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La infidelidad: donde caben dos...

16.02.09 | 21:42. Archivado en Crónicas citadinas
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Manejar. Trabajar. Votar. Poner el cuerno... Estos verbos ya no son exclusivos de los hombres.

La equidad entre hombres y mujeres ha puesto sobre la balanza aspectos tan íntimos como la fidelidad, dice Paula Medina, en un muy buen artículo publicado en Excelsior.

En el siglo XXI la igualdad de género se ha convertido en algo cotidiano, tanto en ámbitos sociales como profesionales, pero la infidelidad sigue siendo censurada, sobre todo si es cometida por una mujer. Estudios recientes han demostrado que la incidencia femenina en este aspecto ha aumentado notablemente en las últimas cuatro décadas, casi igualando al sexo opuesto.

El terapeuta de pareja Mario Zumaya, en su artículo La infidelidad, que aparece en la Antología de la sexualidad humana, presenta una estadística que indica que “las mujeres casadas, antes de los años sesenta esperaban 14.6 años para tener una aventura; las casadas, después de los setenta sólo cuatro años”.

Esta cifra no es de sorprender si tomamos en cuenta que en 1969 se llevó a cabo la famosa quema de brassiers como símbolo de la liberación femenina. Junto con ella llegaron nuevas responsabilidades y libertades como es la posibilidad de pertenecer al mundo laboral y ampliar el espectro social de manera
independiente.

La pareja ahora ya no es para las mujeres el único contacto con el exterior. Por el contrario, muchas veces el varón no forma parte de su vida en sociedad, por lo cual la convivencia en pareja se ve mermada y, a veces, sacrificada.

En una sociedad tradicionalmente machista el género masculino es aceptado como más polígamo por naturaleza que el femenino y, aunque esos escapes mantienen siempre un tinte negativo, son justificados. Sus aventuras son menos criticadas porque el hombre es considerado un ser libremente carnal y hormonal.

En cambio la mujer representa ideales románticos como la espiritualidad, la pureza y, por supuesto, la fidelidad. Hoy por hoy la mujer ejerce libre y abiertamente su sexualidad, las prohibiciones de tipo cultural dejaron de ser vigentes y se han visto “ayudadas” por métodos anticonceptivos que son una prueba de que la mujer ya no es sexualmente tan reprimida.

Esta concepción de los géneros, aunque se ha modificado con el tiempo, no es casual, está basada en los procesos por los cuales cada uno llega a consolidar un acto de infidelidad.

En La infidelidad, Mario Zumaya señala que por un lado el hombre generalmente busca una aventura sexual, quiere obtener placer y saciar un deseo físico, éste puede o no evolucionar en una relación íntima que mezcle otros intereses. Por otro, la mujer vive esta misma experiencia en sentido inverso, es decir, parte de una relación de confianza donde se crean lazos íntimos y después ésta, puede desembocar en una experiencia erótica.

Sin importar cuál de estos sea el camino, es un hecho que toda infidelidad consumada tiene dos expresiones en ambos géneros:

—La necesidad de satisfacer un impulso meramente sexual y de placer. Es algo pasajero, que quizá sucede con personas distintas una sola vez y que no produce vínculos emocionales.

—La formación de una nueva relación. Con esta persona se llega a un grado de compromiso e intimidad profundos, similar al que existe con la pareja “oficial”.

Ambos casos tienen que ver con la insatisfacción y con elementos faltantes o conflictos dentro de la relación. La sexóloga Rinna Riesenfeld comenta que antes de la infidelidad siempre hay avisos de descontento, focos rojos que señalan algo que anda mal.

El gran problema es la falta de comunicación, las partes no platican periódicamente.

A pesar de que hay un infiel y un fiel, ambos tienen responsabilidad en la situación, aunque tendamos a ver al engañado como la “víctima” del engañador. El fiel actúa de forma pasiva.

Las heridas provocadas por la infidelidad son profundas y dolorosas, pero sanar no es imposible. Una buena comunicación es la herramienta clave para tener una pareja que evolucione constantemente. Con información y texto de Paulina Medina para www.exonline.com.mx

Ya con anterioridad habíamos platicado sobre este tema en este mismo espacio, del cual recordamos algunos párrafos:

¿ SU MARIDO NO LA ESCUCHA???

La investigadora de la UNAM señaló que si las mujeres quieren conservar la atención de los hombres deben:

Dar instrucciones precisas cuando hablen con sus parejas.

Evitar divagar.

No hablar en el juego espiral o circular porque el interlocutor se pierde.
Usar un tono de voz más grave, como en forma seductora, eso atrae al varón.

Decir frases cortas, porque la plática larga tiende a perder la atención del escucha.
Venus llamando a Marte. Son pequeñas las diferencias entre los cerebros de los hombres y las mujeres, pero que nos ayudan a comprender la conducta de ambos en el contexto de pareja.

La mujer puede hacer varias cosas al mismo tiempo.Una fémina puede atender el teléfono, lavar, cocinar y revisar las tareas de los hijos, porque los dos hemisferios están mejor conectados que en los hombres.

El hombre tiene una lateralización y su atención está dirigida a una sola tarea. Cuando lee el periódico, por ejemplo, sólo puede hacer eso y no es que no quiera poner atención, está concentrado en una sola cosa. No obstante, esto le permite un alcance mayor de concentración que las mujeres, por lo cual se desarrollan mejor en áreas duras como la física y las matemáticas.

Chiquito, pero picoso. Las neuronas del cerebro femenino son las mismas que las de los hombres, pero al ser más pequeño estas neuronas se comunican mas fácil y por ello las mujeres tienen buena memoria y pueden evocar las cosas con mayor rapidez.

Güiri-Güiri. Las mujeres, al tener bien comunicados los dos hemisferios, tienen un mayor dominio del lenguaje, porque las dos zonas están activas. En cambio, en el hombre sólo se activa su lado izquierdo del lenguaje y, por ello, tienen mayor dificultad que la mujer para expresarse.

Por eso dicen que las mujeres hablan más y que el hombre no dice nada.

En la zona del cerebro femenino que está atrás de la frente, denominada corteza prefrontal, hay más neuronas que en esa misma zona del cerebro masculino. Aquí es donde se toman las decisiones y, por ello, la mujer tarda más en tomarlas, pero una vez que lo hace tiene mayor control de decisión que los varones.

Despreocupados. Aparentemente el hombre se preocupa menos que la mujer, pero lo que ocurre es que una estructura del cerebro llamada cíngulo está más desarrollada en las mujeres y eso ocasiona que se preocupe más por todo.

Con información y texto de Lilian Hernández para el periódico Excelsior:
http://blogs.periodistadigital.com/hermosillo.php/2008/05/23/isu-marido-no-la-escucha-


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