"¿Cómo llegamos hasta aquí?
¿Qué serie de sucesos y decisiones provocaron esta crisis? ¿Queremos vivir así?
A mi hijo Fernando
Han pasado ya más de tres meses de que esta nueva causa que da razón a mi vida comenzó. Han sido días de duelo, pero también de aprendizaje, de reflexión, de enfrentarme con información y conceptos, que antes de que me arrebataran a mi hijo me eran poco conocidos.
“Estado fallido”, confieso que el concepto me eriza la piel. Una situación donde la autoridad se disuelve y los preceptos básicos de la vida en sociedad se degradan a tal punto que entre nosotros reina el miedo y no la ley. Donde miras a la autoridad con desconfianza. Donde mentir, robar y hasta matar, son acciones que pocas veces tendrán un castigo acorde con la falta.
Cientos de delincuentes han hecho del crimen una empresa y de la vida una moneda de cambio.
Imponen el terror y la fuerza, relevan al estado en sus funciones más elementales, como son cobrar impuestos y proteger nuestra integridad física y patrimonial. Nos tienen secuestrados a la mayoría de los mexicanos.
No podría decir con precisión cual es la magnitud del problema. Podría contentarme con mirar toda la realidad desde la perspectiva de la tragedia de mi familia y decir que todo ha fracasado. Pero no. Me resisto a pensar que México ha fallado. Me niego a darme por vencido. Este no es el México en el que crecí y no es el que quiero dejarle a los hijos que por fortuna aún tengo conmigo.
¿Cómo llegamos hasta aquí? ¿Qué serie de sucesos y decisiones provocaron esta crisis? ¿Queremos vivir así? Son infinitas las preguntas que podríamos hacernos y casi todas nos llevan a la misma conclusión: nosotros somos la causa, sí, pero somos también el remedio.
Una conclusión que por una parte es difícil de aceptar, porque es muy cómodo culpar a las autoridades, a los políticos o al vecino. Implica un ejercicio de consciencia crítica, revisar nuestra propia conducta y reconocer que hemos sido parte del problema, pero que podemos ser parte de la solución.
* Hasta aqui se reproducen los primeros párrafos publicados en El Universal este 1 de diciembre del artículo firmado por Alejandro Martí, presidente de SOS, Sistema de Observación por la Seguridad Ciudadana y Padre del Joven Alejandro Marti, quien fuera brutalmente asesinado luego de haber sido secuestrado en circunstancias aún no aclaradas…
A continuación lea usted este artículo firmado por David Vicenteño y que se publica hoy Excelsior sobre el tema:
Un comentario adicional si usted así lo desea se puede sumar a SOS enterándose de sus objetivos y actividades en
o llamando por teléfono al 01800 9999SOS:
Caso Martí: Un testigo contradictorio. Cuando fue secuestrado Fernando Martí, hijo del empresario Alejandro Martí, era escoltado por una persona que tenía dos días trabajando para la familia y que, según su propio testimonio, carecía no sólo de arma, sino también de conocimientos para usarla.
Él es Christian Salmones Flores, la pieza principal en las pesquisas sobre este plagio que concluyó con el homicidio de la víctima principal y de su chofer.
El escolta logró sobrevivir a la estrangulación de sus agresores, para luego formular un testimonio ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal que definió el rumbo de las investigaciones.
Los hechos, tal como fueron recordados por él, quedaron registrados en el pliego de consignación con el que el Ministerio Público logró que se dictara la formal prisión a los presuntos involucrados en el crimen, y del cual Excélsior obtuvo una copia sin recurrir a filtraciones de instituciones o de autoridades. Ésta es la historia que dicho documento permite reconstruir.
El 4 de junio, entre las 7:00 y las 7:15 horas, Fernando Martí se dirigía a su escuela, el British American School. Era un día normal.
Viajaba en el asiento trasero de un auto BMW, que era conducido por el que había sido chofer de la familia por casi 14 años, Jorge Palma Lemus, y lo acompañaba el escolta Salmones Flores.
Al circular por rumbos del Estadio Olímpico México 68, en Ciudad Universitaria, el vehículo fue obligado a detenerse por un falso retén policial, con el pretexto de realizar una revisión. Era un secuestro.
La noche siguiente, en el interior de un auto Corsa robado en la colonia Centinela fueron hallados Palma y Salmones; el primero en la cajuela, muerto, con un crisantemo amarillo en la boca. En el asiento trasero estaba Salmones, sus verdugos lo habían dado por muerto.
Luego del pago de un rescate y una fallida negociación, el 31 de julio, por la noche, fue encontrado el cuerpo sin vida de Fernando Martí, también en el interior de un auto Corsa que fue abandonado en la colonia Villa Panamericana.
Sobre Christian Salmones Flores, en un principio, se hicieron públicos varios datos que resultaron contradictorios o falsos.
Se explicó que era elemento de la Agencia de Seguridad Estatal mexiquense, sin que esta corporación confirmara o desmintiera el dato hasta la fecha.
También se dijo que ya tenía años trabajando para la familia, se le adjudicó el apellido Salmón, y el dato principal: se le dio por muerto hasta que, en una misa, la familia Martí aclaró que había sobrevivido a la estrangulación.
Esta situación lo convirtió en el principal testigo de los hechos, por lo que se le brindó protección de agentes judiciales y permanece en un punto del país que, hasta la fecha, se desconoce.
“Hace una semana atrás por conducto de mi medio hermano de nombre Francisco Salmones, me manifestó que había vacantes para escolta, que si no me interesaba, por lo cual le manifesté que sí.
“Ya que él trabajaba para la empresa de seguridad en el área administrativa denominada ‘Aquesta Terra Comunicaciones’, por lo que fui seleccionado, quedando contratado por el licenciado Arturo, del cual no recuerdo los apellidos”, declaró Salmones el 6 de junio de 2008.
La torpeza en la redacción de los párrafos entrecomillados es atribuible, exclusivamente, al MP ante el cual el sobreviviente explicó, inicialmente, cómo es que llegó a prestar sus servicios con la familia Martí, a partir de un contrato firmado el 30 de mayo, aunque sus actividades como custodio de Fernando iniciaron hasta el 2 de junio.
Salmones explicó que el contrato fue firmado en unas oficinas de Banamex y, de hecho, fue ahí en donde le indicaron “cubrir el servicio con el dueño de las tiendas Martí”.
De acuerdo con el testimonio de Christian Salmones, su medio hermano labora en la empresa de Ernesto Mendieta, a quien, en los primeros días, se idefinticó como el negociador designado por la familia Martí para lograr la liberación de Fernando.
El 5 de junio fue hallado Salmones y trasladado al hospital de Xoco, una vez que las autoridades descubrieron que sus agresores no habían logrado su objetivo de quitarle la vida.
Para el día siguiente, a pesar de haber sido víctima de estrangulamiento, el escolta ofreció una versión de los hechos, con muchos detalles:
Explicó que cuando el chofer Jorge Palma circulaba por el estadio de Ciudad Universitaria, fueron interceptados por un retén de policías. “Me percaté de un retén de aproximadamente 35 sujetos que vestían uniforme de color azul, que presentaban una edad aproximada de entre 35 y 40 años de edad, ya que no eran muy jóvenes, que portaban chalecos de la ‘AFI’, de los cuales varios portaban armas largas.
“Nos marcó el alto una mujer que vestía pantalón de mezclilla deslavado con un chaleco con las siglas ‘AFI’, con lentes oscuros y gorra, que tenía el cabello güero, corto y peinado hacia atrás”, narró.
Luego dijo que los tripulantes del BMW fueron obligados a descender el vehículo y a él le cubrieron los ojos. Así inició el traslado a la casa de seguridad.
“Comenzaron a circular hacia el sur sobre Insurgentes, como hacia el Ajusco, ya que durante el trayecto que duró aproximadamente 30 minutos, la camioneta iba zigzagueando mucho”, dijo Salmones a las autoridades... pero luego enmendó.
Cuando habían pasado 14 días de su primera declaración, Salmones ofreció una versión distinta.
“Percatándome la presencia de entre 10 y 15 sujetos (ya no 35), entre personas que estaban en la calle y las personas que se encontraban a bordo de los vehículos… personas que estaban vestidos con chalecos de color azul marino.
“Marcándonos el alto uno de esos sujetos, de complexión mediana, de 1.70 metros de estatura, de tez blanca, utilizaba una gorra azul sin logotipos… sin que me hubiese percatado que tuviera siglas de alguna corporación policiaca… dicho sujeto tenía media crecida la barba, sin ninguna seña particular”, dijo entonces Salmones Flores al Ministerio Público. Es decir, el retén ya no era dirigido por una mujer de gorra, sino por un hombre de barba.
Además, su testimonio sobre la ruta a la casa de seguridad también varió:
“El camino se sentía recto, sin que zigzagueara mucho (cuando ésta era la principal característica del recorrido en su primera declaración), en ningún momento sentí que fuera empedrado o terracería”, explicó Salmones.
Al tener ante sus ojos las fotografías de tres hombres, Salmones Flores negó reconocerlos. Eran los rostros del comandante de la Policía Judicial José Luis Romero Ángel, del agente judicial Fernando Hernández Santoyo, y del civil Marco Antonio Moreno Jiménez, tres de los presuntos responsables del secuestro detenidos por las autoridades.
Ese mismo día, el testigo hizo una descripción del lugar en donde permaneció privado de la libertad, a pesar de tener los ojos vendados.
También por medio de una fotografía, Salmones identificó a la agente federal Lorena González Hernández como la encargada del retén con que se cometió el secuestro, a pesar de que él mismo había enmendado y ubicado a un hombre de barba al frente del operativo.
“Al observarla detenidamente, el de la voz la identifica plenamente y sin temor a equivocarse, como la misma persona que les hizo señas para que se detuvieran el 4 de junio del año en curso”, escribió el Ministerio Público en el expediente que, por cierto, no hace referencia alguna a las contradicciones contenidas. Artículo periodístico firmado por David Vicenteño y publicdo por www.exonline.com.mx;
Miércoles, 30 de mayo
Efrén Mayorga
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Julio Frank Salgado
Guillermo Roz
Asociación Cultural Vera Méndez
Paul Monzón
Karina Longo
Meir Finkel
Angel Monagas
Rolando Rodrich
Francisco R. Figueroa
Julio San Francisco