.periodistadigital.com/hermosillo.php?s=Los+actores+de+la+corrupci%F3n%3A+pol%EDticos+de+negocios+en%85+Italia&sentence=AND&x=13&y=8


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