Al ejercitarte, el cerebro libera endorfinas que dan al cuerpo una sensación de felicidad como el que dan ciertas drogas
Para nadie es un secreto que lo de la toma de las tribunas de ambas cámaras del congreso de la unión, así con minúsculas lo tienen, muestra una doble intención con un solo propósito: hacer circo para atraer a la gente con el pretexto de la “lucha” por defender el petróleo y distraer la atención sobre el recuento del voto para elegir sucesor en el PRD y con ello mantener el control de los millonarios recursos públicos que el IFE le asigna a ese partido, con el fin de consolidar, ooootraa veeeez, la posible candidatura presidencial de López Obrador.
Así que, para relajar un poco el espíritu y la mente, a continuación se reproduce un avanzado estudio científico sobre el deporte de correr y no es alusión a nadie en particular(mi estimado Rene sdelap).
Deporte del que ahora se afirma, al ejercitarte, el cerebro libera endorfinas que dan al cuerpo una sensación de felicidad como el que dan ciertas drogas.Se da pues el paso a Gina Kolata, quien el día de hoy en periódico The New York Times, publica este artículo:
Correr te hará feliz.-
El corredor se droga”: todos los atletas han oído hablar de ello, la mayoría parece creer que sí es cierto, y muchos dicen que lo han experimentado. Sin embargo, durante años, los científicos se han reservado su opinión, pues ninguna prueba rigurosa había confirmado el fenómeno.
Sí, algunas personas reportaban que se sentían tan bien cuando hacían ejercicio que parecía que habían ingerido alguna droga para alterar el estado de ánimo. Sin embargo, ¿esa sensación era real o sólo una ilusión? Y, aun si hubiese sido real, ¿qué se suponía que era esa sensación y qué la causaba?
Algunos que dijeron haber experimentado un sentimiento de júbilo al correr, explicaron que era algo poco común. Podían sentirse relajados o tranquilos después de hacer ejercicio, pero sólo en ocasiones se sentían eufóricos. ¿La tranquilidad en sí misma era estar drogado?
Con frecuencia, quienes dijeron haber experimentado una euforia intensa reportaron que se presentaba después de una actividad de resistencia. Mi amiga Marian Westley dijo que se sintió jubilosa al final de un maratón, sentimiento que estuvo acompañado por cambios de emociones, al grado que el hecho de ver un cachorro tuvo el poder de hacerla llorar.
Otros dijeron que experimentaron esa sensación cuando se presionaron casi al grado del colapso al hacer un esfuerzo intenso y poco prolongado, como correr cinco kilómetros.
La hipótesis de que los corredores se drogan plantea que el ejercicio tiene efectos bioquímicos reales en el cerebro. Se liberan sustancias químicas que pueden cambiar el estado de ánimo de un atleta, y esas son las endorfinas, los opiáceos que el cerebro produce en forma natural. Correr no es la única forma de experimentar esa sensación; también puede ocurrir con ejercicios de mayor intensidad o de resistencia.
El problema con la hipótesis radicaba en que no era factible hacer una punción lumbar antes y después de que alguien hiciera ejercicio, para buscar un flujo de endorfinas en el cerebro.
Los investigadores las podían detectar en el torrente sanguíneo de la gente después de correr, pero eran parte de la respuesta de tensión del cuerpo y no podían llegar al cerebro desde la sangre. No eran responsables de elevar el estado de ánimo. Así es que durante más de 30 años, la hipótesis de que los corredores se drogan permaneció sin demostrarse.
Sin embargo, ahora, la tecnología médica ya alcanzó el conocimiento del ejercicio, investigadores en Alemania, usando avances en la neurología, reportan en la revista Cerebral Cortex que la creencia popular es cierta: correr sí produce un flujo de endorfinas en el cerebro.
Se las asocia con los cambios en el estado de ánimo, y, entre más las bombee el cuerpo de un corredor, mayor el efecto.
Para los atletas, la investigación proporciona una especie de reivindicación en cuanto a que ese sentimiento de júbilo no es sólo una excusa cuando dicen sentirse bien después de ejercitarse muy duro. Muestran que es posible definir y medir ese sentimiento y que debería ser posible dilucidar qué lo produce. Incluso, ofrecen esperanza para quienes no disfrutan el ejercicio, pero de todas formas lo hacen. Estas personas podrían aprender técnicas para producir una sensación que haga que ejercitarse sea adictivo en forma positiva.
El principal investigador del nuevo estudio, el doctor Henning Boecker de la Universidad de Bonn, dijo que se le ocurrió la idea de poner a prueba la hipótesis de las endorfinas cuando se dio cuenta de que los métodos que usaban él y otros científicos para estudiar el dolor se podían aplicar directamente.
La idea era usar tomografías por emisión de positrones (TEP) para comparar el cerebro de los corredores antes y después de una carrera larga. Si mostraban que se producían endorfinas, que se adherían a áreas del cerebro implicadas en el estado de ánimo, ello sería evidencia directa de la hipótesis de las endorfinas.
Y, si los corredores, a los que no se les dijo lo que se estaba buscando, también reportaban cambios de ánimo cuya intensidad se correlacionara con la cantidad de endorfinas producidas, sería otro argumento para la proposición Boecker y sus colegas reclutaron diez corredores de distancia y les dijeron que estudiaban receptores opiáceos en el cerebro.
Sin embargo, los corredores no se dieron cuenta de que los investigadores estaban estudiando la liberación de endorfinas y el sentimiento de júbilo del corredor. Se les hicieron TEP a los atletas antes y después de carreras de dos horas. También hicieron una prueba sicológica estándar que indicó su estado de ánimo antes y después de correr.
Los datos mostraron que, en efecto, se produjeron endorfinas durante la carrera y se adherían a áreas del cerebro asociadas con las emociones, en particular las límbica y prefrontal.
Las áreas límbica y prefrontal, dijo Boecker, se activan cuando la gente sostiene relaciones amorosas románticas o, dijo, “cuando se escucha música que provoca una sensación de euforia, como el Concierto para piano Núm. 3 de Rachmaninoff”. Entre más euforia reportaron los corredores, había más endorfinas en su cerebro. “Algunas personas tienen estas experiencias realmente extremas con un entrenamiento prolongado o intensivo”, dijo Boecker, un corredor y ciclista aficionado, quien se siente relajado y con la mente más clara después de correr.
En una investigación de seguimiento, Boecker está investigando si correr afecta la percepción del dolor. “Hay estudios que muestran una mayor tolerancia al dolor en los corredores. Se les tiene que dar un estímulo del dolor más fuerte para que digan: ‘Está bien, esto duele”’.
Y, explicó, hay historias de corredores que padecieron fracturas de fatiga, incluso ataques cardíacos, y siguieron corriendo.
Boecker y sus colegas reclutaron a 20 maratonistas y un número parecido de no atletas y están investigando la percepción del dolor después de correr y si hay cambios relacionados en los escaneos del cerebro. También hace que los sujetos caminen para ver si los efectos, si hay, se deben a la intensidad del ejercicio.
Los que no son atletas pueden ayudar los investigadores a evaluar si gente sin entrenamiento experimenta los mismos efectos. Quizás una razón por la que a algunas personas les encanta el ejercicio intenso y a otras no, sea que unas responden con un sentimiento de júbilo o cambio en la percepción del dolor. Con información y texto de Gina Kolata The New York Times, reproducido el 13 de abril de 2008 en el periódico Excelsior: http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/
temadeldia_nacional/correr_te_hara_feliz/188451. www.exonline.com.mx
Miércoles, 30 de mayo
Efrén Mayorga
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
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Guillermo Roz
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