Hermosillo

Morir en servicio o desertar

29.05.08 | 15:46. Archivado en Crónica regional
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Por dos días seguidos el influyente diario mexicano El Universal, cuya página on line es probablemente la más visitada por los interesados en las noticias nacionales, ha dedicado dos editoriales a la guerra contra el narcotráfico en la mera, mera ciudad de Culiacán.

En el primero señala que: “En el Consejo de Seguridad Nacional se debe analizar cuidadosamente no sólo el trágico balance mensual del enfrentamiento armado entre policías y malhechores, sino la urgente necesidad de replantear la estrategia del combate al tráfico de drogas.”

En el segundo y publicado el día de hoy, con lenguaje abierto y sincero apunta que: "Tal como están las cosas, nuestros policías son literalmente puestos en una disyuntiva cruel: mueren en servicio o desertan. El número de agentes y militares que han abandonado el servicio o, peor aún, se han pasado a las filas criminales asciende a decenas de miles."

Todo ello en tanto el CISEN se encuentra en apuros para aclarar que carambas anda haciendo espiando a los ¡Diputados!, imagínese usted hurgando en el lugar donde laboran la mayoría de las personas más omisas e irresponsables de nuestro país. Con la debida aclaración de que si hay una extraordinaria excepción, específicamente me refiero al caso del compadre de un amigo.

Si usted no tiene mayor inconveniente le invito a leer estos dos significativos posicionamientos editoriales de este importante medio de comunicación, como lo es el periódico "El Universal":

Entre varios fuegos. Pasada la conmoción por el brutal golpe que los narcotraficantes asestaron a la Policía Federal Preventiva este martes en Culiacán, que ocasionó siete muertos y cuatro heridos, es momento del control de daños, pero no como se hace ahora desde el gobierno.

La primera impresión fue de estupor. Una banda, copada por la policía en una casa habitación, resiste cuatro horas de tiroteo, causa bajas con granadas y logra escapar en tres vehículos, pese a un cerco militar de seis manzanas.

Cualquier televidente que ha visto actuar en las series policiacas un escuadrón de Armas y Tácticas Especiales (SWAT) de Estados Unidos, con agentes que llegan con cautela, se desplazan separados y disparan gases antes de introducirse en una guarida, no se imagina que las cosas puedan hacerse de otro modo. Parece sencillo.

En realidad lo acontecido, una emboscada a los agentes, refleja que esta guerra lo es en verdad. Lejos de tratarse de persecuciones de “policías y ladrones” estamos ante el intento del narcotráfico por erradicar, sea quien sea, a quienes desde el Estado se le oponen.

Ante tal escenario es inadmisible la explicación de que los narcotraficantes tienen mayor poder de fuego, cosa que desde hace tiempo lo saben hasta los niños. Por ello resulta increíble que los aumentos en el presupuesto de seguridad no parezcan reflejarse en un armamento adecuado para enfrentar a los sicarios del crimen organizado.

Los delincuentes de la droga disponen de misiles, bazucas y fusiles Barret, calibre 50 milímetros, con un alcance de tres kilómetros, en tanto que nuestra policía está dotada con una menor capacidad de fuego.

El secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño Terrazo, deplora las muertes, pero dice que es el precio que hay que pagar por esta guerra. Sin embargo, esos costos no serían tan altos si la policía estuviera tal vez mejor armada, mejor entrenada, mejor pagada, responsabilidades del gobierno.

Tal como están las cosas, nuestros policías son literalmente puestos en una disyuntiva cruel: mueren en servicio o desertan. El número de agentes y militares que han abandonado el servicio o, peor aún, se han pasado a las filas criminales asciende a decenas de miles.

En el intento de ganar una de las zonas donde se desarrolla esta guerra, el espacio mediático, el procurador general de la República dice: “Estamos ganando esta guerra, aunque no lo parezca”.

Sí, hay que dar la pelea con las armas pero sin olvidar que ese no es el único frente —propio además de estos asesinos— para derrotar al narcotráfico. http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/40609.html

Replantear la estrategia. Ayer-martes-un día muy triste en la lucha contra el narcotráfico. En un solo enfrentamiento, en Culiacán, Sinaloa, los asesinos a sueldo de las mafias dieron muerte a por lo menos siete heroicos policías federales y dejaron heridos a cuatro. Por el lado de la banda criminal hubo un muerto y dos sospechosos fueron apresados.

Nunca las fuerzas federales de seguridad habían recibido un golpe de tal magnitud, que ocurre a menos de tres semanas del asesinato de Édgar Millán, coordinador de Seguridad Pública, abatido después de la muerte de otros mandos federales, el 1 de mayo.

En el Consejo de Seguridad Nacional se debe analizar cuidadosamente no sólo el trágico balance mensual del enfrentamiento armado entre policías y malhechores, sino la urgente necesidad de replantear la estrategia del combate al tráfico de drogas.

La acción de la fuerza pública es indispensable, pero ya es hora de admitir que por sí sola no basta para ganar esta guerra. Mientras la trágica cuenta parece perder sentido, nuestros “aliados” estadounidenses regatean los apoyos de la Iniciativa Mérida, que ya bajaron de 500 a 350 millones de dólares, en equipo, aeronaves y cursos de capacitación.

México aporta unas 20 veces más, en dinero, y todos los muertos.

Son combatidos los sicarios que pelean por las plazas de la droga y algunos capos llegan a la cárcel; sin embargo, no se actúa con igual energía contra quienes manejan las redes financieras del blanqueo de dinero ni contra las cadenas de corrupción que en las entidades policiales y los sistemas judiciales y penales favorecen a los delincuentes.

Menos se ejerce acción alguna contra quienes desde el poder público y económico protegen indudablemente a los magnates del tráfico criminal de estupefacientes, armas y personas.

Es hora de ir al fondo del problema, que no es sólo de México, sino también, y principalmente, de Estados Unidos. Apenas la semana pasada, George Inkadosian, proveedor de armas para los cárteles mexicanos de la droga, fue liberado en Phoenix, Arizona, con una fianza de 75 mil dólares para enfrentar un juicio por fraude, lavado de dinero y asistencia a una organización criminal, que son precisamente los puntos vulnerables para atacar el narcotráfico.

El 90% de las armas que llegan a los narcotraficantes mexicanos procede de Estados Unidos y entra por Nogales, El Paso y Yuma, pero son invisibles para unas autoridades estadounidenses muy ocupadas en perseguir indocumentados. No hay otra forma de derrotar al crimen organizado.
http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/40601.html

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por RODERICK GUZMAN M 29.05.08 | 20:22

    Un panorama espeluznante nos presentas hoy, Efrén. Esta filtración de antisociales en las fuerzas del orden público, este desgaste de la civilidad amenazan la estabilidad de cualquier país, no solo en México; creo que también por estos lados se nos muestran un escenario similar. ¿Qué se impone entonces? Transformación de las legislaciones, dureza, acciones implacables?

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